Cuando estalla la independencia y se pretende constituir la nación-estado bajo el modelo republicano de unidad, irrumpe la protesta de algunas regiones que, como Pasto, deseaba mantenerse en el contexto de un modelo orientado bajo la tutela de la monarquía. El modelo monárquico entró en choque con el modelo republicano que se abría paso en Europa como corolario del triunfo de la revolución francesa, es decir, dos frentes políticos entraron en fuerte contradicción, lo que equivale a manifestar que la tradición se enfrentó a la modernidad.

La tradición o conservadurismo y liberalismo como se catalogaban estas posturas ideológicas y filosóficas tenían su propio discurso, el primero-conservadurismo- condenaba lo “moderno”, rechazaba el utilitarismo porque esta filosofía pragmática planteaba que la mayor felicidad del ser humano estaba aquí, en la tierra, por eso, la iglesia perseguía estas tesis por ser, a juicio de la entidad eclesiástica, “terrenales” y “sensuales”. Para la iglesia, la felicidad sólo se alcanzaba en el más allá, este discurso tenía su referente esencial en la doctrina cristiana-humanista de claro origen escolástico propio de una sociedad señorial-patriarcal como la de Pasto, a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

La tradición defendía la educación centrada en la teología considerada ésta como “ciencia madre”, la pedagogía era profundamente católica apoyada por el método aristotélico, en cambio, la modernidad afincada en la doctrina liberal era partidaria de una educación laica y libre, asistida por una pedagogía más liberal destinada a formar valores ciudadanos y no “almas para el cielo”. Este tipo de educación afianzaba sus estudios e investigaciones en el método experimental, o sea, en el método cartesiano que separó al sujeto del objeto, al cuerpo del alma. Ya no era la fe la que guiaba los actos humanos sino la razón y la experiencia, ya no era Dios el centro de referencia sino la persona humana, pues el concepto de Dios entró en serio cuestionamiento, éstos y otros principios que la modernidad y la filosofía liberal introdujeron, provocó, como ocurrió en Pasto, un severo rechazo a estas ideas que según el modo de pensar del pueblo pastuso eran “impías”, “irreligiosas”, y “ateas”.

El surgimiento de nuevas instituciones, paradigmas y concepciones, develaron un mundo más moderno. Al respecto se afirma: “El mundo se caracteriza por el triunfo de los intereses laicos sobre la visión religiosa, por el surgimiento de una ética política intramundana, por el descubrimiento del hombre como sujeto histórico, por el desarrollo de las ciencias de la naturaleza y el interés por el conocimiento del mundo y por la aparición de una pintura más realista y no simbólica”[1]. CONTINUARA [1] Burckhardt, Jacob. La cultura del renacimiento en Italia. Cit. Por Melo, Jorge Orlando. En. Colombia el despertar de la modernidad. Santafé de Bogotá, Edic. Foro Nacional por Colombia, 1994,p. 225.