¿Quién se roba el presupuesto de los niños colombianos?

Pablo Emilio Obando

peobando@gmail.com

Una vez más clamo por los niños de Colombia en espera de que las entidades competentes tomen cartas en el asunto e impidan el atropello que diariamente se comete contra ellos en los mal llamados restaurantes escolares. El Estado colombiano destina miles de millones de pesos para que en las instituciones educativas de Colombia los niños puedan disfrutar de un “desayuno reforzado” que permita superar los índices de desnutrición infantil, pero la realidad es otra y muy distinta.

Los niños reciben una fruta o un yogurt acompañado de una galleta o, como el caso del que hoy damos testimonio un pedazo de papa con media taza de colada, nada más. Hace algunos años se inventaron una especie de cooperativas o empresas intermediarias entre el Estado Colombiano y los programas de restaurantes escolares; todo indica que esos multimillonarios recursos se quedan embolatados en las arcas de esas organizaciones brindando a los niños simples migajas que para nada o muy poco sirven. No se entiende como con ese tipo de alimentos se pretende combatir el grave problema de la desnutrición infantil mientras cientos de niños mueren en Colombia por este flagelo.

El caso que hoy nos ocupa ocurre en la sede Carlos Pizarro de la ciudad de Pasto. Ciento treinta niños de estrato cero y uno que sufren en carne propia la desgracia de la corrupción, la indiferencia ciudadana, estatal y gubernamental. Niños que a simple vista denotan una grave desnutrición requiriendo urgentemente la presencia de programas que los protejan, pero la realidad es que deben contentarse con una cucharada de arroz y un trozo de papa o una aguade panela con pan. Los entes de control brillan por su ausencia, las entidades creadas para proteger los derechos del niño no hacen presencia y los gobernantes de turno parecen mirar hacia otros lados. Los maestros de esta institución educativa consiguen ayudas esporádicas y contribuyen con sus propios bolsillos en espera de una solución que no llega y que no parece importar a nuestra sociedad.

Desde estas páginas imploramos presencia estatal, gubernamental, empresarial y ciudadana. Estos niños no pueden continuar expuestos al drama de la desnutrición, por el contrario se debe dar prioridad a sus necesidades nutricionales.

Lamentable que esto ocurra en nuestra patria, triste que se repita en la mayoría de escuelas colombianas y doloroso que sean los niños quienes asuman el abandono estatal. Los niños de la Escuela Carlos Pizarro de la ciudad de Pasto merecen atención y respeto, esperamos que las autoridades competentes hagan presencia y asuman sus responsabilidades. Mientras tanto únicamente nos formulamos una pregunta elemental: ¿Quiénes se roban el presupuesto de los niños? Las autoridades competentes tienen la palabra.