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TUMACO: fútbol y violencia

foto: kienyke.com
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TUMACO: fútbol y violencia.  De Alonso Alcíbar y de Max Iván Torres nunca se volvió a saber nada. Los dos fueron figuras del fútbol colombiano. Se llenaron de goles, de fama y militaron en varios equipos profesionales. En Tumaco, quienes los conocieron y los vieron crecer dicen en voz baja que desaparecieron, otros dicen que se esfumaron, otros dicen que los mataron. El caso es un misterio y nadie sabe a ciencia cierta que fue lo que sucedió.

La “perla” del Pacífico, como se conoce a Tumaco es una de las fábricas más importantes de futbolistas que tiene Colombia. De ahí no solo salieron Pablo Armero y Víctor Ibarbo, quienes hicieron parte de la selección que participó en Brasil 2014. También se recuerda a Willington Ortiz, Carlos Enrique “la gambeta” Estrada, Jairo Castillo y Víctor Bonilla, entre otros referentes importantes.

Hace más de 10 años la situación en el puerto comenzó a cambiar.  A la pobreza que siempre se ha paseado por las calles tumaqueñas se le sumó la guerra y el narcotráfico. Juntos hicieron un cóctel que terminó por sumir a Tumaco en la más dura crisis social. En medio de esta maraña, el fútbol se convirtió en una manera de sobrevivir al conflicto y una opción de vida digna para centenares de jóvenes que sueñan con ser profesionales de la pelota.

Sin embargo no todas las gambetas a la violencia han terminado en gol. La pelota no escapó a esta situación y se dice que los casos de Alcíbar y Torres son solo dos de los muchos que han ocurrido. Al parecer su desaparición está relacionada con hechos bastante oscuros de los que nadie quiere hablar.

Uno de los profesores de fútbol, quien por obvias razones pidió reserva de su nombre, nos contó que lamentablemente hoy en día son muchas las sombras que persiguen a sus pupilos. De pronto aparece gente en las canchas que les ofrece dinero, ropa de marca, motocicletas y les promete llevarlos a un equipo profesional. Muchos caen en la tentación dada la precaria situación que viven. Más adelante la ilusión de llegar a un gran equipo se desvanece y terminan enrolados en actividades ilícitas con desenlaces que en la mayoría de los casos son fatales. Otras veces el brillo del oro termina por obnubilar a los pelaos. Hay muchos que debutan y apenas cogen un billete se enloquecen y terminan perdiéndose.

Es el cara y cruz del fútbol. Unas de cal y otras de arena. Por eso el éxito deportivo alcanzado por Armero e Ibarbo resonó en todas las calles del puerto sobre todo en los barrios “bajos” donde crecen la mayoría de futbolistas. Ellos son el símbolo de que las cosas si pueden funcionar y de que no todo está perdido. Por eso jóvenes como Mauricio Cuero, a quien se le incendió su casa cuando tenía 12 años y superó todas las dificultades para terminar jugando en Rumania, son el referente y el ejemplo a seguir.

Y, finalmente, por eso Tumaco es un símbolo de resistencia frente a la guerra y el fútbol una de sus herramientas para la sobrevivencia, aunque algunos quieran utilizarlo como herramienta para la violencia. Mañana se jugará otro partido en la playa del “bajito”, o en la ciudadela o en la Texaco o en el Domingo Tumaco González o en cualquier peladero donde se patea un balón en nombre de la paz porque el fútbol también resiste.

Por Manuel Ruiz P.

loscampeones.com.co