El Deportivo Pasto, identidades y periferias. 

Por JUAN PABLO VILLOTA VILLARREAL

juanpavil@gmail.com

 

  1. Todo comienza con una coincidencia

Cuando el pasado 9 de febrero coincidí en el Aeropuerto Antonio Nariño, por cosas del destino y del trabajo, con el equipo profesional del  Deportivo Pasto y su cuerpo Técnico comencé a hilvanar en mi cabeza este pequeño artículo que, por cosas del trabajo y del devenir futbolístico del Pasto, lo había dejado archivado hasta estos días.

Ese día también coincidimos en nuestro itinerario, tanto el equipo como yo viajábamos a la hermosa ciudad de Montería por motivos distintos; el Pasto venía de perder estrepitosamente su primer partido como local ante el recién ascendido Cortulúa y nadie –ni el más pesimista- avizoraba que era el primer acto de tan desastrosa obra deportiva que presencia no solo la hinchada del equipo sino toda una comarca.

Tanto el equipo como yo sufrimos, como cosa extraña del Aeropuerto (favor no leer ninguna ironía, ya que son dos la otra la encontrarán más adelante), el retraso de nuestro vuelo hacia Bogotá y por ende la conexión el mismo día hacia la capital cordobesa.  Como anécdota también sufrieron el atraso en su vuelo a la capital varios de nuestros H. Congresistas (lo de la H queda a interpretación de cada lector para que no se sientan ofendidos, ustedes los lectores por supuesto), pero a ellos parece que eso no les inmuta.  Ya están acostumbrados a volar –dijo un paisano.

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  1. El “cancerbero” del “cacofónico” Equipo

Aprovechando el retraso del vuelo o de los vuelos, porque como cosa rara eran dos los retrasados que luego salieron, uno tras otro como caravana de paseo escolar de fin de semana, logré cruzar algunas palabras con el técnico del Pasto; si Oscar Quintabani, el hombre odiado por unos y apreciado por otros en estos momentos de “horrible noche” que vive la institución (no me refiero a la Corte Constitucional por si acaso, porque ese es un tema de verdad escabroso).

Ahí estaba conversando brevemente con el hombre que dirigió la ilustre gesta que llevó al Deportivo Pasto a la primera gloria en el torneo finalización del año 2006, que levantó el domingo 25 de junio también su primera copa como entrenador y que me hizo recordar al arquero del memorable Kokoriko Tolima de inicios de los años 80 que durante dos veces consecutivas se coronó subcampeón del fútbol colombiano. Ese equipo se quedó en el disco duro de los chicos que “oíamos” fútbol por esos días no solo por el impresionante equipo que armaron para ser campeones, sino por el horror estético y cacofónico que resultó como consecuencia del patrocinio de una conocida empresa de pollos asados.

Quintabani me hacía notar cómo la Dimayor seguía ensañándose con equipos como el Pasto desfavoreciéndolos en el diseño del calendario.  El equipo había jugado el sábado anterior y el martes ya tenía que estar en Montería jugando a las 4:00 p.m. (bonito horario para un partido en la Costa).  Y como les había contado, ese día lunes ya habíamos perdido la conexión.  Yo perdí una mañana de trabajo y el equipo ya había perdido todo un día ya que tuvimos que viajar al día siguiente de Bogotá rumbo a nuestro destino (bueno mi destino si hablamos en términos existenciales anda mejor que el del Deportivo Pasto por ahora).

¿Y los Parlamentarios? Me preguntarán si perdieron el vuelo.  Lastimosamente no.  Pero para fortuna mía e infortunio del Pasto, les tocó viajar juntos en el primer vuelo mientras resignadamente yo viaja en el segundo (mi resignación era por no haber podido llegar a Montería el mismo día).

