¿Por qué la plaza principal de Pasto lleva el nombre del General Antonio Nariño y no la de Agualongo?

La Historia de la Estatua del General Antonio Nariño en la plaza central de Pasto

La estatua se encuentra actualmente ubicada en el Parque Nariño, entre las Carreras 24 y 25 con calles 18 y 19. Según el Inventario bienes culturales – Alcaldía de Pasto – 2010, fue colocada en 1.911.

La finalidad de su colocación busca rememorar el día en «que Nariño hecho prisionero en Pasto salió al balcón y exclamó ante el pueblo que pide su cabeza «Aquí tenéis al General Nariño».

Según se publicó en la página de Cultura del municipio de Pasto «Con un gesto arrogante, el escultor quiso perpetuar la gallardía y valiente actitud del prisionero al presentarse en un balcón ante los Pastusos el 14 de mayo de 1814». En la inauguración estuvo presente el sacerdote Benjamín Belalcazar entonces rector de la Universidad de Nariño, el autor de esta obra es el maestro francés Enrique Leon Greber.
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Inauguración de la Plaza de Nariño

De acuerdo con Julian Bastidas Urresty, en un artículo publicado en narino.info titulado «Inauguración de la Plaza de Nariño«, En 1904 se creó el Departamento de Nariño, nombre al que se opuso el obispo Ezequiel Moreno Díaz que quería llamarlo “de la Inmaculada”. En 1910, para conmemorar un siglo la Independencia, el gobernador Eliseo Gómez Jurado, firmó el acuerdo departamental No. 19, ordenando “adquirir y transportar hasta Pasto la estatua en bronce del Prócer de la Independencia don Antonio Nariño; y levantar en la plaza principal de esta ciudad el pedestal sobre el cual debe colocarse la estatua”.

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El acuerdo 152 dice: “El día 20 expresado (de julio) tendrá lugar la inauguración solemne de la estatua del Prócer de la Independencia General don Antonio Nariño en el Parque Central que en lo sucesivo se llamará Parque de Nariño” (1). Desde entonces la plaza lleva el nombre de Nariño por el deseo, el sentir sincero y visionario de quienes conformaron, la junta departamental del centenario de la Independencia: Adolfo Gómez, José María Bucheli, Ángel María Guerrero, Nemesiano Rincón, José Rafael Sañudo, Daniel Zarama y José Rafael Zarama. Fueron ellos políticos, intelectuales e historiadores, los más ilustres en ese tiempo. Al llamarle de Nariño a la plaza escribieron noble historia, no de vencidos ni de vencedores, sino con la profunda emoción de celebrar cien años de Independencia, de haber acabado con el yugo español y el anhelo de estrechar lazos con la república de Colombia.

Foto: Julián Bastidas Urresty

El acuerdo 152 dice: “El día 20 expresado (de julio) tendrá lugar la inauguración solemne de la estatua del Prócer de la Independencia General don Antonio Nariño en el Parque Central que en lo sucesivo se llamará Parque de Nariño” (1). Desde entonces la plaza lleva el nombre de Nariño por el deseo, el sentir sincero y visionario de quienes conformaron, la junta departamental del centenario de la Independencia: Adolfo Gómez, José María Bucheli, Ángel María Guerrero, Nemesiano Rincón, José Rafael Sañudo, Daniel Zarama y José Rafael Zarama. Fueron ellos políticos, intelectuales e historiadores, los más ilustres en ese tiempo. Al llamarle de Nariño a la plaza escribieron noble historia, no de vencidos ni de vencedores, sino con la profunda emoción de celebrar cien años de Independencia, de haber acabado con el yugo español y el anhelo de estrechar lazos con la república de Colombia.

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De inmediato se inició la remodelación de la plaza que entonces se llamaba de la Constitución. Se empezó por retirar la vieja y destartalada “pila del mono”. El nuevo trazado es geométrico, de corte republicano, con jardines alrededor de un espacio central para colocar la estatua del héroe. Sin embargo, la estatua no llegó el día esperado pero ese día, se realizaron actos conmemorativos. Mientras llegaba la estatua se improvisó con un retrato: “A las 8 a.m. a los acordes elocuentes del Himno Nacional se izó en el Palacio de Gobierno el oriflama de la Patria; en seguida, en medio de una gran concurrencia se colocó el retrato del General Nariño sobre una columna en el mismo lugar donde se levantará su estatua” (2).

A la una de la tarde, en una tarima situada en la plaza, iniciaron los discursos. Ricardo Zarama, hizo un relato dramático de la lucha titánica entre los rivales y se refiere a Nariño: “preso antes que fugitivo, desde uno de los sitios que desde aquí miramos dijo a sus vencedores: Pastusos, aquí tenéis al General Nariño, y Pasto recogió el depósito y allí lo tiene fundido en bronce y próximo a colocarlos en estos mismos sitios que recogieron el acento de su voz para estímulo e inspiración de las generaciones del porvenir”.

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El ilustre sacerdote Benjamín Belalcázar, primer rector de la Universidad de Nariño, elogió al prócer colombiano que luchó por la Independencia, la libertad de expresión y el respeto de los derechos humanos: “Si, amados coterráneos, tratemos de imitar su alto ejemplo de acendrado patriotismo; y ornemos nuestras almas, siquiera sea, con un pálido reflejo de sus virtudes cívicas. Veneremos su memoria, porque él nos dio libertad y no libertinaje. Levantemos en nuestras plazas y en nuestras avenidas, imperecederos monumentos de gloria, porque él nos legó la Independencia (…) Y Pasto, en todo tiempo, te ha cerrado sus puertas, hoy las abre de par en par; y yo vengo en nombre de sus hijos y su nombre de mi raza a ceñir tu frente con la corona que tanto anheló tu corazón diamantino”. En la noche, el padre Belalcázar presentó su obra teatral “Nariño”, que fue bien acogida y aplaudida por el público.

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La estatua llegó en el año siguiente. Una fotografía tomada el 20 de julio de 1811 ilustra el histórico evento. En el centro se levanta la obra escultórica elaborada por el francés Enrique León Greber. Toda la plaza está rodeada de una reja en hierro de 320 metros lineales, traída de Francia. Es un día lluvioso, la vegetación ha crecido. Gentes de la burguesía, vestidos de etiqueta y con sombreros de copa, rodean la escultura. Luego está el pueblo de ruana y sombrero de iraca. Fue un día especial, todos muestran la satisfacción de rendir homenaje al gran hombre, con nobleza y gallardía, sin desfasados rencores (3).