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EL ANDAR DE LOS CHASQUIS. Algo de historia de la fotografía en Nariño

Foto: Foto: Teófilo Mera, fotógrafo ipialeño.
Foto: Foto: Teófilo Mera, fotógrafo ipialeño.

Ramírez Fernández (1873), R. Pérez e hijo (1880), José Francisco Zarama (1890), Benjamín Rivadeneira (1895), M. Carrasquilla (1895), Benjamín Guerrero, Jorge López Álvarez, Francisco Gómez Hernández, Francisco Benavides, Ramón Diago Ponce, Francisco Zarama, M.M. Navarrete, Ángel Onofre y nuestro Teófilo Mera, son algunos de los nombres que nos retrotraen a la historia de la fotografía en Nariño, en un periplo que arranca en 1870, es decir treinta años después de que se registren los primeros trabajos con daguerrotipo en Francia(1839) y casi que al mismo tiempo en Bogotá (1843).

            Sin embargo, deben existir fotografías más antiguas, toda vez que por el puerto de Tumaco o por el Ecuador nos llegaban los adelantos de un mundo que buscaba ser moderno, en un marasmo desarrollista que, bien que mal, también nos aportó elementos fundamentales para reconocernos en nuestra propia identidad, como el libro o la fotografía. En mi haber conservo fotografías de mis ancestros registradas en Ipiales a finales del siglo XIX,  y por tradición oral, al calor de la tulpa de las viejas casonas ipialeñas, se que los fotógrafos llegaban de Guayaquil y Quito, para luego pasar a Pasto y Popayán. Entonces la visita del fotógrafo se equiparaba a la llegada de un Obispo o de un Gobernador. Las estancias se decoraban especialmente para recibir al ilustre huésped, y los anfitriones vestían entonces las mejores galas, y hacían el carmico ejercicio de posar por muchos minutos para quedar registrados en el grueso papel que, con magia, era posteriormente revelado por el fotógrafo. Entonces se esperaba con un encanto sobrenatural que se entregue la pieza fotográfica, que con una calidad en el papel y en los químicos, ha hecho que perduren ya por más de cien años. Estas primeras fotografías recogen primeros planos de familias, de personalidades de la vida pública, así como paisajes de nuestro territorio. Nada se muestra de la vida doméstica y de la cotidianidad de la ciudad, mucho menos del trabajo de los campesinos o de los obreros, son espacios que fueron desconocidos en este primer periodo de la fotografía.

            Hay bellas fotografías que muestran cómo era nuestra Tebaida, la Plaza Boyacá, hoy Plaza de la Independencia o 20 de Julio, las construcciones de la Basílica de las Lajas, la Catedral o San Felipe;  y quien creyera, el poeta Bustos fue uno de los primeros reporteros gráficos que dio a conocer nuestro pueblo por fuera de las fronteras patrias, hay un registro en el Almanaque Hispanoamericano de la Casa Maucci de Barcelona, donde aparece una fotografía de la antigua Plaza Boyacá, y al pie anota “Colaboración del poeta colombiano Florentino Bustos E.”, fechada en 1914.

            Sin embargo, es fundamental reconocer el papel que Teófilo Mera desempeña dentro de la historia de la fotografía en el sur de Colombia. Es una persona enigmática en el buen sentido del término. De credo protestante, ejerció su actividad cultural y comercial en tierra donde la cotidianidad estaba transida por la virgen de Las Lajas, inclusive muchas de sus fotografías registran el avance en la construcción de la ermita. Inició sus actividades con el prototipo del viejo fotógrafo de oficio, pero con el tiempo, incursionó en la estética, y muchas de sus piezas son consideradas verdaderas obras de arte. Posó la lente no sólo para las familias pudientes, sino que registró la cotidianidad del pueblo ipialeño, sus calles, sus artistas, sus parques, pero también la indigencia, la pobreza; y de los templos, a los talleres y a los artesanos.

            Desde los años 60 para acá, es decir en 50 años, la fotografía en Ipiales, como en todos los lugares, se popularizó y se hizo parte de nuestra cotidianidad. Era normal en nuestra niñez ver en los parques a los Foto Agüita, que eran el deleite de los enamorados que los enmarcaba entre corazones y palomas. Ir a las lajas y no posar para el fotógrafo era como no entrar al templo. Entonces la fotografía fue realmente un oficio y muchos fueron los talleres, como Foto Jurado, Foto Montenegro, Foto Rolex, entre muchos otros.

            La experiencia fotográfica de Los Chasquis es otra. Es decir hay una aceptación del oficio de fotógrafo transido por la estética. Su expectación busca encontrar en el camino el espacio, el paisaje, el rostro, el objeto, entonces lo cotidiano se vuelve pieza artística. Asumiendo su papel, el Chasqui no es nada sin el camino, mejor dicho, son también el camino, y el testigo es su arte plasmado en la fotografía, por eso la muestra que hoy se presenta se recoge desde la urdimbre de nuestro Sur, representado bellamente en el Kinde, y los canastos rebosantes de los ojos del alma, los umbrales de luz y los arados de la memoria. No queda sino agradecer su presencia amigos, hermanos, y recordarles que el Sur está también donde estamos nosotros, por que no es un recuerdo o la nostalgia de lo dejado voluntariamente, nuestro Sur está en nuestras pupilas, marca nuestro horizonte….y hoy amigos Chasquis, ustedes extienden ese recorrido del Chinchaysuyo, para reiterarnos nuestro origen y nuestra esencia.

Por: J. Mauricio Chaves Bustos