Esta historia hecha en stop motion por el grupo argentino Canticuénticos, invita a los niños a no guardar aquellos secretos que hacen mal.

“Hay secretos chiquititos que te invitan a jugar y hay secretos tan enormes que te vienen a asustar…”. Así empieza Hay Secretos, una canción compuesta por Ruth Hillar, una de las 11 integrante de Canticuénticos, un grupo de música infantil de Santa Fé, Argentina, que fue declarado de interés cultural por el Senado de la Nación por su “trayectoria y valioso aporte al cancionero infantil nacional y latinoamericano”.

Hay Secretos es una historia hecha en stop motion que habla acerca de los secretos, aquellos que precisamente son buenos y chiquititos, y otros que son tan grandes que no deberían ser guardados por los niños.

A lo largo de los años, Canticuénticos ha hecho un aporte importante con composiciones propias basadas en ritmos argentinos y latinoamericanos, con el fin de vincular a los niños con su patrimonio cultural.

“Queremos mostrarles a los chicos cuánta riqueza hay en nuestros ritmos folklóricos, porque nos dan identidad, porque hablan como nosotros hablamos, nos divierten y nos emocionan al modo nuestro.

Y son un tesoro que queremos poner al alcance de los más chicos, para que lo conozcan y lo lleven toda la vida con ellos”, dicen los integrantes de Canticuénticos.

Además del aporte musical, Canticuénticos ofrece a padres y educadores una herramienta muy valiosa. Esta historia de los secretos es el mejor ejemplo de ello.
“No se tienen que guardar, los secretos que hacen mal”… Esa es la premisa de una canción que busca que los niños comuniquen aquellas cosas que los incomoda, principalmente las situaciones que pueden ser catalogadas como abuso.

De una forma simple y llamativa, la canción también le explica a los niños que si las palabras no alcanzan, se puede inventar otro idioma que les permita ser escuchados siempre. “Quiero ayudarte”, “sé que dices la verdad”, “no tengas miedos”, “te voy a cuidar”, son alguna de las frases de la canción que apuntan a que los niños tengan un espacio de comunicación seguro.

En tan solo 3 minutos, padres y profesores pueden convertir este “canticuento” en un recurso pedagógico necesario, en una manera simple de abordar un tema que no es sencillo, en un instrumento para fortalecer lazos de comunicación y de esta forma, minimizar los riesgos a los que muchas veces se enfrentan los niños por no tener las herramientas que necesitan para hablar.