  1. “Somos pobres y vivimos bastante retirados”

Ustedes dirán: ¿a qué viene todo esto?.  Pues mis desconocidos lectores, luego de 546 palabras, esto me lleva al inicio de este texto (apuntarán que son muchas vueltas, para ello mejor enterarse del Tour de Francia o de la Vuelta España en donde le va mejor a Atapuma y a Chalapud) en donde ratifico, junto con mis coterráneos, que en temas del campeonato colombiano el Deportivo Pasto es uno de los equipos que se ve ampliamente afectado por las distancias entre el llamado “Centro” y las “Periferias”, sobre todo cuando estas últimas están “lejísimos” y tienen uno de los peores aeropuertos del país (no el peor oficialmente porque el concurso no lo han hecho aún, así como tampoco existe el concurso en donde el Himno Nacional Colombiano es el segundo detrás de La Marsellesa, por si acaso).

Estamos tan lejos, que solamente para que tengan unas razones que afiancen tan “original” afirmación les dejo las siguientes:

1. Sólo hasta el año 1999 el Pasto pudo jugar en el fútbol profesional colombiano y su ciudad que le miró crecer cincuenta años antes pudo ver por fin partidos de mayor nivel en el llamado por esos días “vetusto” Estadio Libertad; era tan “vetusto” que tenía una pista atlética con una fosa llena de arena y agua que nadie se atrevía a limpiarla por temor a que salieran lagartos (no estoy haciendo alusión a ningunos honorables que tomaron vuelo junto con el Deportivo Pasto). 

Y ¿por qué tanto tiempo?, porque la Dimayor se anquilosó en jugar un campeonato con los mismos catorce equipos y cuando abrió la puerta del ascenso y el descenso le asustaba venir a la Ciudad Sorpresa.  Me acuerdo como si fuera ayer, el Pasto debutó en la categoría A con un empate 1 a 1 frente al Bucaramanga el 7 de febrero de 1999 luego que en el año anterior disputara un reñido cuadrangular de ascenso de la Primera B frente a su enconado rival del momento, el Deportivo Pereira.  Primera B a la que ascendió gracias a las gestiones don Toño Navarro (entre otros para que no se sientan mal los no aludidos).

2. Y a propósito de Navarro, parar entrarnos en la segunda razón, el popularizaría durante su gobierno departamental una vieja frase que utilizábamos mucho en mi querida escuela urbana de varones Pío XII cuando queríamos referirnos a nuestros compañeros que venían a estudiar de las veredas a la cabecera municipal. Nosotros decíamos en tono medio burlesco: “es que soy pobre y vivo lejos” (no se si Navarro tendría espías en la escuela o mi recordado profesor Efren Ortíz León le pasó el dato a través de su nieto Juanito o si en todas las escuelas decíamos lo mismo).

¿Pero lejos de qué? Siempre me pregunto. Lejos de donde tenemos nuestros intereses y nuestro corazón, yo mismo me respondo.  Y si la capital de Colombia sigue siendo nuestro centro de intereses y nuestro destino final pues mucho más vamos a vivir lejos (Si que le han dado palo a Navarro por esta frase).  Si como nariñenses no nos comprendemos como el centro de nuestra historia y protagonistas de la misma, pienso que Navarro podrá tener razón y burlonamente los citadinos nos dirán a los provincianos “es que son pobres y viven lejos” en la misma tonada infantil (que estoy seguro que Juanito Coral le compartió a Navarro).

3. Y tercera razón, porque matemáticamente y geográficamente, los números no mienten. Mientras el Pasto deberá recorrer más de 11.500 kilómetros en línea recta (como coger un mapa y trazar con un lápiz una línea entre dos ciudades) para cumplir con sus  20 partidos de visitante durante todo el año 2014 sin contar entradas a la ciudad de Bogotá para hacer conexiones (si no estoy mal la única ciudad a la cual no hace conexiones es directamente con Cali y lastimosamente el América está en la B), equipos como Millonarios o Santa Fe (mi amado expreso rojo) recorrerán aproximadamente 550 kilómetros para cumplir con el mismo calendario. ¡La mitad!

