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Fútbol para la paz

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Fútbol para la paz. Puedo decir que el fútbol genera lo que el gobierno no ha podido hacer con toda su maquinaria, me refiero a unir y movilizar a grandes masas, reunir a familiares, amigos y desconocidos.

El fútbol, se juegue o no, es una alternativa para olvidarnos de todo lo malo y recordar que somos colombianos, pero sobretodo que tenemos prácticas, encuentros, tristezas y alegrías compartidas que perfectamente, se pueden aprovechar para construir paz en nuestras regiones.

Hablar de Fútbol y paz significa hablar de una metodología de intervención en las comunidades, especialmente en conflicto, pues el juego de este deporte, es una herramienta que permite trabajar la convivencia, la inclusión, la compresión y el reconocimiento de la alteridad.

Esta metodología debería estar acompañada por procesos educativos y comunicativos arraigados en valores, culturas y prácticas locales, propias de los territorios, evitando la imposición de plantillas metodológicas que, la mayoría de veces, surgen en las ciudades y de expertos que desdibujan la realidad; es decir, sería una metodología participativa que apunte al reconocimiento, la legitimación y el empoderamiento de las comunidades.

La metodología del futbol para la paz, debería estar arraigada en tres ejes: el territorio, la cultura y la comunicación, en donde el lugar, entendido como la construcción e interpretación de sentidos de y para la vida, determina el éxito o el fracaso de la paz y la misma metodología. Para ello, se debe empezar a deslegitimar la tradición metodológica que ha reinado en las académicas y en los procesos mal llamados para el desarrollo, pues no necesitamos desarrollo, sino trabajar para la vida, para el bien común. Recordemos que el desarrollo es un concepto que surge cuando Cristóbal Colon se halló a Abya-Yala y ha sido junto con el concepto de “progreso” una forma para marcar diferencias y sometimientos.

Los ejes de Cultura y Territorio: implicarían iniciar un proceso para ‘desaprehender’ aquello que se nos ha enseñado que es simple, inútil o que no tiene valor para nuestras vidas, pues allí está nuestro origen y la clave para el reconocimiento del Otro, la convivencia y la inclusión. Debemos empezar a valor nuestra cultura, honrar a los campesinos, indígenas, afros, mestizos, a los escritores y poetas de nuestras veredas, barrios o comunidades.  El fútbol podría articular estas prácticas urgentes mediante la integración y convivencia; sería un ‘partido’ para y por una construcción de relaciones pacíficas para la paz.

El eje de Comunicación: la tarea estaría en desaprender este concepto, la mayoría lo rebajamos a un mero proceso de transmitir información, lo relacionamos con la radio, prensa, televisión e internet, pero no comprendemos que va más allá del contacto o encuentro cara a cara, pues implica establecer equidad, solidaridad, verdad, compresión, cultura, educación, inclusión, participación, humanización. El fútbol es comunicación que permite una equidad comunicativa al momento de poner en común lo que sentimos.

Debemos luchar para que en el territorio se empiece a promover una comunicación real donde el fin último sean las personas y el bienestar que los mensajes producen en ellas, y no al revés, cuando utilizamos los medios para convencer y manipular, y engañamos a nuestros interlocutores.

En este sentido, el fútbol para la paz, está inmerso en un sinfín de posibilidades arraigadas en la cultura, el territorio y la comunicación como ejes de empoderamiento desde la diversidad de lugares, espacios y comunidades, lo único complicado es qué tanto estamos dispuestos y preparados para hacer de este deporte un juego para la vida y la paz.

Por Pedro Nel Burgos Hernández

@pburgosh