¿Por qué la Batalla de Boyacá es la mal llamada batalla de independencia de Colombia?

Por Enrique Herrera Enríquez.

Cada 7 de agosto, de acuerdo a la historia oficial, el pueblo colombiano celebra y conmemora la denominada Batalla de la independencia de nuestro país, situación que hoy bajo la óptica del conocimiento y la razón no es como nos han hecho creer y vamos a entregar a ustedes, una serie de interesantes documentos que argumentan el planteamiento en referencia, quedando a su disposición el criterio que a bien considere a este interesante respecto.

Como antecedente previo a los acontecimientos del 7 de agosto de 1819 en predios del Puente de Boyacá, consideramos importante escudriñar los sucesos que dieron pie para los hechos históricos del Pantano de Vargas, para nosotros de mayor importancia que los de Boyacá, bien lo dice el historiador José María Quijano Otero en la introducción que hace del libro “Recuerdos Históricos de la Guerra de la independencia” del general Manuel Antonio López, personaje que tuvo activa protagónica participación en los relatos que describe. “Pero yo no acierto a explicar –dice Quijano Otero- lo que se siente al presenciar con la vista del alma la formidable carga en que Rondón y Carvajal decidían la Batalla de Pantano de Vargas, y menos lo que se experimenta al contemplar a Rook empuñando, a guisa de bandera, el brazo que le acaban de amputar, para dar ante sus heroicos compañeros el mismo el grito de ¡Viva la Patria! con tres días después, al darle sepultura, se despedía el ejército de los libres del valeroso legionario británico, que había cruzado los mares para luchar en pro de nuestra emancipación, y para hallar tumba gloriosa”.

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El propio general republicano Manuel Antonio López, refiere así los acontecimientos del 25 de julio en el Pantano de Vargas: “El combate duró hasta que se oscureció, sostenido con una tenacidad y encarecimiento de que no hay idea. El enemigo perdió entre muertos y heridos como 500 hombres, dejando en nuestro poder algunos prisioneros, fusiles, lanzas, cajas de munición, cajas de guerra, cornetas y estandartes del regimiento de Granada, sin poder calcular el número de sus dispersos. Nosotros perdimos ciento, entre ellos el valiente coronel Rook, murió de la amputación de un brazo, al teniente Mateo Franco, con dos Jefes y tres oficiales heridos…”

José Manuel Restrepo, el historiador de cabecera del general Simón Bolívar, registra de la manera siguiente los sucesos históricos del Pantano de Vargas: ”Así como los patriotas como los realistas tuvieron pérdidas considerables en muertos y heridos. Rondón y Carvajal se distinguieron en aquel día sobre todos los oficiales patriotas, y las compañías británicas se cubrieron de gloria en esta primera vez que combatían a la vista del Libertador. Los españoles quedaron aterrados por el valor de los llaneros, que les habían arrebatado una victoria que parecía segura. Desde aquel día las tropas reales perdieron toda su confianza, y se pudo vaticinar cuál sería el éxito final de la campaña…”

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El teniente coronel Alberto Lozano Cleves, en su libro “Así se hizo la independencia”, dice respecto a la del Pantano de Vargas: “El combate duró todo el día. El ejército realista fue desalojado de todos los puntos que ocupaba y si su destrucción no fue total se debió a la aproximación de la noche y a la lluvia torrencial que caía, lo que obligó al ejército patriota a suspender el ataque.

Las pérdidas de los españoles, entre muertos y heridos, ascendieron a 500 hombres, y la de los patriotas, a unos 140 combatientes.

En esta sangrienta y reñida batalla perdieron la vida oficiales de gran mérito y esperanza para la patria. El coronel Rook recibió una herida en el codo izquierdo que le rompió la articulación desflorándole el hueso y como el afán de la batalla impidió la amputación oportuna, cuando ésta se hizo al día siguiente, fue tarde. Vino la gangrena y con ella la muerte del valeroso ingles que con tanto entusiasmo había abrazado la causa de la emancipación americana.

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El ejército realista regresó a sus primitivas posiciones sensiblemente quebrantado por la derrota. El ejército patriota acampó en las tierras de Bonza y Duitama.

