¿Dónde y cuándo dejaste de ser navidad?

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¿Dónde y cuándo dejaste de ser navidad? En el trabajo estaba apresurado y eufórico. Aún no había comprado los regalos para celebrar la navidad. Algunos de mis compañeros de la oficina, habían adelantado esta responsabilidad. Otros, estaban igual o peor que yo; todavía no les pagaban. “¿Navidad sin plata?” decía uno de ello desesperado.

Eran las cinco de la tarde. Por la ventana, miraba un mar de personas que caminaban apresuradas y con desesperación. Unas llevaban de la mano a sus hijos; parecía que los llevaban arrastrados del afán.  Otras molestas por la incomodidad gritaban a sus esposas, madres, hijos, esposos. Hasta por celular se gritaban.

El reloj marcó las seis de la tarde. Por fín! Se acabó esta jornada estresante, pero apenas empezaba la jornada para comprar los regalos de noche buena. Los juguetes para los niños; los  detalles para mi esposa, mis padres, mis hermanos, mis amigos, mis tíos que llegaron de visita.

Pase por los almacenes de los paisas, estaban a reventar. En bombona estaba peor. Decidí ir al Éxito, recordé que en la mañana anunciaron, por la radio, buenos descuentos. Eran las siete y media.

Las filas eran inmensas. Mares completos de personas eufóricas, estresadas y enojadas. En varias ocasiones miré a padres gritándose y echándose la culpa por no haber comprado antes. En medio de esa discusión sus hijos pequeños lloraban a gritos.

Esta situación la observé más de cinco veces, durante los 50 minutos que permanecí dando vueltas entre los estantes para poder comprar unos juguetes a mis hijos. Mientras esperaba por más de una hora para pagar, reflexioné y me pregunté, ¿Dónde y cuándo dejaste de ser navidad? Llegue a las siguientes reflexiones, muy personales por cierto:

La navidad dejo de ser un encuentro y una época para los niños. No la hemos apoderado los adultos. Contrario, pocos regalos serían suficientes y ofreceríamos más tiempo a nuestros hijos, les diéramos más cariño y evitaríamos los gritos, el estrés y las rabias.

Dejaste de ser navidad cuando, en vez de generar espacios de esperanza, convivencia y reflexión provocamos el consumismo y la pérdida del sentido de noche buena que tiene la navidad.

Hemos sido tan mediocres y permeables que ya no sabemos si llega papa Noel o el niño Dios. Nuestros hijos preguntan ¿y este regalo quien lo trajo, papa Noel o el Niño Dios?

Ahora, el 24 de diciembre es para los adultos, pues no hacemos faltar licores para embriagarnos y amanecer descuadrados y con guayabos eternos, que nos obligan el 25 a buscar levantamuertos, y en se devenir olvidamos que nuestros hijos hubieran querido despertar alegres y hablar del regalo que recibieron la noche anterior.