La historia no contada de las casas de 200 años que están ubicadas en el Río Blanco de Pasto

La historia no contada de las casas de 200 años que están ubicadas en el Río Blanco de Pasto  

Todos los sectores de Pasto tienen una historia que contar, algunos desconocen sus leyendas, el origen de sus nombres o quienes fueron los fundadores. A veces, hasta los propios habitantes olvidan el origen de las edificaciones en las cuales viven. Ese es el caso del barrio Río Blanco, que se conoce por la mayoría de ciudadanos y autoridades como la ‘Gallinacera’, un sector vulnerable que hace parte de la memoria histórica, cultural y arquitectónica de Pasto.

Para conocer más de Río Blanco, www.narino.info, llegó hasta el barrio y habló con el líder César Vargas y Armando Mosquera quienes contaron sobre las primeras viviendas de tapia que se construyeron en este sector hace más de dos siglos y en cuyas estructuras todavía viven varias familias.

“Aquí hay unas casas que llevan más de 200 años de ser construidas, eso quiere decir que nuestro sector es uno de los primeros que fue formando la ciudad de Pasto, pero ha sido olvidado por las administraciones”, dice Vargas.

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Esta casa fue construida hace dos siglos, tiene dos pisos y 14 habitaciones. A pesar de los años se conserva casi intacta.

Armando Mosquera Torres, propietario de uno de estos inmuebles,  aseguró que vive en el sector más de 60 años, y es poco lo que recuerda de sus abuelos quienes ya habitaban la antigua casa de dos pisos de 14 habitaciones, una edificación de tapia que tiene paredes de más de 70 centímetros.

“Mi papá murió a los 74 años y mi madre a los 50, me dejaron esta casa como herencia y aquí vivo, mis hermanos vendieron sus partes y se fueron. Tenía miedo a que me la vayan a tumbar porque llegaron a decir que iban a trazar una vía, eso me puso enfermo varios días, de ejecutar el proyecto me dejaban sin mi casa, pero desde semanas atrás se ha escuchado que ya no van hacer la carretera”, dijo el propietario.

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Para construir la casa, a los padres de Mosquera les costó mucho esfuerzo porque la madera con la cual se construyó fue traída a lomo de  caballo de los municipios de La Florida y Nariño. Mosquera señala que él no tiene hijos ni mujer  y que la casa la dejará como herencia a uno de sus arrendatarios que lo acompañe hasta el último día de su vida. “A mis 63 años, ya casi no puedo hacer nada, vivo de las ayudas que me dan del adulto mayor,  del pago de los arrendatarios y también de una hermana que me viene a visitar”.

Un vecino de don Armando que vive hace aproximadamente 35 años, señala que Rioblanco lleva ese nombre por una quebrada que pasaba junto a las viviendas,  y que tenía un agua cristalina que era utilizada por mujeres y hombres para lavar ropa o para el consumo doméstico. Pero que con el pasar del tiempo el agua se fue contaminando y tuvieron que canalizarla, para evitar inundaciones y enfermedades en la comunidad.

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El nombre de Gallinacera, según Cesar Vargas, proviene de la cantidad de gallinazos que se paraban a las orillas de la quebrada que fue contaminada por la cantidad de basuras que lanzaban los nuevos habitantes de los barrios de la Comuna Diez.

Pese a tener viviendas antiguas, las alcaldías de turno nunca le han puesto el ojo, porque siguen en las mismas condiciones y hasta peores. “Cada 4 años el sector es nombrado en medios de comunicación por los políticos quienes los arreglan, lo pavimentan, pero nada de eso se ha cumplido, incluso ni si quiera fuimos beneficiarios del proyecto de las viviendas gratis”.

“Cuando llegue al sector, esto era bonito, las casas bien pintadas y adornadas, incluso aquí había un potrero que lo utilizaban personas de otros municipios que llegaban en sus caballos a traer sus remesas”, recuerda el habitante.

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Indicó además, “de las viviendas conozco que han sido varios los propietarios, una de ellas dio techo a 4 generaciones, solo hay que hacer cuentas con el último y actual dueño que tiene 63 años”.

Estas viviendas tienen más de 200 años y guardan historias de la ciudad. Son construcciones antiguas que tienen paredes de más de 70 centímetros de grosor.

Según Vargas, el sector se transformó totalmente, porque en sus años de soltería nuca pasaba nada, salía y entraba a cualquier hora del día o la noche, “es difícil que el barrio vuelva a esas épocas buenas”.

Pero afirma que se siente tranquilo y seguro de vivir en su casa de tapia, porque resistido todos los sismos que han pasado desde su construcción, las estructuras aún permanecen intactas.

Finalmente, Vargas señaló que el barrio debería volver a los buenos tiempos con la ayuda de los gobiernos municipales y departamentales para rescatar las casas antiguas como lo hacen en otras ciudades y países en donde muchas de esas estructuras son centros turísticos.