Por la documentación que se ha analizado respecto a importancia bélica del 25 de julio de 1819 sobre el Pantano de Vargas, se concluye que indiscutiblemente trazó el porvenir de los acontecimientos del 7 de agosto en los predios del puente de Boyacá cuando las fuerzas realistas estaban prácticamente en retirada en tanto las republicanas recibían permanentemente nuevos recursos y personal para la guerra, no en vano José Manuel Restrepo dice: “Teniendo Bolívar a su favor la opinión de los pueblos, sabia hasta los menores movimientos de las tropas reales por que había establecido completamente el espionaje…Diez llaneros se creían capaces, después de la del Pantano de Vargas, de acometer a cien soldados de Barreiro y de obtener siempre ventajas, a pesar de la disciplina y de la moral que este jefe había inspirado a sus tropas…”, en tal razón continuemos con el análisis de los acontecimientos del 7 de agosto de 1819 en los campos de Boyacá.

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El historiador José Rafael Sañudo, ha estudiado muy bien y de manera muy pormenorizada, los acontecimientos del 7 de agosto de 1819 en la mal llamada Batalla de Boyacá, por tal motivo leamos que nos dice al respecto: “Cuando supo Barreiro, que estaba cortado con Santafé, marchó por Samacá a pasar por el puente de Boyacá, por conservar su comunicación con el Virrey; por la cual Bolívar fue en pos, y el 7 de agosto, día sábado, le sorprendió a las dos de la tarde; y a las tres, el ejército realista estaba derrotado, teniendo como 108 muertos y otros tantos heridos. Según el parte dado por Soublette “el 8, quedaron prisioneros 1600; “apenas se han salvado 50 hombres, entre ellos algunos jefes y oficiales de caballería que huyeron antes de decidirse la acción”; de modo que no consta a ese ejército, ni de dos mil hombres. Los impedientes tuvieron seis batallones, en el combate, 13 muertos y 53 heridos. No narraré los detalles de este hecho de armas –dice Sañudo- porque son conocidos los relatos de Restrepo y otros historiadores; solo contaré que en El Tiempo, diario de Bogotá, se publicó el de un testigo presencial, del cual se deduce que los realistas llegaron al puente de Boyacá, y seguros ya, por los informes que habían tenido en Motavita, de que estaban adelante del ejército de Bolívar, juzgando probablemente que los patriotas demoraban en Tunja, y que no tenían por qué temer un combate, se dispusieron a racionar el ejército con las reses que habían cogido en el camino; pues por lo menos hacia dos días que la mayor parte del ejército sufría de hambre. El ejército patriota llegó como a las dos de la tarde, poco más o menos”; y que Anzoategui los atacó de frente, mientras Santander, dio sobre ellos por la espalda. Añade: “la batalla duró poco menos de dos horas y los muertos no pasaron de sesenta, contándose entre ellos nueve mujeres, por que como estaban racionando la tropa, ellas estaban entre el ejército, y la batalla principió por una sorpresa”; y que “cuando el Libertador y los que le acompañaban, llegaron al lugar del combate, que serían las cuatro de la tarde, ya estaba decidido”. José María Espinosa en sus Memorias de un Abanderado, escribe: “Sabido es que Boyacá…no fue una batalla de grandes proporciones, ni de larga duración”; que todo convence que solo fue un asalto; sin embargo después de ella, cuenta a mentirosamente Bolívar a Zea; “Un jefe experto al frente de un ejército de cuatro o cinco mil hombres, es lo primero que se me presenta en el campo de batalla. Yo trabajo con actividad en el arreglo de su economía interior de Nueva Granada, y las bellas disposiciones de estos pueblos, en donde apenas se cuenta un enemigo, me hacen presentir que el poder de los tiranos quedará confundido en la nada”.

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Dice Joaquín Paris: “El hecho en si, según la opinión de algunos escritores militares, tácticamente considerado no fue más que un incidente, ya por su corta duración, ya por la manera rápida e irregular como se sucedieron las diferentes fases de su desarrollo”.

En proclama fechada en Pamplona el 2 de noviembre de 1819, decía Bolívar, mintiendo una vez al exagerar el conflicto “300 soldados libertadores, han arrancado a más de 30 tiranos, la más bella porción del continente americano”.

