En Pasto, a principios del siglo XIX, la iglesia católica fue la primera en advertir el peligro de las doctrinas liberales, la institución religiosa poseedora de un conocimiento universal y de los postulados que los nuevos tiempos comportaban temía el desmoronamiento de su imperio, la institución religiosa alertó a sus seguidores acerca de lo maléfico y dañino para la sociedad los aportes de la doctrina liberal.

Junto a la iglesia, la nobleza heredera del tradicionalismo, la acompañó en sus propósitos de combatir todo lo que estuviera en contra de la moral cristiana, de los principios religiosos, de la escolástica, del evangelio y de la extendida creencia de que la autoridad viene de Dios.

Por su parte, los criollos y la élite intelectual adoptaron la ideología liberal, la reprodujeron en la Nueva Granada y enriquecidos con estas novedosas y “revolucionarias” ideas plantearon la independencia de España para constituir en vez de la monarquía, la república, Pasto, no aceptó la propuesta independizante ni abandonó sus viejas creencias, costumbres, tradiciones e ideologías acendradas en la conciencia y en el espíritu.

Los acontecimientos ocurridos en España sorprendieron a los pueblos de las colonias americanas. Desde el mes de septiembre de 1809 iniciaron las preocupaciones de los pastusos pues recibieron la información de los acontecimientos de la Península, esto es, la prisión de Fernando VII y la invasión de España. “debemos estar dispuestos -dijeron- a concurrir a la defensa que debemos prestar por preceptos del mismo Dios, de la religión, de nuestros monarcas y de la Patria”.[1] En octubre, Pasto publicó una declaración de guerra a Francia, que decía: “Fernando VII, Rey de España y de las Indias y en su nombre, Pasto declaramos la guerra a Napoleón y a Francia mientras esté bajo su dominación”.[2]

En Quito, desde el 10 de agosto de 1809 se había constituido la Junta Gubernativa Central, depusieron al presidente Conde Ruiz de Castilla y nombraron en su reemplazo al Márquez de Selva Alegre Juan Pío Montufar con el título de “Alteza Serenísima”. En Pasto causó estupor la noticia de los actos acaecidos en Quito y rápidamente le informaron al gobernador Sr. Miguel Tacón, residente en Popayán ya que, las “Provincias del Sur” y Pasto pertenecían administrativamente a esta gobernación.

El Márquez de Selva Alegre, en nombre de la Junta Central envió una comunicación al Cabildo de Pasto diciéndole, entre otras cosas, lo siguiente que: “al encontrarse España subyugada se sentían temerosos de ser entregados a la inicua dominación francesa”, y que el pueblo, después de haberse congregado, había elegido una junta para que gobernase en nombre de Fernando VII, mientras S. M recupera la península. La junta invitó al Cabildo de Pasto a reconocerla y a unirse a Quito en su decisión de independizarse de España.

El Cabildo de Pasto reaccionó de inmediato y desde el principio fijó una posición radical, la nobleza, la iglesia, y el Teniente del gobernador se expresaron así: “Hemos encontrado con horror la formación de otra junta en la ciudad de Quito, cuyo presidente pretende seducir la fidelidad notoria y perpetua de este noble cuerpo y sus ciudadanos que con la más sumisa deferencia han jurado solemnemente el vasallaje a su soberano y suprema junta”.[3]

Calificaron a la junta “malvada” e “infame” y a los quiteños de “traidores” y, enfáticamente contestaron “no lo conseguirán a menos de derramar la última gota de sangre en defensa de la religión, del rey, de sus legítimas potestades y de la madre patria”.[4] CONTINUARA [1] Archivo Municipal de Pasto, libro capitular, año 1808, F 148. [2] Ibídem, F. 148

[3] Extracto del oficio del Marqués de Selva Alegre, enviado desde Quito al Cabildo de Pasto, Agosto de 1809, Archivo Histórico Nacional de Madrid, (A.H.N.M) Sección Consejos, leg. 21674, Cuaderno 1, of. 1, F.2 [4] Ibídem, F.2