Entonces, sí que de verdad estamos en distancias ¡lejos!  Y esa lejanía cuesta; cuesta horas de traslado, horas perdidas en los aeropuertos, más gastos administrativos, genera ampollas y malestares en equipos y dirigentes que no quieren venir a Pasto.   Y que cada que puedan hacerlo, legal o extradeportivamente, lo van a intentar hacer (y si el Pasto como juega da papaya, pues mucho más). Es que si salir es una odisea, igual o peor es llegar.  Y si la ciudad más cercana parar llegar por vía terrestre está a un poco más de 250 kilómetros y con una vía tan maravillosamente arreglada como la de Junín – Barbacoas (ésta sí creo que no se la han recorrido los H. Congresistas o piensan que ya está pavimentada con los últimos recursos de la transparente licitación recientemente hecha para tal fin).

  1. Una deuda pendiente: Jugar el Clásico con el Atlético Ipiales

Las distancias seguirán siendo insalvables en términos de kilometraje y de logística a menos que construyan el Aeropuerto en Imués prometido por Uribe o  decidamos jugar en la Serie A de la liga ecuatoriana y nuestro clásico regional sea contra el Club Deportivo Oriental de Tulcán que, como coincidencia (este artículo comenzó con una y miren donde va), fue fundado un 12 de Octubre, pero del año 1941, al igual que el aclamado Super Depor.

En temas de los famosos clásicos regionales, sí que más vemos que menos encajamos en el mapa futbolístico nacional.  El rival más cercano es el Universitario de Popayán (mientras no se le vuelvan a llevar la ficha) y está en la B.  Y la ciudad natural de rivalidad que podría ser Ipiales tiene más posibilidades de tener un equipo profesional en la Liga Mundial de Tejo que de tener un equipo en la A (por ahora, ya veremos cuando quede listo el San Luis, eso dice mi primo que trabaja duramente por allá en el Aeropuerto).

El Pasto ha jugado sus “clásicos regionales” con equipos tan cercanos como el Bucaramanga, el Centauros (Villavicencio), el Boyacá Chicó (será por lo de la papa y la ruana), La Equidad, El Deportivo Cali (gracias a la maldición del Garabato  y de los Rodríguez que tiene a “La Mechita” en la B) y el Cortuluá.  Verdaderos “clásicos regionales”.

O, si tomando las cosas en serio por parte de los dirigentes, los hinchas y seguidores, se planifica un verdadero proceso deportivo y financiero, pensando que somos una ciudad ubicada en la periferia en un modelo social y cultural exageradamente centralista, que necesita de su Deportivo Pasto no solo para tener domingos de fútbol (o sábados, viernes, martes, miércoles y jueves, de acuerdo al capricho de la Dimayor) sino para seguir afianzando su identidad de ser y sentirse lo que ha sido, es y será.

Brian Finoki, un escritor dedicado a los espacios urbanos y el aporte de la arquitectura en la construcción social indica que: “Durante más de un siglo, los arquitectos han estado fascinados por la posibilidad de exceder los límites de las fronteras establecidas. El ‘muro’ se ha demolido; los bordes entre adentro y afuera, entre lo tuyo y lo mío, entre lo privado y lo público se han trasformado en un “entre” que abre y conecta”. ¿No deberíamos usar la experiencia de la arquitectura sobre los bordes para reconciliar las fronteras más obstinadas (como las que subyacen en Colombia) que existen entre las personas, las fronteras del estado y el sistema?  De pronto el fútbol, en esa extraña mezcla de pasión e identidad por lo propio, podría ser un buen aliciente.

¿Por qué no pensar a un Deportivo Pasto desde una perspectiva más allá de la idea de ver a once individuos con pantalones cortos corriendo atrás de una pelota?  Creo que la construcción de la identidad desde las periferias a través del fútbol es una materia pendiente en nuestra ciudad.

