Recorriendo la Antigua Vía al Norte

Por: Juan Pablo Villota Villarreal

Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a cielos, que tiemblan temerosos entre alas azules: te hablo de una voz que me es brisa constante, en mi canción moviendo toda palabra mía, como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente, toda hoja, noche y día, suavemente en el sur”. 

(Aurelio Arturo, Fragmento de Morada al Sur).

Cuatro décadas de “La Corta”

40 años después que se diera apertura al tramo de la Vía Panamericana que une a la ciudad de Popayán con Pasto, decidimos recorrer el sendero que unía a las dos ciudades pero por La Vieja, sí la vieja vía al norte que unía y une aún a la capital nariñense con la caucana.

Al darse apertura a la Panamericana, la corta como le denominaron los camioneros y transportadores, la antigua vía al norte comenzó a denominarse así y con ella se fueron añejando las historias que contaban la vida y desarrollo de los pueblos del norte que conformaban las provincias del Mayo y Juanambú.

Hoy, luego de tantas luchas y promesas encontramos una vía pavimentada, con muy pocas rectificaciones a la abierta por allá en los años 30 con motivos de la guerra del Perú. Porque para Nariño su progreso e historia han estado ligadas con las guerras.

A lomo de batallas y recuerdos

El crujir de las piedras al movimiento de las llantas, el polvo que se levantaba al paso de los vehículos y del viento ya no se perciben, pareciera otro paisaje pero es el mismo que desde épocas que se remontan a la colonia y a la independencia ha sido recorrido por los lugareños de estos parajes y por aquellos que degustaban venir a “veranear” a tierra caliente.

La nostalgia nos llena la mente, cabalgamos sobre el lomo de las montañas que conforman esta parte de la cordillera y con ella llegan los recuerdos. Una mezcla bizarra de construcciones modernas y de casa viejas que se niegan a perder la historia y al vida de sus moradores se encuentran al paso de la travesía.

La troncal atraviesa cuatro municipios del norte: Buesaco, Arboleda, San Pedro de Cartago y La Unión y sirve de conexión con otros 8 más de la zona norte de Nariño.

Los municipios del norte de Nariño hicieron parte de las Provincias del Juanambú y del Mayo constituidas a inicios del siglo pasado cuando comenzaba a configurarse el departamento de Nariño.

La vía guarda historias antiguas y recientes, historias de batallas por la independencia en donde Bolivar y Nariño se vieron en apuros ante las tropas pastusas leales a la corona y actuales aspiraciones de los pobladores ante lo que pueda deparar esta nueva cara de la “vieja carretera”.

Muchas de las historias que se guardan en la memoria de los mayores tienden a perderse, se denota la falta de procesos investigativos que recuperen y guarden el acervo histórico de la región.

Una guerra conecta el norte con el sur

Cuentan los historiadores que durante muchos pero muchos años Pasto y Nariño, sin ser aún departamento, fue una región aislada del resto del país tanto por vía terrestre como por vía aérea. No existían carreteras que comunicarán a Pasto con la ciudad más cercana de la época como lo era Popayán. Eso da cuenta de la deuda histórica que el centro del país tiene y seguirá teniendo con las periferias que componen la nación.

Tan solo en el año 1932 durante el gobierno de Olaya Herrera y debido a la guerra que Colombia sostuvo con la República del Perú se trató de construir de afán una vía que comunicara a Popayán con Pasto para transportar las tropas nacionales y elementos bélicos.

Recuerdo de esta guerra es la heróica y mítica historia del venteño Juan Solarte Obando quien le colocó el pecho a la metralla peruana para permitir el paso de las tropas colombianas en la Batalla de Güepí, su recuerdo trata de permanecer vigente a través de un busto ubicado en la alcaldía de La Unión y en la vereda que lleva su nombre.

Así fue como se aprovechó el trazo de un antiguo camino que partía de la ciudad de Popayán y seguía hacia el sur para encontrase con la muy noble y muy leal ciudad pastusa; el tramo conformado por angostos caminos y tarabitas sobre los notables abismos del cañón del Juanambú atravesaba el norte del ya creado departamento pasando por las veraniegas localidades de La Unión, Cartago, Buesaco y Villamoreno para luego entrar a la ciudad de San Juan de Pasto.

El llanto en “La Nariz del Diablo”

Desde que se trazó la vía en los años 30, con alguno que otro cambio en el trazado, han sido aproximadamente 134 kilómetros por una vía destapada, polvorienta, llena de curvas peligrosas y pronunciados ascensos sobre las montañas de la cordillera. Este es el tramo conocido como el 01A de la Ruta Nacional 25, comúnmente llamada Troncal de Occidente o Vía Panamericana.

Nuestros mayores cuentan que más de un conductor de camión, o camionero como se le solía llamar, venido del norte del país lloró y dejó tirado el vehículo en la famosa “Nariz del Diablo” al ver la gran cantidad de montañas y estrechas curvas que la componían.

Otros, casi héroes, lograban culminar su recorrido, no sin antes detenerse a descansar en las pensiones y hostales de La Unión, comer frito “con polvo del camino” y frutas en El Empate, bañarse en las limpias aguas del Río Pajajoy a las afueras de Buesaco o tomarse unas “polas” donde “doña Pecho Bello” a la entrada del mismo pueblo y disfrutar de una deliciosa mazamorra y otro poco más de frito para luego pasar a la requisa de la cadena ubicada en Villamoreno.

