La ruta del Cannabis: entre la prohibición, la paz y el amor

Estudiosos del tema de la marihuana y su presencia histórica entre hombres y mujeres sostienen, desde diferentes vertientes que las prohibiciones legales y la satanización del cáñamo tienen su origen y aún es así, en actitudes evidentemente discriminatorias, tanto racial, como cultural y hasta místicamente.

Como ya lo vimos, las primeras prohibiciones en América se sustentaban en argumentos tan poco racionales, como que la marihuana producía grados tan altos de excitación sexual entre los negros, especialmente los esclavos asentados en el sur de Estados Unidos, lo que conducía a que estos “se llenaran de hijos”.  Algunos historiadores citan situaciones semejantes en diferentes momentos en varios puntos de Europa y aledaños. Incluso se menciona que Napoleón tuvo que prohibir el consumo de cáñamo en el territorio egipcio alegando argumentos un tanto parecidos a los de los gamonales y terratenientes  en Norteamérica.

Sin embargo, el arribo al siglo XX significó el cierre de cualquier posibilidad  para el cannabis y sus derivados. Significó entre otras cosas que durante más de medio siglo no se volvieran a realizar nuevos estudios e investigaciones sobre su poder terapéutico y otras bondades detectadas desde tiempos inmemorables.

Las falsas moralidades que tapaban la paranoia de las coronas, sus cortes y otras expresiones de poder hicieron que, siguiendo el recetario del oscurantismo, la emprendieran contra toda forma de pensamiento o actitud que les sonara peligrosa.  Cualquier forma de asociación, por ejemplo, así sea para escuchar música al calor de una fogata y de unos buenos cigarros de un delicioso cáñamo, era algo subversivo y debería reprimirse.

Y así sucesivamente. En la medida en que pasaban los primeros años y un par de décadas, la paranoia se convirtió, por obra y gracias de los modelos educativos asimilados, en un mandato moral: ya no solo se trataba de algo mal visto socialmente, sino de una conducta que debía reprimirse y si es posible castigarse.

Como era de esperarse las prohibiciones facilitaron una especie de elitización de los consumidores y por supuesto la organización de nuevas mafias. No se tiene en qué momento exacto, el de la marihuana   pasó de ser un “asunto de negros” a un problema que tienen los mejicanos”, pero por supuesto se convirtió en una herramienta para golpear al migrante, aún a sabiendas de que ellos  siempre fueron los principales consumidores.

La yerba en la postguerra

Fue en los años 50 cuando el consumo de la yerba se convirtió en algo habitual entre los artistas. Para muchos era el combustible que facilitaba su inspiración. Pinturas, esculturas y canciones fueron adjudicadas por miles a espectaculares trabas con los mejores cáñamos, que a esas alturas ya eran producto habitual en todos los países del trópico.

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Pese las prohibiciones el consumo siguió aumentando, rompiendo fronteras y acercándose cada vez a la mitificación, la misma que, tal vez, se lograría en los años 60, la década de la libertad, la paz y el amor. La época en que por alguna coyuntura sociohistórica toda una generación de jóvenes, hombres y  mujeres decidieron suspender para siempre su complicidad con los estados bélicos, belicistas, asesinos y corruptos que los venían rigiendo.

En este nuevo escenario, la yerba tuvo su espacio y su mercado propios. Como nunca su consumo fue asemejado o acercado por lo menos al del LSD y la heroína. El mundo cambió mucho en esta época, pero no lo suficiente y las guerras siguieron alimentando el contenido informativo de los medios cada vez más masivos y absorbentes.

En una nueva paradoja de la vida, la misma mata que fue utilizada como una especie de símbolo de quienes promovían la paz y el amor se terminó convirtiendo en compañera casi que inseparable de los soldados que llegaron a lugares desconocidos para defender  algo que se llamaba democracia, pero que en realidad quería decir capitalismo voraz a punta de metralla, bombas y napalm.

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La ganya en Latinoamérica

Algunos países de Latinoamérica y el Caribe sobresalen en el tiempo de penetración o asimilación del consumo masivo de la marihuana. Por razones que tienen que ver con raíces y ancestros el consumo de la yerba con un trasfondo ritual se asentó en poblaciones con fuerte presencia afro.

Jamaica hizo popular su relación con la también denominada ganya  a través de la cultura rasta y del reggae. Esta tradición se asimiló como una moda en otros países, más bien como una disculpa para fumarla con una razón adicional a la mera diversión o recreación.

En México, aunque con más tradición productora que consumidora, por estar al pie del mercado más grande, el de los gringos, también empezó a ver crecer el número de jóvenes que resolvieron convertir a la yerba en parte de sus rituales de fiesta, pero también de lucha social y de hacerle frente a “los tradicionales enemigos del pueblo: los gobernantes y sus fuerzas armadas”.

Para otros países de Latinoamérica, la marihuana se promocionó a través del cine norteamericano de los años 60 y 70, aunque siempre se han escuchado versiones de que el “vicio” se masificó con la llegada de Los Cuerpos de Paz, que eran soldados de diferentes nacionalidades que solían hacer presencia en naciones con crisis políticas. Según estas los militares que llegaron eran adictos al consumo del cáñamo.

Fue así como el Siglo de la Prohibición, el consumo de yerba se multiplicó miles de veces en el mundo entero, pero las investigaciones sobre sus usos medicinales estuvieron demasiado tiempo en el refrigerador.

En la próxima entrega exploraremos un poco el caso de Colombia y veremos como la marihuana es hoy parte del material de trabajo de los estudiantes universitarios en todo el país.

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