«Aquí sembramos yucas y muy grandes»

Parte I 

El aumento de la siembra de cultivos de uso ilícito en Nariño

Las últimas noticias sobre el aumento de la siembra de cultivos de uso ilícito en el departamento de Nariño ha llevado al equipo periodístico de Nariño.info a visitar tres municipios de la región en donde, como es conocido por la opinión pública, predominan dichos cultivos.  Por respeto a sus pobladores, nos abstenemos de nombrarles directamente en el presente reportaje pero hacemos uso de los testimonios recopilados para el mismo para verificar de primera mano dichas informaciones.

En el último informe emitido por el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), aclaramos que para nosotros se les debería denominar como cultivos de uso ilícito, señala que las siembras de dichos cultivos crecieron en el 2014 en por lo menos 10.000 hectáreas, aproximadamente en un 15 a 20 % con respecto al año 2013.

Esto señalaría que en Colombia hemos pasado de tener 48.000 hectáreas de cultivos de uso ilícito a 58.000. En donde los departamentos con mayor aumento de área sembrada están en su orden: Nariño con un 162 %, Antioquia con un 95 %, Putumayo con un 59 % y Norte de Santander con un 28 %, según el estudio del SIMCI.

 

Nariño, según el informe, sigue siendo el departamento con la mayor área de siembra con un 27 % y el que mayor número de hectáreas ha aumentado en el último año.  El estudio del SIMCI indica que las zonas en donde  hay mayor incremento son las reservas indígenas y la franja de protección acordada con Ecuador, áreas donde actualmente no se realiza fumigación aérea con glifosato.

Frente a las cifras presentadas por el informe, las Autoridades del Departamento en cabeza del Gobernador Raúl Delgado Guerrero han mostrado su preocupación por las mismas y porque desde la administración anterior del entonces Gobernador Navarro Wolff se han realizado una serie de iniciativas y esfuerzos por buscar que las familias campesinas que se dedican a este tipo de trabajo como sustento de su economía familiar salgan de esta actividad sin que esto tenga un apoyo decidido por parte de los Gobiernos Nacionales.

Según la Oficina de Prensa de la Gobernación, el Gobernador del Departamento “consideró como lamentables los resultados del último estudio del SIMCI, que indican que el 27% de la coca que se produce en Colombia, se produce en Nariño, y que de las 50.760 hectáreas que son sembradas con coca anualmente en el país, 5.593 se encuentran en el municipio de Tumaco, lo que corresponde a cerca del 9% del total nacional”. (Tomado de la Página Oficial www.narino.gov.co)

El eterno debate sin solución

Todo lo anterior unido al anuncio del Gobierno Nacional de suspender las fumigaciones aéreas con Glifosato ha traído a la palestra varios debates que parecieran de nunca acabar: ¿Es eficaz o no la fumigación con glifosato? ¿Afecta o no afecta la aspersión aérea a la salud de los humanos y de los cultivos de pan coger de los campesinos? ¿Qué tan efectivas son las políticas y programas de erradicación y de sustitución de cultivos en las zonas donde hay mayores áreas sembradas de coca, por ejemplo? ¿El camino frente a la política antidroga seguirá siendo el actual o se debe replantear el camino hacia la legalización y control estatal del consumo?

La discusión, al igual que décadas atrás, sigue viva y sin resolver.  Y mientras tanto las economías de enclave florecen, el tejido social se desmorona, aumenta el delito, la corrupción, el valor de la vida se desploma por los suelos y las comunidades siguen igual de empobrecidas.

Por ello el equipo de Nariño.info decidió visitar algunas comunidades del departamento de Nariño para conocer de primera mano las apreciaciones de los campesinos que deben recurrir a la siembra extensiva de estos cultivos como una manera de vida.

Historias detrás del glifosato y la erradicación de cultivos de uso ilícito

Al llegar a varias de las comunidades visitadas observamos cómo es evidente el aumento de sembrados de cultivos de uso ilícito en lugares en donde  ya se había fumigado o se había erradicado de forma manual.  Donde había plátano, cacao, yuca o maíz se vuelve a ver el verde hechizante que como una pradera se extiende entre las selvas y las montañas de Nariño.

glifosatoplatano

“¿Y qué pasó aquí?” Preguntamos a algunos de nuestros acompañantes.  Y la respuesta, aunque variada en sus palabras, sigue siendo la misma: Bajo las condiciones actuales para la vida del campo y la presión de los grandes cultivadores y de los grupos que siguen controlando la zona y el cultivo seguirá siendo muy complicado para el campesino “salir de la siembra”.

“Aquí sembramos yucas y muy grandes” Nos enseña, con algo de tristeza pero también de orgullo por haberlo logrado, uno de los habitantes.  “Todos dejamos la coca y comenzamos a sembrar, porque al principio las ofertas del Gobierno eran como buenas pero luego la yuca bajó de precio, los caminos como ve son difíciles de andar para sacar la carga y al llegar al pueblo el precio se baja mucho”.  Con algo de desconsuelo porque siente que había una esperanza porque sabe de las consecuencias que trae consigo la siembra de cultivos de uso ilícito remata diciendo: “es que así no se puede vivir del campo, ¡qué más podemos hacer!”

 En otro de los sitios visitados la historia no varía mucho.  “Aquí luego de la “fumiga” y que todo lo que ve hasta donde le alcance la vista quedó quemado pero quemado por el veneno de las avionetas nos pusimos a sembrar cacao, nos decían que era bueno, que tendría buena venta, pero nada es nada”.  Al rodear varias de las parcelas podemos observar que al lado de los cultivos de uso ilícito se observan algunos sembrados de cacao pero de baja calidad y “picados” de Monilia y “Escoba de Bruja”.