Al final de la ruta, transportistas y viajeros, subían por la conocida “Montaña del Oso”, cerca al Cerro Morasurco, hábitat de muchas especies nativas como el ciervo, el oso, entre otros y pulmón de la ciudad de Pasto, para encontrarse con la majestuosidad de Pasto y su Valle de Atríz al pie del Volcán Galeras.

¡Ahí sí que verdaderamente aclamaban los viajeros que Pasto era la ciudad sorpresa! por la admiración que causaba observar que luego de tantas vueltas y vueltas por tantos peñascos y abismos se encontrara con tan majestuoso valle.

Es increíble pensar que en los años noventa, uno de tantos lúcidos burgomaestres pastusos convirtiera este cerro en el botadero de basura municipal.

La corta remplaza a La Vieja

Esta antigua vía al norte fue reemplazada en 1975 por la conocida Vía Panamericana o el tramo 02 de la Ruta Nacional 25 que conecta a Pasto con Mojarras en un trayecto de 119 kms.

Un tramo supuestamente más corto, pavimentado, más moderno y menos riesgoso que el viejo tramo 01A. Pero al igual un trayecto más desértico, que solo pasa por la población de Chachagüí y ahora por los nuevos poblados de El Tablón Panamericano y Puerto Remolino y de ahí pare de contar.

¡Quince municipios del norte fueron afectados por el nuevo tramo! La economía, el transporte y todo lo que implica tener una vía transitada casi que murió con la aparición del nuevo tramo de la panamericana, muchos narran con nostalgia estos hechos pero también indican como fueron capaces de “reinventarse” para seguir viviendo.

¿Que quién diseñó este nuevo tramo? ¿A quién beneficiaba el nuevo trazo? Mucho se ha dicho y escrito y mucho de ello ha sido cierto.

¿Una lucha social que llega a su fin?

Ahora, luego de más de cuatro décadas y prácticamente dos generaciones de lucha y de reclamos justos la vieja carretera al norte está pavimentada en su totalidad, con algunos pequeños baches a la entrada de Buesaco y antes de llegar a El Empate.

Es una vía que conecta los 90 kilómetros que separan la localidad de La Unión – Nariño con Pasto en algo más de dos horas y en tres a Mojarras (Mercaderes – Cauca) en sus 134 kilómetros, tan solo 15 más que por la Vía Panamericana, pero con muchas historias, emociones y atractivos

Para quienes la conocen es un placer viajar por esta nueva “vieja carretera”. Y para quienes no, será toda una aventura el recorrerla ya que podrán encontrarse con distintas poblaciones, un clima maravilloso y muchos sitios paisajísticos, turísticos y gastronómicos para visitar y disfrutar con gente amable y emprendedora.

Es tarea ahora de las nuevas administraciones municipales y de los líderes sociales aprovechar al máximo esta añorada obra y mucho más ahora que también se adelantan las obras de pavimentación de la vía El Empate – San José – San Bernardo – La Cruz – San Pablo – Higuerones.

Es estratégico reactivar el comercio, el turismo, el transporte, volver nuevamente atractivo transitar y visitar el norte de Nariño y mucho más el dar a conocer la riqueza humana y cultural de la región.

Vías y agua para un desarrollo sostenible

Pero es igual de importante y fundamental el trabajar por recuperar y mantener el recurso hidríco. Al recorrer la vía y al hablar con varios de sus habitantes podemos observar con preocupación que varios afluentes han perdido bastante de su caudal, el terreno agreste y semidesertico le va ganado espacio a los verdes de todos los colores narrados pro Aurelio Arturo.

La presión ejercida sobre los cerros y fuentes de agua de la zona, como la emblemática Jacoba, es evidente e inquietante; los habitantes de la región lo sienten, el agua para el consumo humano y para los cultivos escasea y no se observa que a mediano plazo se estén generando proyectos que apunten a resolver la situación.

Es importante el concebir proyectos regionales y subregionales que generen empleo directo e indirecto pero que sobre todo beneficie a un gran número de pobladores de cada uno de los quince municipios de las regiones del Juanambú y el Mayo; pero mucho más importantes es afrontar la problemática del agua.

De nada valdría llenar los bolsillos de unos pocos “burgueses de medio pelo” que se han apropiado de la vida económica y política de estas poblaciones y mirar el campo cada vez más empobrecido, marcado por los monocultivos, por la continua migración de tantos jóvenes hacia otros centros urbanos como Pasto, Cali o Bogotá o por la desesperanza de ver la riqueza de una región mal aprovechada o malbaratada en construcciones inoficiosas o en proyectos personalistas, politiqueros o de bajo alcance que a la vuelta de la esquina se esfuman sin generar impactos positivos o sostenibilidad en las comunidades.

El norte tiene de nuevo en acción su “vieja vía” y con ella nuevas esperanzas. ¿Estarán sus líderes y gobernantes a la altura de los nuevos retos que traerá consigo la misma? ¿Podrán diseñar verdaderas propuestas que disminuyan los preocupantes índices de NBI (Necesidades básicas insatisfechas) y de bajo ICV (índice de calidad de vida) en la mayoría de los pobladores? O dejaremos, como hace cuarenta años, que la vía pase y nos deje.