¿Usted no sabe quién soy yo?


¿Usted no sabe quién soy yo?
Con esta frase, de absurda arrogancia, abrieron los titulares noticiosos de los medios informativos colombianos, aprovechando una situación conflictiva con la policía en estado de ebriedad del joven Nicolás Gaviria, quien manifiesta ser sobrino del expresidente César Gaviria. Es tal la superficialidad mediática e informativa que los videos sólo alcanzan a difundir el hecho sin mayor profundidad, y más bien alimentando un sensacionalismo ramplón a partir de un escándalo que deja sin palabras a unas cómplices autoridades policiales.
Algunos afirman que muchos borrachos dicen verdades que en sano juicio no se atreverían, acaso no es una verdad de a puño que autoridades militares se engrandecen con los humildes y débiles, y se “achicopalan” con los “personajillos” como estos que se atribuyen algunas gotas de poder, ya por llevar un “prestigioso” apellido, por ocupar un alto cargo, por portar un uniforme o estar investido de algún inocuo privilegio, que supuestamente, los pone por encima del común de la gente.
Lo que deja al descubierto este sonado episodio es algo que todos sabemos, pero que pocos se atreven a denunciar: el tráfico de influencias que ejercen algunos en contra de una ley de la cual se burlan, atropellan y manipulan a su antojo, donde el abuso de poder es legitimado por el hecho de estar en un estatus por encima de los ciudadanos de a pie.
Aquí el parecido con la realidad no es un “pura coincidencia”, es esa otra realidad corrupta que pervive en las sombras del poder en instituciones públicas y privadas, Son muchos los personajillos que más allá de sus reprochables comportamientos por una simple “pasada de copas”, dejan al descubierto la perversión de sistemas de control policivo y la fragilidad de las autoridades ante los poderosos.
Desafortunadamente lo más triste es que este no pasara más allá de un episodio “vergonzoso” justificado por unas copas de más, por un joven de familia distinguida, y que fue grabado infraganti diciendo, no cosas de borracho, sino verdades de una realidad que cínicamente retrata la forma como actúan las autoridades en diferentes casos, como si la justicia sólo fuera para los de ruana.
Como si las delirantes amenazas de traslado al Chocó, a Nariño o a lejanos lugares de la geografía nacional fuera el castigo para quienes se “entrometen” en los abusos y desmanes de un personajillo que hace parte de la clase política dirigente de este país, y que por este sólo hecho puede burlar a las autoridades a su antojo.
Hasta cuando tenemos que presenciar situaciones como estas por parte de concejales, congresistas o familiares de políticos, sin que sólo pase ser un “sencillo” asunto de tragos. Esto será posible el día en que la realidad “cuerda” y normal destierre de la mente de los políticos, dirigentes y autoridades las prácticas de corrupción y tráfico de influencias, y se dé pasó a una nueva generación de dirigentes ciudadanos cuyos delirios alcohólicos les permitan saber con respeto y modesta claridad ¿quién soy yo? y ¿quién es el otro?

narino.info