Envenenamiento de perros en Ipiales: silencio oficial, lo más indignante

Por Víctor Chaves Rodríguez

Nos es nada nuevo. La muerte por envenenamiento de 18 perros en Ipiales y el silencio absoluto de todas las autoridades locales y regionales pone de nuevo en evidencia el estado crítico en que se encuentra el tema de la protección de los animales domésticos y de uso urbano en esta ciudad, en el departamento y en el país en general.

Pero mientras las redes sociales y muchas páginas especializadas del mundo entero divulgaron con indignación y repudio la acción macabra de ingresar a un refugio de animales para propinarles una muerte cruel, a nivel regional se tomó como un hecho más, en una cadena que parece interminable pero que también caracteriza un comportamiento social y mental de los seres humanos cada vez más aberrante.

¿Hechos aislados? Cada autoridad, entiéndase alcalde o comandante de Policía interpretará las cosas a su acomodo y, si es que hablan dirán que se trata de eventos sin conexión alguna. La verdad, sin pensar en complots o algo por el estilo es que la violencia contra  los animales domésticos es de vieja data pero ahora parece sistematizarse.

En Ipiales se vienen registrando hechos que denotan una evidente cacería de caninos por las calles y también zonas en donde se sabe que se concentran los animales abandonados en las calles por sus propietarios originales. La utilización de cianuro también demuestra que no es algo espontáneo sino que se trata de la ejecución de planes soterrados y que muy posiblemente hay gente gastando dinero en estos propósitos.

Pero lo mismo viene sucediendo en Pasto, no solo en los sectores populares sino en muchas partes de la ciudad, prácticamente sin distingo social. Otros pocos reportes extraoficiales señalan que hay situaciones similares en otras poblaciones en donde inclusive se recurre al ahorcamiento y la muerte a palos.

¿Por qué el silencio?

A pocos meses de comenzar oficialmente la campaña electoral que conducirá a la renovación de los cargos públicos locales y regionales más importantes, nadie quiere comprometerse con un hecho tan serio como la  masacre premeditada de perros.

Pero a partir de mayo, todos los candidatos serán verdes, ecologistas, protectores del medio ambiente y por supuesto de las mascotas. Es una tendencia que se viene observando desde hace unos 8 años, cuando los medios virtuales y las redes sociales propiciaron otra forma de abordar a los candidatos por parte de las comunidades.

Lamentablemente la presión de los jóvenes y los colectivos populares no ha sido significativa en la realidad. Las normas vigentes se quedaron cortas hace mucho tiempo y ahora se espera una ley en el Congreso que implemente nuevas sanciones, mucho más fuertes y estrictas contra las personas que actúan con violencia contra los animales.

Pero de ahí no ha  pasado las cosas. La Policía no actúa a cabalidad, no parece interesada y los recursos logísticos que destina para la atención de mascotas y de animales que permanecen en espacios públicos, son pírricos. La conciencia  a nivel de patrulleros y subintendentes es muy baja y se sabe que  perros que han sido atropellados a menos de una cuadra de un CAI, por ejemplo se han muerto desangrados por la falta de atención.

En las alcaldías tampoco hay dinero para este tipoi de gastos y ni siquiera existe la voluntad política de entrar a buscar alternativas; sobre el tema de vehículos de tracción animal no quieren ni escuchar a quienes pugnan por una regulación o la eliminación de este sistema de transporte de pesadas cargas o pasajeros.

Inconsciencia colectiva

Si se mira con objetividad, se concluye con rapidez que  la sociedad en regiones como estas no está preparada para brindar las más mínimas condiciones dignas de convivencia a los denominados animales domésticos.

La emoción con que se recibe  a un gato o un perro cuando recién llega a la casa se convierte muy pronto en puro desinterés y hasta aburrimiento por tener que limpiar los desperdicios de estos animalitos. Así que, bien pronto, se van para la calle a sufrir lo indecible.

A pesar de que todos saben y reconocen esta realidad, no se cambia de actitud. Se sigue trayendo animalitos al mundo para meterlos a un cruel manejo y mercadeo de sus existencias dejando en manos de la fortuna el destino que tendrán en su futuro.

Una terrible realidad que por ahora no va a cambiar, así que a quien le interese debe prepararse para seguir escuchando noticias aberrantes de violencia contra los animales y la verdad es que a muy pocos esto no pasará de ser un simple chisme.