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La carroza de Bolívar o la expiación de Sañudo

VICENTE PEREZ SILVA, HEREDERO MORAL DE JOSÉ RAFAEL SAÑUDO, CON EL AUTOR DEL ARTÍCULO Y OTROS INTELECTUALES NARIÑENSES.
VICENTE PÉREZ SILVA, HEREDERO MORAL DE JOSÉ RAFAEL SAÑUDO, CON EL AUTOR DEL ARTÍCULO Y OTROS INTELECTUALES NARIÑENSES.

La carroza de Bolívar o la expiación de  Sañudo. “El doctor José Rafael Sañudo nació en Pasto el 24 de octubre de 1872 y murió en la misma ciudad el 4 de abril de 1943. Humanista cabal, filósofo, historiador, jurisperito, matemático, educador, académico, en 60 años de estudio y de tesonero ejercicio logró ponerse a la vanguardia de los valores intelectuales nariñenses, de honda proyección, además, en el panorama patrio…”, “…Ninguna palabra calificaría tan bien al doctor José Rafael sañudo como su propio apellido. Es hombre, como escritor, que no tolera desviaciones de la ley moral y arremete contra los infractores en forma airada y persistente, sin tomar resuello, congestionado el rostro, apretados los dientes, los ojos llenos de sangre. No se conforma con el primer ataque. No le importan los ayes de las víctimas, como obedeciendo a una consigna, como cumpliendo ciegamente el deber que le hubiera señalado un código absoluto, ministro de una fe sin matices y sin transigencia, se embriaga con su propia saña. Es como el ángel exterminador de los réprobos o como el que en lo alto no lleva cuenta sino de las malas acciones…”.  Ninguna descripción podría dar mejor cuenta de la personalidad de José Rafael Sañudo, de su carácter sobrio, serio, profundo y vindicativo. Un hombre que conocía su real valor y que poco o nada le interesaba el decir de los mediocres intelectuales de su época y que, por esa raras coincidencias, se ensañaron contra su obra al punto de ignorarla o censurarla.  Tras la aparición de su obra “Estudios sobre la vida de Bolívar” en octubre de 1925, como respuesta a los anatemas de Bolívar contra los pastenses pues en el año de 1825 este expresa en una misiva a Santander que “los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando aquel país a una colonia militar. De otro modo, Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos, aunque demasiado merecidos”. Merecidos o no Colombia sí se acordó de los “pastusos” y vaya de qué manera pues sus Estudios  hicieron temblar hasta en sus cimientos los sentimientos Bolivarianos que recorrían América entera.

En consecuencia la reacción de las elites intelectuales y académicas de Colombia y de gran parte de América fueron lógicas al ver como su ídolo tambalea al extremo de no quedar de él sino pavesas y fragmentos de heroicidad, se acusa a Sañudo de panfletario, incendiario, calumniador, terco e impertinente.  Pero él se mantiene firme y enhiesto ante la imposibilidad de ser refutado; esto hace que se lo ataque impíamente y que se le condene a un ostracismo académico, hecho a toda luz imposible pues en 1928 da a conocer su monumental obra “Filosofía del Derecho,” considerándoselo en Roma, “fuente suprema de tan severa disciplina”, como “uno de los más grandes filósofos suramericanos”. Lo cierto es que su obra es objeto de persecución, su nombre borrado de las elites intelectuales y su obra sumariada y procesada en los índices de la infamia.  Valerosa la actitud de Sañudo para publicar en los comienzos del siglo pasado una obra que iba en contravía de la oficialidad histórica y que promovía una nueva y renovada mirada a los acontecimientos de la independencia nacional.

 Ya hemos comentado como uno de sus herederos morales, Vicente Pérez Silva, prefirió renunciar al honor de pertenecer a la Academia Colombiana de Historia tras la negativa de ésta de permitirle disertar sobre la obra de Sañudo como requisito previo.  A Sañudo no se lo podía siquiera nombrar  en los ámbitos históricos e intelectuales, pues su sola mención era objeto de burlas y chascarrillos de quienes negándose a un estudio profundo y serio de su obra se limitaban o circunscribían simple y llanamente a acatar las órdenes de los guardianes de la oficialidad histórica de Colombia.   Sañudo “uno de los  más grandes filósofos suramericanos…” proscrito en su propia patria.

 Irónicamente la obra de Evelio Rosero, de ascendencia nariñense, educado y formado en Pasto, “La carroza de Bolívar”, retoma la posición de Sañudo hasta lograr una historia novelada que recrea los sucesos de la independencia; diría más bien que novela a Sañudo pormenorizadamente, que sigue sus pasos poco ortodoxos hasta lograr una historia amena y bien trabajada literariamente.  Pero, es, sin duda alguna, la pluma de Sañudo quien hace gala de presencia en cada una de sus páginas.  Y digo irónicamente por cuanto desde la aparición de esta novela los críticos literarios la catalogan como magistral y sobresaliente.  A ninguno se le viene a la memoria  Sañudo y sus incriminaciones contra Bolívar, a nadie se le ocurre hurgar en los anaqueles de la historia y se procede a concederle los laureles que en realidad merece.  Son varios y muchos los apuntes tomados de Sañudo, escritos entre paréntesis o entre comillas y nadie pone reparos y, por el contrario, se afanan en coronar sus sienes con premios y merecimientos.

 Y sus triunfos no son otra cosa que una expiación, así sea tardía, del nombre de Sañudo y su obra, la superación de anatemas contra un hombre preclaro que cometió la osadía de hurgar la historia y revolverla para sacar de entre sus escondrijos la imagen real de un héroe mitificado y petrificado.  Sañudo gana así una batalla contra la historia y contra los prejuicios de un continente empeñado en sostener la imagen falsa y fraudulenta de  un Bolívar erigido con mentiras y falsedades.

 Le corresponde ahora a los nariñenses, concretamente a la asamblea departamental y concejo municipal de Pasto, realizar los correspondientes reconocimientos a Evelio Rosero y José Rafael Sañudo. Al primero de ellos mediante decretos de honores y al segundo mediante la reimpresión de sus obras “Estudios sobre la vida de Bolívar” y “Filosofía del Derecho”. Ya veremos quien dice esta mano es mía y hace cumplir los dictámenes de su pueblo –y de la historia-.

Por Pablo Emilio Obando Acosta

peobando@gmail.com