El Partido Venezuela vs. Colombia por las eliminatorias ¿un partido de alto riesgo político?

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Por: Juan Pablo Villota Villarreal

Los grandes medios colombianos han dedicado los últimos meses, las primeras planas y los grandes titulares a narrar a su manera la situación social, política y económica del país vecino, Venezuela.

Para muchas audiencias críticas, el despliegue informativo ha sido excesivo por una parte y por otra sesgado. Aunque pareciera que la inmensa mayoría de los colombianos y colombianas no lo considera de esta manera.

Excesivo porque la situación que vive el país suramericano puede ser neurálgica por muchas situaciones pero nosotros tenemos nuestras propias preocupaciones que atender; temas como la campeante corrupción que ya superó las “justas proporciones” propuestas por el entonces Presidente Julio Cesar Turbay son un verdadero pecado social que clama justicia a la tierra y al cielo – si es que tanto la tierra escucha como el cielo existe-; la lenta y enredada implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC; el deficiente estado del sistema de salud pública; el incremento de los cultivos de uso ilícito y la creciente violencia cotidiana, ya serían temas suficientes para analizar a mayor profundidad por parte de los medios colombianos.

“Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar”. (F. Savater).

Sesgado porque es evidente encontrar narrativas “anti-maduro” o en contra del modelo político que trata de implementar el Chavismo en Venezuela; no es que estemos de acuerdo o no con el mismo, pero lo mínimo que les podemos pedir a los medios es ser plurales y permitir que las partes puedan brindar sus versiones y sean las audiencias las que tomen su postura.

El pensador contemporáneo Fernando Savater afirma que: “Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar” aludiendo a la necesidad de generar pensamiento crítico y este caso la imperiosa obligación de formar audiencias críticas.

Un pensamiento y unas audiencias críticas que contribuyan a analizar y solucionar problemas del entorno que le afectan como ciudadanos. Es toda una estrategia formativa y comunicacional, en donde los medios y comunicadores pueden contribuir a discutir el cómo y el por qué de cada noticia y evento sobre el cual se informa.

Una estrategia que enseñe a los ciudadanos a pensar por sí mismos, en lugar de creer ingenuamente todo lo que ven, sin importar la fuente de la información.

Pero mientras ello sucede, esperaremos, muy acomodados en nuestra butaca a que eventos meramente deportivos como un encuentro de fútbol entre dos selecciones nacionales, conformadas por jugadores que por lo menos del lado colombiano no han querido o no les ha interesado el panorama nacional, los involucremos en una batalla política en la cual no queremos comprar asiento.

O acaso alguien escuchó alguna referencia de figuras de la selección apoyando el proceso de paz durante el plebiscito pasado; ninguna figura del deporte lo hizo, a excepción de la decisión valiente y animosa del ciclista Nairo Quintana; los futbolistas colombianos que se sienten orgullosos de vestir la tricolor nacional -y de recibir los dividendos económicos y de popularidad que ellos les deriva- ni se inmutaron sobre el tema.

“La guerra es la paz, la Libertad es la esclavitud, la Ignorancia es la fuerza”. (G. Orwell).

¿Pero eso le importa a alguien? Los medios ni lo analizan porque el fútbol, como la nueva versión moderna del Circo Romano, no se toca porque entretiene como su principal función; quien lo haga se ve abocado a un sinnúmero de ataques de un inconsciente colectivo al cual los medios han contribuido a adiestrar para entender que lo que sucede en Venezuela o la clasificación al Mundial de Rusia 2018 es más vital que lograr que los recursos públicos sean para el bien común y no para unos cuantos avivatos que se disfrazan de políticos para literalmente robarle al pueblo el derecho a una vida digna.

Ahora nos quieren meter la idea que el juego de este jueves es de alta complejidad por el horizonte político; hasta donde se sabe quién ha terminado inmiscuido en los asuntos venezolanos ha sido el Gobierno y los grandes medios colombianos y poco o nada de hostil tendría un partido de fútbol entre dos selecciones, la una prácticamente eliminada del certamen mundial y la otra llena de jugadores en donde el amor a la patria es tan grande como el tamaño del balón que patean.

Es tal nuestro “fervor nacional” que la separación de James Rodríguez es más importante y dolorosa que la muerte de niños, no solo en La Guajira ¡Por Dios!, sino en cualquier sitio de Colombia, así el jugador se pueda consolar con su pírrico sueldo de 1 millón de pesos por minuto y quien denoste de él es un apátrida, un envidioso o un resentido social porque así nos han ayudado a “instruirnos” los medios colombianos en la mejor versión del Ministerio de la Verdad del mundo orwelliano que nos ha enseñado que: “La guerra es la paz, la Libertad es la esclavitud, la Ignorancia es la fuerza”.

Apostilla: Mientras en Colombia el fútbol es el deporte más popular, no el que más glorias le ha dado al país, en Venezuela sus deportes favoritos son el beisbol, el baloncesto y el futbol de salón del cual tienen una liga más organizada que en Colombia. Y mientras acá ninguna selección en cualquier categoría ha alcanzado un título importante a nivel orbital, la “cenicienta” del fútbol suramericano llegó en este año a ser subcampeona del mundial sub 20 celebrado en Corea del Sur, siendo derrotada sólo en la final y por estrecho marcador por Inglaterra. Así de grande es el absurdo panorama político-futbolístico que vivimos en Colombia.