  1. Nadie nos quita lo bailado

El Pasto, en medio de sus precariedades, ha sido protagonista de primera línea en sus ya más de quince años en el fútbol profesional colombiano, mucho más de lo que han podido ser otros tradicionales equipos como el Pereira, el Bucaramanga, el Cúcuta o el encopetado Millonarios en sus últimos tiempos.

Hemos podido ser testigos de cinco finales, tres por el campeonato profesional en los años 2002, 2006 y 2012 y dos por la Copa Colombia en los años 2009 y 2012; la hinchada ha gozado el tener ya una estrella bordada en su escudo (ese escudo será tema para otro artículo) sin contar con la fallida final que pudo ser en el año 2004, cuando sólo necesitaba un empate de local ante el Junior, que en el cuadrangular no había ganado nada de nada, y que extrañamente un 20 de junio perdió y así el Nacional jugó la final ante el Medellín (nadie ha mencionado a la Dimayor, ni a dirigentes ni al técnico o jugadores de la época, por si acaso).

Hay que pensarnos que la periferia puede ser el centro y que el centro, lleno de abolengo y moho, puede convertirse en la periferia.  El país y la sociedad lo reclama; los pueblos de frontera condenados al olvido y al ostracismo en Colombia exigen el pago de la deuda social que para con ellos tiene el centro.

Y es que el Deportivo Pasto no es el único equipo en el mundo que sufre o lucha frente a los centros de poder deportivos y económicos que se han tomado el fútbol. En Bolivia el Real Potosí ha salido una sola vez campeón (2007) luchando en contra del poder que representa La Paz o Santacruz de la Sierra; En Chile, el dominio de los equipos de Santiago se ve roto por la presencia del Cobreloa (8 veces campeón), ubicado en la región norte de Chile o el Cobresal o el Huachipato; en Ecuador el poder futbolístico y económico que se disputan Quito y Guayaquil se ha visto interrumpido por el solitario campeonato del Olmedo de Riobamba (2000) o el del Deportivo Cuenca (2004).

Igual sucede en las periferias de México, Paraguay, Brasil o Argentina en donde la excesiva concentración de los equipos de fútbol en ciudades como México D.F, Asunción, Buenos Aires, Sao Paulo, Río de Janeiro y sus respectivas ciudades satélites hacen que equipos como Jaguares de Chiapas (si, Chiapas el estado lejano del sur en donde nació el Ejército Zapatista y su reconocido comandante Marcos como respuesta al olvido central) o el Deportivo Santaní en Paraguay pasen desapercibidos o tengan que librar una lucha titánica al igual que lo hacen el Unión de Santa Fe, el Colón o el Gimnasia y Esgrima de Jujuy en Argentina ante la mayoría de equipos ubicados en Buenos Aires sin que hasta ahora hayan podio saborear las mieles del triunfo como lo ha hecho el Deportivo Pasto.

Lo mismo acontece con el Melgar FBC de Arequipa que  logró ganar un título en 1983 y o el Cienciano del Cusco que levantó la Copa Suramericana en el año 2013, ubicados al sur del Peru,  demostrando que las periferias si existen y luchan en contra del centralismo limeño; igual sucede con el Esport Recife que disputa año tras año sus encuentros contra los encopetados equipos de Río o Sao Paulo para demostrar que el norte del Brasil también es parte del país.

Así mismo pasa en tantos otros países del mundo, en Europa el Middlesbrough (Boro) o el Newcastle ingleses, el Montpellier francés, el Mainz 05 (donde si no estoy mal aún juega Elkin Soto)  y el Eintracht Frankfurt, campeón de lo que ahora es la UEFA Europa League en 1980, en su lucha contra el todopoderoso Bayern Munich (24 títulos de liga y 17 trofeos de la Copa de Alemania) o el CS Maritimo portugués contra el Benfica, el Porto y el Sporting lucha como David contra Goliat.

