Por Jorge Cabrera

A propósito de las elecciones atípicas, para elegir alcalde en el puerto de Tumaco, quiero plantear algunas observaciones que sin tratar de aguar el significado positivo de las mismas merecen tenerse en cuenta.

En un territorio dominado centenariamente por la corrupción politiquera de todos los pelambres, esta oportunidad debe aprovecharse para que desde un principio, quien salió elegido como alcalde con el aval del Movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia, y que contó con el respaldo de sectores democráticos y de izquierda, pero también de la derecha de Cambio Radical y otros de non sancta reputación , debe ser sometido al más estricto control político por parte de la ciudadanía para hacerle cumplir las propuestas planteadas en el programa de gobierno, sobre todo con aquellas que tienen que ver con el apoyo decidido a la construcción de la paz en ese golpeado municipio costero.

La tragedia que en lo social y político atraviesan los hermanos tumaqueños y en general los habitantes de la costa pacífica es compleja, pero la misma debe ser motivo para movilizar a la población y ciudadanía organizada, para encontrar salidas con alto ingrediente comunitario y participativo.

Los cantos de sirena que se pueden generar a partir de la elección de un dirigente de características distintas a los que han gobernado en la Perla del Pacífico, pueden ser engañosos, si no se acompañan con la sinfonía de las organizaciones sociales y progresistas que día tras día, buscan alternativas de poder y que han sido excluidas permanentemente.