Más de 30 años de lucha (¿infructuosa?) contra Monsanto y sus colegas. No es una celebración, ni tampoco una fecha para conmemorar algún evento especial. En realidad sobre este tema se puede hablar y escribir a cualquier hora del día o la noche y también en la Metrópoli en el último rincón del planeta.

La contaminación por el uso indiscriminado de herbicidas y fungicidas en los sembrados comenzó a preocupar públicamente a la clase dirigente a partir de los 80, después de muchas décadas de libre albedrío por parte de productores y usuarios. Varias de las grandes multinacionales del sector fueron forjadoras históricas de distintos capítulos del denominado Sueño Americano y por eso han sido tradicionalmente intocables.

Pero en todo caso no fue coincidencia que esta actitud estuviera a la par del surgimiento de los movimientos ambientalistas y defensores de los recursos naturales. Fue la presión política de organizaciones populares y sociales de gran envergadura la que obligó a los dirigentes a preocuparse por el presente y el futuro del mundo, reconociendo de paso un panorama en el que los fungicidas, fertilizantes y relacionados tienen muchas respuestas y explicaciones por dar.
Sin duda fue un cambio de actitud notable. Para muchos fue el comienzo de un sueño que se empieza a convertir en realidad. Pero qué va, los resultados alcanzados hasta el momento han tenido una significancia mediática y de imagen, con algo de motivación. Pero la realidad es tan clara, como cruel a veces: la irracionalidad del hombre y el peso abrumador de los grandes industriales tienen hoy al mundo más al borde del abismo que nunca.
Monsanto, el negocio a costa de todo.

Analistas del mundo entero, que por lo general son enemigos del enfoque capitalista de la globalización sostienen que un combo de no más de cinco emporios controla la red agroindustrial del mundo entero. Entre estas figuran Monsanto, que de ser empresa química es estimada ahora como una de las más importantes “productoras agrícolas”, Nestlé y otras muy reconocidas en Latinoamérica, Colombia y Nariño.

La historia no es corta. Empieza con la llegada del Siglo XX y durante muchas décadas sus ejecutivos se las han ideado para permanecer siempre en las esferas de los más poderosos. Por eso no han dudado a la hora de las mutaciones.

Ecoportal.net comienza así a describir la vida empresarial de esta firma norteamericana que siempre ha tenido su base principal, en San Luis, Estado de Missouri: “Hacia los años 20, Monsanto se convirtió en una de las principales compañías fabricantes de ácido sulfúrico, y PCB’s (bifenilo policlorado), entre otras sustancias químicas que se utilizan en la industria electrodoméstica e hidráulica. Durante los años 40 el negocio de Monsanto estaba enfocado principalmente en la fabricación de plásticos y fibras sintéticas. Desde aquellos años, Monsanto se ha mantenido entre las 10 compañías químicas más grandes del mundo. A finales de los años 40, Monsanto fabricaba herbicidas que contenían dioxina, una sustancia altamente contaminante y que había enfermado a muchos trabajadores y personas que estuvieron en contacto con ella. Fue así que hacia los años 50 los especialistas en guerra química de los Estados Unidos se interesaron en esta sustancia como una posible arma química y Monsanto hizo acuerdos con ellos”.

Las perspectivas que se abrieron a partir de este momento para Monsanto fueron muchas y muy variadas; como nunca para ellos la responsabilidad con el Planeta y los seres vivos debía adquirir un enfoque que aunque los demás no lo entendieran para ellos no significaría otra cosa que más dinero en sus bolsillos.

El hecho de que en la mitad de la segunda década del nuevo milenio la multinacional aparezca en listado de las cinco empresas más productivas y rentables del sector agropecuario, es para sus dueños, un paso lógico en el largo proceso evolutivo que vienen desarrollando. Para sus detractores es una ofensa sin reparo a la dignidad de la humanidad, los seres vivos y el mundo en toda su composición. Así de grande. Así de sencillo.

