¿Pastores o Chantajistas?

Pablo Emilio Obando/ peobando@gmail.com

El monopolio de la religión en Colombia por parte de la iglesia católica sufrió un duro revés en el año de 1991 cuando la Asamblea Nacional Constituyente establece que “la consagración de la libertad de conciencia representa uno de los aspectos fundamentales. Ello se complementa con el derecho de cada persona de profesar libremente su religión en forma individual y colectiva”, en consecuencia toda persona podrá ejercer libremente sus creencias religiosas sin que ello implique discriminación alguna por parte del Estado o de la sociedad.

En concordancia con este principio empiezan a exteriorizarse en Colombia diversos y numerosos pensamientos religiosos que agrupan adeptos o seguidores que consideran o creen que en ellas está la verdad. Fue un paso adelante que dimos como sociedad pues no era sensato ni apegado a la modernidad que un Estado como Colombia imponga una creencia religiosa o establezca un monopolio religioso desconociendo principios y doctrinas vigentes en otras latitudes y características de sociedades cultas y civilizadas.

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Para especialistas y tratadista como Manuel José Cepeda Espinosa: “La norma aprobada por la Asamblea garantiza a toda persona no solo el derecho a profesar libremente una religión sino a difundirla en forma individual o colectiva. Las personas pueden tener sus propias creencias religiosas, no tenerlas o modificarlas, y pueden divulgarlas de manera individual o en asociación con otros individuos, sin interferencia previa o posterior de las autoridades o de otras personas que profesen religiones diferentes”. Acorde a lo anteriormente expresado, en la Constitución Política de Colombia se establece en el Artículo 19: “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”. Como colombianos amantes de las libertades de expresión y asociación en todas sus manifestaciones expresamos en su debido momento nuestra complacencia por estas muestras de civilidad y cultura social. Aún seguimos considerando que este era un paso necesario para hacer real y viable el principio de pluriculturalidad que nos debía caracterizar, rompiendo de una vez por todas con viejas y absurdas creencias religiosas que se nos imponían desde las aulas escolares cercenándonos la posibilidad de elegir o tan solo manifestar una nueva forma de pensar o de creer en materia religiosa.

Pero lo que no podíamos concebir es la irrupción o aparición de una serie de charlatanes vestidos con el ropaje de una doctrina religiosa y que en aras de ella se especializan en esquilmar al pobre ciudadano que carente de una correcta educación religiosa es sometido a todo tipo de vejámenes y exfoliaciones. Conocemos de grupos que someten a sus adeptos a aportar mensualmente sumas exorbitantes so pretexto de desagradar a un supuesto dios que se complace con el dinero y aborrece a quienes no se someten a sus dictámenes inmisericordes y onerosos. En uno de ellos, a manera de ejemplo, se realiza una nueva interpretación bíblica y se decide subir la salvación del alma de un diez a un quince por ciento; dinero que se debe entregar en su totalidad so pena de escarnio púbico o exclusión. En diversos programas radiales y de televisión escuchamos y vemos a supuestos salvadores y redentores amenazando a quienes osen disentir de sus dictámenes bíblicos que no son otra cosa que una imposición de sus engaños conducentes a esquilmar al pobre pecador que no concibe otra forma de agradar a su supuesto salvador.

Al respecto la Corte Constitucional expresa que “estas libertades no son absolutas. Encuentran sus límites en el imperio del orden jurídico, en el interés público y en los derechos de los demás. Su ejercicio abusivo, como el de cualquier otro derecho, está expresamente proscrito por el artículo 95, numeral 1, de la Constitución. Una correcta interpretación constitucional no puede llevar a convertir la libertad de cultos en motivo para cercenar los demás derechos fundamentales. Su uso debe ser razonable y adecuado a los fines que persigue. Los desbordamientos quedan sujetos a la acción de las autoridades, que, según el perentorio mandato del artículo 2° de la Constitución, han sido instituidas, entre otras cosas, para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en sus creencias, pero también para asegurar los derechos y libertades de los demás y para garantizar el cumplimiento de los deberes sociales de los particulares.”

Consideramos que en Colombia se creó o generó un vacío normativo respecto a la libertad de cultos pues hemos visto la masiva irrupción de chantajistas y facinerosos autodenominados pastores que, repito, se han especializado en esquilmar y apropiarse del dinero de los incautos que creen, o los han forzado a creer, que únicamente así encontrarán el perdón de sus culpas y la salvación de sus almas. Les venden ungüentos, aguas sagradas, rosas místicas, clavos milagrosos, túnicas redentoras, cruces benditas y una serie de artilugios y artefactos que no son otra cosa que un engaño perverso de quienes comercian con la fe y la ingenuidad de sus seguidores. No se trata, por cierto, de una caza de brujas o de volver a la época de la inquisición, se propugna por proteger al ciudadano colombiano, de educarlo correctamente en materia religiosa para que no continúe siendo presa fácil de estos avivatos y usureros chantajistas que venden caro la salvación del hombre.

No es posible que se permita un público engaño sin que autoridades y medios se expresen al respecto. La libertad de cultos no puede ser una compuerta para el engaño y la manipulación. Esta forma de religiosidad, como todo negocio, debe estar sometido a una regulación del Estado pues afecta la sana convivencia y casos hemos visto en que la verborrea de estos timadores termina afectando en materia grave al ciudadano colombiano. Tenemos el derecho a creer libremente   y sin imposiciones del Estado cualquiera que este sea, pero también este Estado tiene la obligación de hacer cumplir preceptos que en materia religiosa se están violando flagrantemente. Solo pedimos sensatez y control de esta plaga, que como la bíblica, está arrastrando al fanatismo y desbordamiento de las libertades individuales y colectivas.

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