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En el departamento caminan un montón de pinochos


Luego de las fatales elecciones del pasado 9 de marzo, en las redes sociales se ha publicado una serie de almuerzos, cenas, desayunos y hasta misas en acción de gracias realizadas por los mismos senadores o representantes a la Cámara, reelectos para otros cuatro años. No se podría decir nuevos.
Mi preocupación que se convierte en reflexión está centrada en cómo la comunicación jugo un papel inverso a su objetivo social. Esta vez, estuvo centrada en perfeccionar y convencer a los demás de una propuesta política, en su mayoría mala, mediante una estrategia de manipulación, en su mayoría buena, para seducir y maquillar escenarios y prácticas fuera de la realidad.
Varias de las personas encargadas de la comunicación de los políticos tuvieron que ocultar aquello que distorsionaba la imagen «pulcra» del candidato, para ello, omitieron o pagaron a los medios para que no se difundiera este tipo de información. Un proceso cobarde de mentira ejercido desde lugares de enunciación mediáticos con el propósito de generar confusión. En palabras copiadas del Papa Francisco: “a la gente la empobrecen (informativamente) para que luego voten por quienes la hundieron en la pobreza”. ¿Cuántos estrategas de la comunicación, ayudaron a entorpecer y empobrecer a los nariñenses? La comida, personalmente, me sabría ácida y no podría con el sentimiento de culpa. 
Es una pena, que la comunicación sólo se utilice para fines de este tipo y no se impulsen procesos de comunicación que permitan informar a los demás para salir, en tiempos electorales, de esta pobreza causada por una información sesgada y oscura. 
No queda más que asumir que la comunicación puede ser mentirosa y utilizarse para hundir a los pobres. También no negamos que en el departamento caminan, a la espera de los puestos, un montón de pinochos.