Boyacá, como consecuencia de los acontecimientos del Pantano de Vargas, que por lo visto si fue un verdadero combate, una gran batalla, diferente al incidente como califica el general Paris a la de Boyacá, se destaca en el proceso de la independencia por el valor de Santander, que de acuerdo con el historiador José Manuel Restrepo, “era el que más trabajaba y testigos presenciales de la mayor respetabilidad aseguran que a él se debió en gran parte el feliz éxito de la campaña”. ¡Así no hubiera manchado su gloria-dice Sañudo- con el fusilamiento de un infeliz paisano y de treinta y nueve oficiales prisioneros, como el gallardo Barreiro, entre los que se contaban siete americanos, sin necesidad alguna, dado el republicanismo de los pueblos!

Para José Rafael Sañudo no descarta que el fusilamiento de Barreiro tuviese visos de celos de parte de Santander frente a Barreiro, por cuanto en Santafé de Bogotá era muy admirado por las damas tildándolo de Adonis por su porte y belleza varonil. Eusebio Borrero, el incendiario del Patia, y Zea que querían que fuese Santander su yerno, le aplaudieron su crueldad; y el mismo Bolivar, el 26 de agosto le dio las gracias por el hecho, sin perjuicio de censúraselo después, cuando enemigo. Además el bárbaro Páez, el 22 de enero de 1821 le escribe: “Yo jamás cesaré de darle enhorabuenas y congratularme con Usted, por esa valiosa ejecución de Barreiro y sus socios. Ojalá que mañana pudiera alegrarme de otro espectáculo igual”

Sea por lo repentino del caso, o sea porque los bogotanos se acordaran de la entrada de Bolívar a Santafé en 1815, es lo cierto, que allí se le recibió sin agasajo alguno. En 1815, Bolívar había entrado a sangre y fuego, dando inclusive 48 horas de asueto a sus ejércitos, hechos que no nos ha contado la historia oficial de nuestro país.

José Manuel Restrepo, en su Diario Político y Militar, en sus apuntes del 28 de agosto de 1819, dice: “La última batalla fue en Boyacá. El ejército real fue envuelto y rindió las armas; 1600 hombres quedaron prisioneros, entre ellos el general Barreiro y el coronel Jiménez. Todavía a ninguno había matado, y parece que todos los soldados se unieron al ejército independiente. El 10 de agosto entró Bolívar en Santafé, y antes los presos criminales de las cárceles cometieron muchos excesos matando a varios; solamente 25 hombres acompañaban a Bolívar”, corroborándose el planteamiento de Sañudo frente a la indiferencia de las gentes de Santafé respecto a los acontecimientos de Boyacá, de no ser así, Restrepo haría alarde de la recepción que se hiciera a Bolívar, su máximo ídolo.

El historiador José María Restrepo, denuncia para la historia, que en Santafé se recogió y envió “a Guayana sumas considerables de dinero para comprar armamento y municiones y para aliviar las necesidades de los patriotas que en Venezuela combaten por la independencia con inalterable firmeza y constancia. Un nuevo espíritu y nuevas esperanzas se infunden a los venezolanos con las noticias de los triunfos obtenidos en la Nueva Granada por sus compañeros de armas; ansían ya por que llegue el momento de marchar todos unidos contra las huestes españolas”.

Tan solo el 18 de septiembre de 1819, es decir un mes después de los acontecimientos de Boyacá, cuando se consolida el gobierno republicano sobre las provincias de Santafé, Tunja, Socorro, Pamplona, Neiva, Margarita, Antioquia, Chocó y una parte de la de Popayán, las autoridades de Santafé reconocen la importancia de Boyacá al decretar la creación de la cruz de honor con este nombre y establece la celebración del 7 de agosto como un aniversario de los acontecimientos en referencia.

Vemos, entonces, como no fue fácil entrar a reconocer a la batalla de Boyacá como tal si nos atenemos a la documentación que se ha presentado. Fue un incidente, como califica el general Joaquín Caicedo, personaje que por ser partícipe del acontecimiento tiene por qué decirlo. Si en verdad, de acuerdo a la documentación un grupo no mayor a los dos mil hombres hacían parte de las fuerzas realistas, algo más de cinco mil integraban los ejércitos republicanos, razón por la cual el combate era altamente desigual.

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