La lotería tradicional: renovarse o morir

La lotería tradicional. Mientras que en algunos países como China o Japón los juegos de azar están completamente prohibidos, en otras naciones el juego forma parte de la cultura del país. En Europa, por ejemplo, las apuestas en carreras de caballos eran el mayor entretenimiento de la aristocracia y la alta sociedad burguesa del siglo XIX y principios del XX. No es de extrañar entonces que las principales capitales europeas dispongan de un gran hipódromo donde realizar esta actividad para el disfrute de las masas.

De hecho, la arquitectura de una ciudad puede decirte mucho de la relación del país con los juegos de azar. Incluso los países más prohibitivos como la nación nipona disponen de espacios reservados a este sector que se han convertido en locales emblemáticos de su cultura. Las pequeñas salas de máquinas de Pachinko que resuenan por las callejuelas de Tokio son una muestra de ello.

La lotería tradicional

En occidente el ejemplo más representativo sería la lotería. La mayoría de las ciudades están repletas de templetes, quioscos y pequeños locales dedicados únicamente a la venta de boletos. Y si no, forman parte de la oferta de establecimientos de venta de prensa, dulces o tabaco. Porque al contrario que en otros lugares del mundo, en Latinoamérica el servicio de lotería no sólo no está prohibido, sino que está respaldado por el Estado quien posee incluso empresas dedicadas a su venta.

La lotería es, por tanto, todo un negocio tradicional que forma parte del día a día de la sociedad latinoamericana. Los vendedores ambulantes de boletos son tan comunes como los que venden comida callejera. Tanto es así que la venta de lotería se ha convertido en una de las pocas formas de ganarse la vida de miles de colombianos en riesgo de exclusión social.

Los servicios de loterías se popularizaron en occidente y en especial en los países latinos influenciados por el modelo español. En España los servicios de lotería bajo titularidad estatal se remontan a tiempos del rey Carlos III allá por el 1978, aunque no fue hasta 1811 cuando se fundó la Real Lotería Nacional de España. Fue creada con afán recaudatorio para aumentar las arcas de una hacienda especialmente dañada tras la guerra de independencia contra Francia.

En Colombia la lotería también nació con fines recaudatorios. En 1922 se jugó por primera vez en Antioquía la denominada Lotería de Beneficencia y Asistencia Pública cuyo fin era el de obtener fondos para el mantenimiento de vías y carreteras. Los resultados fueron satisfactorios, por lo que en 1936 se funda la Lotería Medellín, Beneficencia y Carretera al Mar. Sus fondos se destinaron a construir las infraestructuras que hicieron posible la construcción de una vía al mar. Para 1954 el sistema se había probado suficientemente lucrativo como para fundar una Beneficencia de Antioquía. La lotería pasó a llamarse simplemente Lotería de Medellín (nombre que ha perdurado hasta la actualidad) y sus beneficios se empezaron a destinar únicamente a labores de acción social.

La lotería no tardó en instaurarse en la cultura local colombiana. Jugar números es una tradición tan arraigada en el imaginario colombiano que incluso aquellos que emigran a otros países como Estados Unidos o España frecuentan las bodegas latinas en búsqueda de productos de su patria y para jugar a sus loterías de toda la vida.

Es una pena que durante los últimos años este servicio con tantísimos años de historia y que tanto bien ha hecho a el desarrollo del país esté perdiendo popularidad entre los más jóvenes. El casino online y otros juegos de azar están monopolizando un mercado que ha cambiado mucho desde las coronas europeas crearan sus reales instituciones de juego.

Los nuevos operadores de juego online compiten encarnizadamente entre ellos ofreciendo bonos de inicio difíciles de resistir para los nuevos jugadores, llegando a ofrecer bonos por valor de cientos de dólares o euros. Puedes ver más ofertas aquí para darte cuenta de que los juegos de azar gestionados por las empresas estatales deben esforzarse por adaptarse a las estrategias contemporáneas.

Es una cuestión de renovarse o morir. O al menos morir en el intento. El juego presencial en general, ya sea público o privado, lotería o casino, lleva años perdiendo terreno ante el imparable crecimiento del negocio en línea. Y es una situación desafortunada, porque significa que poco a poco toda la estructura montada alrededor de esta industria se irá virtualizando, llevándose por el camino a muchas personas que viven del juego como los vendedores de boletos ambulantes, los taquilleros o los trabajadores de las salas de juego.

De cualquier forma, cuando un trabajo empieza a extinguirse, otro equivalente y adaptado a los nuevos tiempos emerge. Dónde había loteros en el pasado puede que haya programadores de aplicaciones de juegos de azar en el futuro. Lo importante es que las entidades estatales sepan analizar el mercado y no se dejen fagocitar por las multinacionales privadas que han venido para revolucionar la situación del sector. A fin de cuentas, que el dinero del juego caiga en las arcas públicas de forma directa beneficia a los intereses de los ciudadanos en el largo plazo.