El Carnaval de Negros y Blancos: La voz contestaría del pueblo nariñense

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El Carnaval de Negros y Blancos: La voz contestaría del pueblo nariñense. 

El Carnaval es poema, es un poema visual

remembranza de la historia y su cultura regional

Canción “Alegría del Carnaval” del autor y compositor nariñense Juan Caicedo.

En su conocido tono humorístico, las comediantes Tola y Maruja en su presentación sobre la “Historia de Colombia contada en chiste”, afirman que los pastusos le debemos a Antonio Nariño el haber logrado un puesto en los conocidos chistes pastusos. En buena parte por esto, cuando se vive fuera de Nariño por más de una década, no deja de sorprender los imaginarios de nuestros compatriotas sobres los nariñenes. Claro, la más rápida referencia de las tierras sureñas es el Carnaval de Negros y Blancos, además del cuy, el volcán Galeras y la fama de buenos trabajadores. Estas alusiones no son suficientes para evadir la mirada sospechosa que confirme a simple vista que los nariñenses no somos tan raros como la gente cree.

En la construcción de la Nación colombina en el siglo XIX, los pastusos siempre fueron identificados como los opositores, en palabras de Bolívar: malditos, demonios, infames, malvados, infelices, desgraciados. Estas atribuciones no eran gratuitas, se derivaron del vigor y la tozudez con que la gente de la región sostuvo la fidelidad a la monarquía y aplacaron o eliminaron al que fuera representante de la independencia, inclusive asesinando a sus líderes como Caicedo y Cuero en 1812 o capturando y enviando a prisión a Cádiz (España) a Antonio Nariño en 1814. Quien según Tola y Maruja, se salvó del fusilamiento por la negociación en los chistes nacionales.

A pesar de la integración a la nación del hoy departamento de Nariño, frecuentemente sus habitantes somos tratados con una dosis de estigmatización e inferioridad. Se mantiene un campo de lucha simbólico, donde se impone una visión hegemónica de país. Las diferencias culturales y los rasgos o rezagos indígenas son tachados de atrasados, lentos y brutos.

Los comportamientos rebeldes y contestatarios de los pastusos crearon en el resto del país la imagen de un pueblo diferente, difícil, conflictivo y lejano. Según Armando Montenegro, con el tiempo se abonaría el terreno propicio para las burlas y el chiste hostil. El pasado insurrecto pastuso y su atraso, se ponen a flote en los chistes, como palabras burlonas recordatorias de la deuda con el país.[1]

Con la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el Carnaval de Negros y Blancos abrió las puertas al mundo. El aumento de connacionales y extranjeros que llegan al departamento en las fechas del Carnaval y la invasión de marcas y propagandas comerciales, que parecieran ser siamesas a sus eventos, son desde el punto de vista económico, factores que contribuyen a las finanzas de la región, que históricamente arrastra uno de los mayores índices de desempleo, por encima del nacional.[2] Por supuesto, esta comercialización además del riesgo de convertir al Carnaval en un simple negocio, tiene otras implicaciones, entre ellas la interacción con otras identidades y la afirmación de la propia.

Pero, ¿Qué diferencia al Carnaval de Negros y Blancos de otros carnavales nacionales? ¿En dónde está la identidad nariñense? Desde mi punto de vista la “marca” nariñense del Carnaval de Negros y Blancos es su espíritu crítico, libertario, rebelde y valiente que los nariñenes llevamos en las venas, que hemos cultivado a lo largo de la historia y que nos ha dado la fuerza para contrarrestar las estigmatizaciones y exclusiones de diferente índole. Este espíritu se hace presente en los disfraces, las comparsas, la música, los Años Viejos, las Carrozas… donde la irreverencia y el sarcasmo son las jugadas maestras que gritan justicia y respeto por las víctimas del conflicto armado, por las personas desaparecidas de nuestra región, por las agresiones a nuestro territorio, por la descarada corrupción política local, por la falta de compromiso del gobierno nacional y así mismo, exalta nuestra historia tejida de raíces indígenas y afro, la dedicación al trabajo, la importancia de la familia, el amor al Deportivo Pasto, la religiosidad popular… e incluye además temáticas de interés nacional e internacional con ese mismo espíritu.

La esencia del Carnaval de Negros y Blancos debe mantener la identidad sureña combativa y valiente que enfrentó el hambre de expansión de Bolívar, la perdida de los resguardos indígenas, la desolación y la desesperanza por la caída de las pirámides, el exacerbado machismo, la influencia de un católico-cristianismo conservador y sumiso y el quiebre a los chistes pastusos para no ser siempre los perdedores. Si se extingue esa chispa, estaremos cediendo nuestra identidad cultural, la oportunidad de ser nosotros mismos y de seguir entregando al mundo no solo nuestro Carnaval, sino nuestro espíritu y nuestro ser contestario que tanta falta hace en la historia colombiana.

¡Que viva Pasto carajo, con orgullo de identidad nariñense!

Por Sandra Liliana Caicedo Terán

[1] Montenegro, A. (2002). Una Historia en contravía: Pasto y Colombia. Bogotá: El Malpensante.

[2] https://www.signiumcolombia.com/algunas-cifras-sobre-el-desempleo-en-colombia-y-sus-ciudades-mayo-del-2013/, https://www.elempleo.com/colombia/noticias_laborales/ibaguno-es-la-ciudad-con-mayor-desempleo-en-colombia—————————————————————————————————/6587721