Con derecho a amenazar

Con derecho a amenazar

Amenazar para acallar las voces disonantes y también a las altisonantes, es una estrategia de los regímenes. Y aunque mayoritariamente la han utilizado los tiranos, también es una herramienta de aquellas fuerzas que quieren acceder a los tronos y a las más dulces mieles, a cualquier precio.

Quien amenace, posiblemente también mate, robe y asalte, sin contemplaciones ni remordimientos. Sembrar el miedo es casi lo mismo que atentar contra una vida, es llenar de pavor el diario acontecer.

En Colombia y por supuesto en Nariño, la  amenaza ha sido la antesala del terror, de la muerte a mansalva, del balazo a traición, del nacimiento y asentamiento de la figura del sicario, aquel siniestro personaje que será el siguiente en aparecer, con  su AK, después de la amenaza.

Un escenario cantado

Las épocas electorales en este país, del cual forma parte esta región del suroccidente colombiano, incluyen siempre en el menú que se le sirve a todos a través de los medios de comunicación, una buena porción de amenaza y amedrentamiento.

Sin un indicador exacto se puede decir que una gran parte de las amenazas que se profieren contra ciertos candidatos y aspirantes que por lo general, son aquellos que se salen de líneas de pensamiento orientadas por gamonales y caciques políticos, se cumplen. La consigna es en estos casos que por ninguna razón estos aspirantes, de pronto verdaderos y honestos demócratas, podrán llegar al cargo al que aspiran. Cueste lo que cueste.

Lastimosamente son demasiadas las fuerzas oscuras que acechan a la espera de una orden y un pago para proceder con la sentencia. Pero está claro que la amenaza y el silencio forzado son las únicas herramientas disponibles para acceder o permanecer en el poder que tienen hoy dirigentes y alcaldes muy connotados de Pasto, Nariño y Colombia, célebres por su negra condición moral.

 

Por eso es que no extraña a nadie esta nueva ola de amenazas a líderes populares  y personas con posturas políticas independientes, apartadas de los mandatos de los jefes de los grandes colectivos.  Los colombianos ya estaban esperando las noticias relacionadas prácticamente desde comienzos de este año, a sabiendas de que los comicios serán en octubre.

Tampoco extraña que las autoridades asuman posturas de medio tono, hasta temerosas sobre este asunto. Se sabe que hay organizaciones muy poderosas, dedicadas al narcotráfico y a otras actividades clandestinas o al margen de la ley, que están muy preocupadas por lo que se pueda venir, tras la dejación de armas por parte de las Farc, que desde ya están buscando un reacomodo geoestratégico y una mejor postura entre los grupos más poderosos. Ese es un núcleo desde donde, con seguridad se está profiriendo y patrocinando gran parte de las amenazas contra los líderes sociales y populares.

Una nueva ola de amenazas contra librepensadores y demócratas se vive en Pasto, Nariño y Colombia.
Una nueva ola de amenazas contra librepensadores y demócratas se vive en Pasto, Nariño y Colombia.

Las redes, escenario predilecto

En Pasto, la noticia de las amenazas con el profesor universitario Jesús Martínez Betancur, una persona de libre pensamiento y opinión que se expresa a través de diversos medios, incluyendo las redes sociales, causó consternación  y motivó inclusive la convocatoria y realización de un Consejo de Seguridad para tomar medidas de protección para el docente, que en los últimos meses ha arreciado sus críticas contra algunos procederes de la actual administración de la capital nariñense.

Las redes sociales se han convertido en un escenario para la discusión de asuntos como los políticos, pero también sirven para que estas fuerzas oscuras visualicen a las personas que piensan en contra de sus propios intereses. Esa es una realidad que no se puede tapar.

Ahora, aunque está claro que el profesor requiere estas medidas para salvaguardar su integridad, no dejó de llamar la atención el carácter individualizado que se le dio a este hecho, cuando se sabe que en esta región existen decenas de personas que son amenazadas a diario y que se juegan su vida, aún sin salir de sus casas y que no tienen la más mínima protección.

Como sea el tema de las amenazas seguirá creciendo en estos días. Recién se informó que el periodista Gonzalo Guillén, un connotado periodista, investigador y crítico político en Colombia  también estaba en la mira de estas fuerzas oscuras.

Muchos en este país, que están o han estado en el poder, se sienten con derecho a amenazar porque con ese método es que han logrado lo que tienen. Si no les cumplen, ya se sabe cuál es el siguiente paso.