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La posición de Monsanto

El medio de tendencia conservadora más importante de Argentina, La Nación, publicó un artículo que recoge las palabras del CEO de Monsanto Hugh Grant y pasa por encima de los riesgos nocivos de los productos de esta firma.
Algunos detalles de esta nota periodística que no se preocupó en lo mínimo por la objetividad son los siguientes:
“Monsanto Co. ha encontrado un terreno fértil en las cosechas transgénicas y en el auge agrícola global, pero la mayor compañía de semillas del mundo también ha engendrado su dosis de controversia”.

“Sus detractores la acusan de defender alimentos riesgosos y consideran que simboliza un sistema alimenticio dominado por unos cuantos gigantes a costa de la pequeña agricultura. Sus antecedentes como productor de químicos le han valido un estigma del que le cuesta desprenderse”.

La compañía, dirigida por Hugh Grant, sin embargo, ha revisado su plan de precios para apaciguar a los pequeños agri-cultores y se mantiene firme en la defensa de los transgénicos. Asimismo, la ventaja de Monsanto sobre sus rivales está creciendo. Después de que su ganancia se precipitara 47% en 2010, acumula un alza de 87% en los dos últimos años. Grant, un escocés de 54 años, dialogó de la siguiente manera:

En el centro del debate está la seguridad. ¿Cómo sabemos que los transgénicos son seguros?

Se trata del producto alimenticio que se ha sometido a más pruebas en el mundo. Europa estableció su propia Agencia de Seguridad Alimentaria, que ha invertido más de US$400 millones y ha concluido que estas tecnologías son seguras. (Hace poco) Francia determinó que no hay riesgos en una variedad de maíz que presentamos allí. Siempre hay una gran cantidad de ruido político, pero si uno se limita a la ciencia, se da cuenta de que es muy sólida en el caso de estas tecnologías.

Hace tres años la compañía protagonizó una seguidilla de malas noticias, incluyendo un pobre desempeño, preocupaciones sobre la salud de su negocio de semillas y una revuelta de los agricultores sobre la fijación de precios. ¿Cómo revirtió esa situación?

Volvimos a lo más básico y nos reconectamos con nuestros consumidores. Nos centramos en la consistencia. Nos volvimos predecibles sobre nuestros precios; consistentes en nuestro mensaje, y hemos estado haciendo un seguimiento a lo largo de un período de tres años. Nunca se acaba. Hemos enderezado el rumbo.
Dos de sus altos ejecutivos tienen experiencia en el negocio de los vegetales. ¿Es una coincidencia? ¿Cómo cree que crecerá la industria?

La fruta fresca y las hortalizas de alta calidad se están volviendo cada vez más importantes. Así que vemos una oportunidad ahí, pero esa oportunidad en las verduras se verá impulsada por dónde nosotros invirtamos nuestro dinero. Estamos apostando por la nutrición y el sabor. Muchos vegetales lucen muy bien, pero no tienen sabor. Creemos que el con-sumidor estará dispuesto a pagar más por un mayor valor nutritivo y un mejor sabor.
Los detractores de los transgénicos atacan con fuerza a la industria. ¿Se convierte esa crítica en un problema para los inversionistas o amenaza con desalentar a los empleados?

Creo que parte de esa crítica se debe a que somos los primeros en muchos espacios. Prefiero estar ahí que al final de la cola.

¿Hasta qué punto le preocupa el cambio climático y sus efectos sobre la agricultura y, más concretamente, Monsanto?

Evaluamos eso hace unos tres o cuatro años. E pedY a continuación, cuál sería el efecto sobre la agricultura en general y nuestro negocio en particular.

“Las conclusiones que sacamos fueron: «Definitivamente hay algo ahí. No se trata de una anomalía. Hay suficientes pruebas que sugieren que (el planeta) se está calentando». Para la agricultura, eso sin duda presentará desafíos, en un momento en que necesitamos producir más en un medio ambiente sobrecalentado. En un plazo más largo, tendremos que centrarnos en la reproducción de cultivos para acomodarnos a esos cambios en las temperaturas”.

Por Victor Chaves