El oficio (¿la jartera?) de buscar plata para hacer una película

Por Víctor Chaves Rodríguez

Hacer una película ha sido definido por muchos como algo similar a un parto. Para otros se trata de un sufrimiento mayor, pues la “parte más verraca de todo este cuento”, como lo dijo Salvo Basile en una de sus venidas a Pasto para gozarse el festival Internacional de la ciudad, “es la bendita conseguida de la plata. Eso ha provocado el retiro de más de uno, inclusive de los más grandes”.

Alguna vez el fallecido periodista y hombre de cine barranquillero Ernesto Mac Causland, comentó que había que buscar la forma de hacer películas “sin tener que doblar la cerviz”. Él como algunos colegas en Nariño era de los que pensaban que definitivamente el tamaño del presupuesto no definía ni la categoría, “ni siquiera el estilo de la película”.

Y hace poco alguien de estas tierras, Juan Esteban Cabrera Estupiñán reconoció que aunque no se puede negar el esfuerzo de los realizadores locales, no es necesario reunir 2.500 millones de pesos para hacer nunca gran película. E insistió en lo que ya han dicho mucha gente del cine en todo el mundo, el monto, por más alto que sea, no garantiza una buena producción.

“Hay que  gente que gracias a la cooperación internacional ha podido acceder a interesantes presupuestos para realizar películas con muchos lujos. Sin embargo, al final no han salido con nada”, comenta Estupiñán.

Como se ve no es un asunto de alguien en especial, sino en general un pronunciamiento que se está volviendo universal y que inclusive tiene matices políticos, pues muchos se centran en estas argumentaciones para hacer críticas al cine capitalista estadounidense, que en realidad ahora tiene más capital chino y de otras latitudes que de los propios gringos.

La dimensión gringa

La dimensión que Hollywood le da históricamente al cine es espectacular, pero también demarcó algunos límites propios de la economía de mercado que solo favorecen a los poderosos, que no tienen problemas en invertir 500 millones de dólares en una película que le dejará mil mill0ones en utilidades.

El negocio del cine implica también cada ciertos periodos de tiempo, como diría Gabriel García Márquez, de voraces grupos empresariales que se quiere apoderar de todo. Las estructuras de producción que montaron ilustres hombres del cine como George Lucas y Steven Spielberg, entre otros, desde hace varias décadas, hoy son parte de grandes pulpos que mueven miles de millones en el mundo entero.

La ruta del mercadeo

Aunque a escala colombiana, es decir ya no hablando en dólares sino en pesos criollos,  hay una tendencia hacia la monopolización, por lo menos de ciertos segmentos del negocio, como la distribución, por ejemplo, existe aún mucha gente que se quiere resistir a ser involucrados en esta tendencia, a sabiendas de que si no hay otras alternativas habrá que sucumbir y vender su alma al diablo, que es otra forma de decir entregar su película las multinacionales dueñas de las salas de exhibición y de los negocios vecinos.

¿Será ese el destino de “De Topos y Sapos”, por ejemplo”? La producción local cuyo costo final ha sido tasado en varios miles de millones de pesos ha recurrido a diversas y muy creativas estratagemas para captar algo de ese dinero, con mucho optimismo y no han bajado los brazos en este propósito.

Pero es que lo malo es que, así se crea que una vez terminada la película ya solo habrá que esperar los ingresos para compensar gastos y deudas, la verdad es otra: habrá que seguirse endeudando para las copias de la película, su distribución y hasta la preservación. Entonces, las señales son claras: tarde o temprano este histórico y esperado filme entrará en las fauces de los monopolizadores del cine.

O sino habrá que preguntarle a Juan Carlos Melo, director de Jardín de Amapolas, película que aunque se realizó entre 2007 y 2009, finalmente el público la pudo ver a finales de 2014. A quienes le apoyaron en la producción, él esperaba retribuir de alguna manera por el esfuerzo y la confianza.

Pero, oh sorpresa, después de tantos años de lucha por mostrar a esta que se considera desde ya como una de las mejores producciones nacionales, Melo está ahora más endeudado.

Por eso no hay que sorprenderse que Sergio cabrera uno de los directores de cine más afamados de Colombia esté prácticamente al margen del cine nacional debido “a la mamera de tener que salir a buscar plata para hacer una verraca película”.