Haciendo Méritos

 Por: Juan Pablo Villota Villarreal

Licenciado en Filosofía y Teología

Especialista en Gerencia de Proyectos

Integrante del equipo de trabajo de narino.info

«Una sociedad meritocrática es en principio más justa que una sociedad de herencia». (François Dubet, sociólogo francés).

 La palabra “meritocracia” viene del verbo latino “mereri” ganarse algo y del griego “cratos” poder o fuerza. En términos generales la meritocracia sería el gobierno que se basa en el mérito y la capacidad de los individuos para gobernar.

¿Pero qué Gobierno elegido se basa en el mérito? Si la sola forma de designación de los cargos se hace por democracia y en el caso colombiano una democracia aún imperfecta, de las más viejas de América dirán algunos pero al fin y al cabo antigua y toda sigue siendo imperfecta, su sustrato que sería tener o hacer méritos para ser elegido se basa en que la persona electa tuvo suficientes virtudes para serlo por un colectivo social ya sea partido, movimiento u organización.

 Les pregunto, de los candidatos y gobernantes que conocen ¿cuál ha sido elegido para una contienda electoral por méritos? O más bien será que ellos, con su grupo de copartidarios más cercanos en algunos casos, se han autoproclamado o han efectuado las correspondientes alianzas para ser candidatizados. Ya por ahí el gobierno basado en el mérito comienza a fallar ya que lo que impera en la postulación de personas a cargos públicos funciona por otras lógicas.

 Ahora por ende si la democracia, o más bien las elecciones se basan en el ejercicio antes descrito muy complejo será para un gobernante –llámese presidente, gobernador o alcalde- tratar que los cargos de nivel decisorio, administrativo u operativo se deleguen por méritos. El último informe nacional de transparencia da fe de ello, son escasos o más bien una especie rara los cargos de libre remoción y nombramiento que se hayan otorgado por concurso de méritos.

 Y a ello de forma conexa le sucede lo mismo con los otros cargos del ministerio público, de la contraloría, de las personerías, institutos descentralizados, etc, etc. El gobierno por méritos prácticamente desaparece, así quien ostente el cargo diga públicamente lo contrario.

 ¿Qué sucedería si una administración municipal o departamental implementara un verdadero modelo de elección de cargos por concurso? ¿Se lo imaginan? No sabemos si ello sería posible porque el modelo que brevemente expuse lo impide, o si no ¿cuántas personas estarían verdaderamente alrededor de una campaña sin que medien términos clientelistas?. Tales niveles de altruismo son muy difíciles de encontrar en el ámbito político-administrativo.

 La tan proclamada meritocracia que se une a modelos de gobernabilidad y gobernanza permanece en crisis por dos aspectos principalmente: Por un lado, la injusticia fundacional que en la práctica enmascara todo sistema meritocrático aplicado al mundo político. Por el otro, la acentuación de las desigualdades que aún se perciben, con elites partidistas cerradas que se complacen en su autorreproducción. Con ello la ilusión meritocrática se está desvaneciendo.