Pasada                                 

Por Beto Moncayo

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El humor es el mecanismo para resaltar el lado gracioso o ridículo de las situaciones, personas o cosas. Una de sus grandes bondades es que no exige licencia, pero sí pericia ya que es un terreno delicado, espinoso y sobre todo serio.

Margarita Posada escribió un artículo en la revista SOHO titulado “Si el Hay Festival fuera en Pasto”, en clave de humor con desafortunado resultado: el rechazo de todo un pueblo, y no es para menos, el asunto es de forma y fondo.

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Reírse del poder es casi un deber en un país como el nuestro, pero para hacer humor sobre las minorías, poblaciones vulnerables e intermedias hay que tener mucho tino o pertenecer a ellas. Curiosamente reírse de uno mismo parece ser valido, de eso sí que sabemos los pastusos, alguna ventaja teníamos que tener.

Haciendo de abogados del Diablo podríamos decir que la intención de la escritora era hacer humor a costa de sí misma, porque ella se menciona en el escrito, sin embargo no se moja, cuando ella habla de sí, no lo hace en tono de burla sino para regodearse de sus amistades en ese circulo que aparenta criticar, lo cual le resta todo el mérito al intento, dándole por el contrario un tufillo petulante al relato. Reírse de los demás también es valido y aguantar la guasa de sabios, en resumen: ella se ríe aparentemente de sí misma, se ríe del evento y de sus asistentes recurriendo a tres bandas al humor pastuso – Camisa de once varas – . Sin embargo, como el equilibrista sin red que tomó a la ligera su profesión, sufrió un pequeño accidente, que, calculado o no, nos ha hecho a muchos conocerla en una desafortunada faceta.

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Ella ha recibido, como es abominablemente “normal” en el mundo digital, innumerables insultos y calificativos, pero hay un llamado casi unánime por la ignorancia.

Cuando se ignora algo – Por decisión o desconocimiento – se borra, se abole, se pierde, sobre todo para sí mismo. El pueblo pastuso (Y por extensión me refiero al nariñense), ha sido ignorado. Es una región, como otras en Colombia, a la cual se le ha dado la espalda desde que este país empezó a formar su nombre actual. Y ya que nadie nos mira aprendimos a mirarnos a nosotros mismos, y lo más importante: aprendimos a reírnos de nosotros mismos, a aceptar que se rían de nosotros y a responder en el mismo tono, tomando incluso la iniciativa. Pero cuando el humor parece esconder algo más que la risa y toca el nervio de la dignidad nos defendemos como leones. Nuestra historia, nuestras circunstancias y condiciones han forjado en nosotros ese carácter, en otras palabras: del pastuso puedes reírte, pero no burlarte.

No es chovinismo, si las mismas letras hubieran sido escritas por una pastusa habrían causado el mismo rechazo, y tal vez peor, porque así como sabemos reírnos de nosotros mismos tenemos la misma agudeza para criticarnos.

Algo hay que abonarle a la escritora y es el punto de partida, un Hay Festival en Pasto tiene gracia, la forma en que lo desarrolla no. Ya quisiéramos nosotros tener un Hay Festival, de eso no cabe duda, invitar – y que vengan – a lo más granado de la cultura y el intelecto mundiales. Los invitados internacionales se sentirían como en casa viendo desde el avión las villas tropicales, cada una con su azul piscina en el Beverly Hills de los Andes. Y no es broma, lo puede corroborar cualquiera que conozca el revelador aterrizaje en el aeropuerto de Chachagüi, cuyo lema es “Si no quieres conocer a Dios aterriza en 2.322” que son los escaso metros de una pista encallada entre montañas y cañones, antes la pista era aún más pequeña, no rimaba y uno que otro avión se pasaba de largo. ¿Se imaginan la cara de los invitados al no saber si es una broma cuando a manteles esté un roedor de buen tamaño mirándolos a los ojos, acompañado de la acotación de que ese plato es un honor irrechazable para el forastero?. Pero seguro querrán venir cuando nos independicemos convirtiéndonos en un principado con vista al mar Pacífico y la selva Amazónica, una de las zonas con mayor biodiversidad del mundo, cuyo trono principal está en una imponente cordillera. Nada mal para un principado.

En la filigrana del humor el artículo es fácil y ligero, tratando de ser cáustico simplemente se pasó de la pista, pero eso es cuestión de gustos. Pero puestos a criticar tal vez lo más revelador de su autocrítica, si es que es así, es cuando habla de Aurelio Arturo, y una hipotética ponencia sobre él en el supuesto Hay pastuso “el público asentiría en plan de entendido, como si hubiera leído al señor Arturo de pe a pa”. Lo que daría pistas del espíritu de quienes como ella asisten “religiosamente” – o automáticamente – al magno evento, en plan de entendidos, con el no menos noble propósito primario de irse de parranda.

Aurelio Arturo es breve, los dedos del cuerpo sobran para contar sus poemas, y en una tarde soleada se le puede leer de pe a pa, que sea el mejor de los poetas es discutible y lo dirán los entendidos, pero no se le puede negar su equilibrio, cuidado y respeto con la palabra. A cualquier escritor que quiera vivir de las letras le ayudaría detenerse en él y no solo pasar de largo al coctel en la playa.

No es cuestión de respirar por la herida, menos aún ofender a la escritora, todo lo contrario, la cuestión es que no nos ignore, que nos conozca (Antes de que el principado exija visa), no por nosotros, sino por su oficio, delicado para los valientes que se atreven a asumirlo como su forma de vida. Si se quiere es una invitación a que se ría de nosotros, pero de manera muy seria, con altura, es ahí donde exigimos respeto porque de eso sí que sabemos los pastusos.

Hagamos el Hay pastuso, el “Cuy Festival” como sugiere un coterraneo, con Margarita con créditos de ideóloga y cargo de jefa de prensa, solo tendría que cambiar el tono de su artículo, porque, en serio, apelaríamos a todo lo que ella describe con sorna. Como evento sería cáustico, divertido, provocador, inolvidable, al contrario que su artículo en SOHO.

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