O quizás lo más cercano a nosotros por estos tiempos como lo es la Liga de España en donde de los 83 campeonatos disputados 64 se reparten entre el real Madrid (32), el Barcelona (22) y el Atlético de Madrid (10), haciendo de esta no una de las ligas más emocionantes sino una de las más aburridas y predecibles (Casi todos los demás equipos ya no juegan parar ser campeones sino para saber quién puede quedar de terceros como si fuera ya este todo un título).   Es esta “disputadísima” liga, rechinan equipos como la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao (los equipos vascos) que le han dado en 10 ocasiones un dolor de cabeza a los “oligarcas” madrileños y catalanes, no solo por lo que es el fútbol sino por toda la carga política y cultural que consigo lleva.

Y ni qué decir del Deportivo La Coruña (el Super Depor), el equipo gallego (si se acuerdan de la connotación que tienen los gallegos en España) que en el año 2000 consiguió romper con 94 años de sequía (como gozarían los gallegos en ese día así como nosotros los pastusos en el 2006). Al igual que a nosotros, a Galicia se le carga de chistes y de mofas debido a que dicha provincia siempre ha sido la región más aislada de España, por consiguiente durante mucho tiempo se les considero como ignorantes, supersticiosos y pobres (nosotros lo estamos aprendiendo a superar al hacer nuestros propios chistes, no sé si lo están logrando los gallegos, sobre todo los de Lepe y los de Guaitarilla).

Y así en muchos, o casi en todos los países del mundo en donde el centralismo político y económico, quiere relegar a un sinnúmero de pueblos al ostracismo o a migrar en busca de un falso bienestar hacia las grandes ciudades aumentando solamente los cinturones de miseria y despojando a nuestros pueblos de sus valores, sus símbolos y sus costumbres.

  1. Esperando no llegar al fin

El Pasto ha jugado (si no me fallan las estadísticas, o si no culpen a la RSSSF) más de 624 partidos por la liga profesional, ha ganado un tercio de ellos, empatado otro tanto y perdido un poco más de 220, acumulando algo así como 805 puntos (lejos de los 5000 que ya tiene Millonarios, pero con muchas más glorias en su historia reciente) y si mejora mantiene este rendimiento en unos cinco o seis años sus hinchas podrán cantar el gol número mil en el fútbol profesional.  Y cada partido ha sido y será una lucha más allá de los puntos.

Pero si seguimos pensando con el corazón y los sueños de que el amado equipo de la tierra se codee de tú a tú con el Barcelona  o el Real Madrid y se sigue planificando como si fuera el Atlético Juanambú (con el respeto que se merece el único equipo veredal que he visto salir campeón en el torneo municipal de Buesaco, con puros criollos de la vereda, por las mismas épocas del poderoso Kokoriko Tolima) pues seguiremos asistiendo una y otra vez al escenario trágico al cual concurrimos ahora.

El Deportivo Pasto debería ser fútbol pero también más que fútbol, pensarle como el centro que recoge la identidad del ser nariñense (pero si sus jugadores ni siquiera son en un gran porcentaje de la tierrita y juegan igual que mercenarios) y que puede aportarle mucho a que este pueblo llamado de la periferia contribuya en la construcción de un nuevo país al igual que lo luchan dentro y fuera de la cancha otros equipos y pueblos del mundo entero.  Más allá de si somos hinchas o no del equipo, guste o no nos guste el fútbol o solo seamos “clasiqueros” que asistimos a las finales.

Apostilla:

El día que jugó el Pasto contra jaguares de Córdoba no pude ir al estadio por cuestiones de trabajo; por la noche me enteré que había perdido 2 a 0.  Lo presentía, por el desgaste que implicó el viaje y por la compañía que les tocó en el vuelo.  Yo pensé por un momento que el haber viajado con los H. Congresistas les había traído la sal igual que la maldición del Garabato al América, ahora con más calma y con el paso de los partidos no me queda la menor duda.

Sus comentarios y sugerencias las pueden hacer escribiéndome al correo juanpavil@gmail.com. ¡Son todas bienvenidas!