“El terreno no es bueno para el cacao por eso sale tan pequeño y además la “fumiga” nos dejó las plagas como la “Escoba de Bruja”, esto se perdió y pues, aquí volvieron los grandes cultivadores y para poder vivir no queda de otra que volver a sembrar”.  Concluye con algo de aguante otro de nuestros acompañantes.

“Nosotros le apostamos a lo legal”, manifiesta otro de los campesinos en un nuevo lugar que visita el equipo.  “Aquí sembramos maíz, frijol, buen plátano, lo que antes nos daba de comer pero de lo poco que pagan no se alcanza para vivir.  A uno le toca o quedarse y sembrar o salir a la ciudad a pasar pobreza”.  La situación que observamos es real, muchos han vuelto con resignación a sembrar coca a pesar que quisieran dejar atrás esta práctica que ha estado marcada de dolor, desplazamiento, desaparición y muerte.

Con respecto al uso del glifosato, la mayoría de las personas con quienes dialogó el equipo de Nariño. Info indican que para la tierra y los cultivos de pan coger es muy perjudicial.  “ese veneno es mortal, lo quema todo y no nace nada por mucho tiempo” nos señala un campesino mostrando varias tierras resecas y quemadas.  “lo más chistoso de todo es que lo único que crece mejor luego luego es la misma planta” señalando nuevamente el verde hechizante de los cultivos de uso ilícito.

“Vea, acá esos aviones echaban el veneno cuando volaban bajito” nos acota otro acompañante.  “A varios de los niños les salió como unas quemaduras en la piel como si se hubieran prendido con gasolina”  indica para determinar el daño que el glifosato causa sobre el ser humano.  “A los renacientes les daba unos dolores de estómago bien duros cuando tomaban el agua del río, así la mujer la hirvieran”. Lastimosamente muchos de estos testimonios no fueron ni han sido sistematizados por organismo u entidad para que pudieran ser tenidos en cuenta más allá de los relatos que los moradores cuentan.

Para quien no vive en el campo sino en la ciudad y detrás de sus escritorios les es fácil opinar sobre el uso del glifosato y lanzar a cauto vientos las bondades de su uso, pero otra es la historia que encontramos en los campos.

El daño a las personas y al ambiente

En nuestro recorrido encontramos otros temas que son de preocupación para los moradores  que observan que siguen sin solución.

La primera y fundamental es que por más programas que el gobierno implemente en los territorios dedicados a los cultivos de uso ilícito sino resuelve los problemas fundamentales de la vida rural será casi que imposible el poder tener éxito en esta política antidrogas impuesta desde el exterior.

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Alto valor de los insumos agrícolas, bajos canales directos de compra y comercialización, fluctuación de los precios, manejo indiscriminado de los intermediarios, presencia de grupos armados que ejercen control territorial, “sin vías, con gente con armas y con personas como hambre como verraco el poder dejar la siembra” exterioriza sabiamente otra de las personas que nos acompañan en la travesía.  “además no toca salir a vender el producto, ellos vienen aquí y se lo llevan” y eso en temas de siembra, producción y comercialización es un punto en contra de quienes quieren “sembrar a lo legal” como ellos mismos lo dicen.

Otro gran problema que los mismos habitantes observan es el impacto que tiene sobre el ambiente  la siembra de cultivos de uso ilícito, “se tumba el monte para sembrar coca”  señalando como avanza la deforestación.  “Aquí el agua ya escasea y a mediodía pareciera que el agua del río hierbe del calor que hace” nos hace notar otra persona haciendo referencia a lo que los académicos de la urbe señalan como calentamiento global.

Y otro factor, y no menos preocupante, es el asociado con el cambio de los valores y las costumbres.  “La juventud se acostumbró a lo fácil” señala un viejo campesino, “Aquí ya nadie le trabaja por el jornal gravado (haciendo referencia al pago del día que incluye la alimentación) al precio que pagan por cosechar maíz o plátano, no señor, aquí se gana cuatro veces más y se trabaja la mitad”.  La situación es notable cuando nos entrevistamos con algunos profesores y estudiantes de las zonas en donde manifiestan con preocupación el alto nivel de deserción escolar, el enorme fajo de billetes que cargan varios de los muchachos, el bajo aprecio y respeto por la compañeras, el menosprecio por la vida y algo que ya se propaga en las zonas como es el consumo interno: “Ya no solo se la siembra y se la fábrica sino que algunos ya la consumen, por aquí hay botadas esas cosas de lo que llaman perico (sic)” señala con algo de asombro y de resignación una madre de familia.

Nada hay nuevo bajo el sol

Pareciera que nuestra narración no describe nada nuevo de lo que muchos ya sabemos y los interrogantes planteados al inicio de este reportaje no se resuelven sino que se aumentan. Pero para asombro de muchos otros, pareciera que esto que contamos sucediera lejos de la capital del departamento y no a unos cuantos kilómetros de la ciudad sorpresa; Nariño vive una grave situación conexa a la siembra de los cultivos y como, lo indica el Gobernador de Nariño, la respuesta integral y sostenible por parte del Gobierno Nacional no se ve venir aún.

En la segunda entrega de este reportaje, les contaremos de los sueños y esperanzas de los habitantes de estas zonas y de cómo los cultivos de uso ilícito más que favorecerles les afecta como una maldición, un maligno pacto en vida del cual se han dado cuenta pero que no pareciera tener fin.

Hasta la próxima.