Policía Rural integrada por exguerrilleros, entre la conveniencia y la demagogia. La desmovilización de los grupos guerrilleros en Colombia cambiará de nuevo el paisaje social y político del país y sus cimientos serán puestos a prueba, mediante retos que obligarán a todos a cuestionarse entre muchas cosas, su verdadera capacidad de reconciliación y convivencia.

Algunas semanas atrás, el propio presidente Juan Manuel Santos introdujo en la agenda temática nacional una iniciativa para crear una policía rural que se alimentaría con los miembros de los grupos armados que terminen desmovilizándose.

Por supuesto la sola idea produjo un mar de reacciones de todos los calibres, aunque los medios nacionales se quedaron en las posturas políticas y en la de algunas figuras, varios periódicos virtuales alcanzaron a sondear algunas reacciones en las regiones, en donde el conflicto armado es pan de cada día.

¿Qué tanto arraigo puede tener una iniciativa de este tipo entre los pobladores de las zonas en donde la guerra en diferentes expresiones siempre ha estado presente? La sola pregunta genera de inmediato más dudas que seguridades y tanto amigos como renuentes inmediatos aparecieron pero sin ocultar sus dubitaciones, exceptuando por supuesto las posturas demagógicas o politiqueras, que existen sin lugar a dudas a lado y lado del filo de la opinión pública.

Pero por encima del necesario debate todos deben tener en claro que será necesario tomar medidas profundas y muy bien pensadas a la hora de hablar de la seguridad rural una vez que los alzados en armas firmen la cesación de la guerra.

El futuro de la Policía

Luis Eduardo Trujillo, docente universitario y miembro del equipo de AGENDA DE PAZ NARIÑO es de los que piensan que en realidad la Policía Nacional, como institución jamás ha tenido en Colombia un compromiso claro con la seguridad en los campos, mientras que su presencia se ha intensificado especialmente en zonas en donde hay presencia de bandas de delincuentes y grupos armados con plena organización logística y operativa.

Hace más de diez años académicos como el profesor Gonzalo de Francisco mencionaban como a través de la historia del propio conflicto colombiano, la institución se había extraviado en un sinnúmero de órdenes, tácitas o escritas, muchas veces contradictorias entre sí o entre las normas madre y sus aplicaciones.

La Policía por ejemplo cumple en el campo funciones militares y muchas veces ha debido seguir el paso de la tropa o por el contrario, actuar como carne de cañón en muchos actos del conflicto. Está en corregimientos y veredas alejadas pero no para proteger a la comunidad de cuatreros y otras formas de delincuentes comunes, sino para enfrentar a la guerrilla.

De Francisco  también explica que en cambio, los grupos alzados en armas en Colombia siempre tuvieron un perfil rural. El campo siempre fue su escenario de operaciones que no son exclusivamente militares. Por más que se han querido ocultar de la opinión pública centralista, son conocidas muchas versiones que cuentan sobre hechos de la presencia histórica de los alzados en armas en zonas rurales de cualquier lugar de Colombia.

Además de jueces y conciliadores, los guerrilleros ganaron importante estatus entre las comunidades, llegando inclusive a ser depositarios de  confesiones prohibidas y fortunas ocultas de familiares ambiciosos, entre muchos ejemplos.

La guerrilla dirime en casos de tierra; soluciona temas de ganados y reprime a los ladronzuelos; maneja el comercio, establece turnos para evitar injusticias comerciales; decreta toque de queda cuando lo considera perentorio para la tranquilidad de la región, en fin no se podrá negar que algo de experiencia policiva ha logrado acumular luego de tantos años de plomo.

Las versiones de las comunidades también señalan que cuando se produjo la guerra del narcotráfico en el monte, es decir la pelea por los territorios sembrados, los laboratorios y las rutas para sacar la cocaína hacia los puertos de embarque, las bandas criminales o paramilitares que en determinados momentos suplieron la autoridad de los guerrilleros en esas no zonas, jamás estuvieron ni siquiera cerca de ganarse algún tipo de reconocimiento en este sentido, diferente al de carniceros, violadores y salvajes. “Es increíble que después de 20 años extorsionándonos llegáramos a  extrañar a los guerrilleros, por la simple razón de que quienes llegaron a reemplazarlos eran peores”, dijo hace poco una refugiada del norte de Nariño.

Posturas oficiales

Para el propio general Rodolfo Palomino, comandante de la Policía Nacional en la práctica “no existe propuesta alguna sobre la creación de la Policía Rural”, así sea que su propio jefe el presidente Santos hizo el anuncio en Francia. Esto no se interpreta como desobediencia, sino como la evidente sorpresa que nivel castrense causó la formulación, para la cual el país no está, por lo menos hasta este momento preparado.

Una postura similar ser escuchó a nivel regional. El comandante de la Policía Metropolitana en Pasto, Coronel Javier Pérez Wats apenas se limitó a comentar que “lo que aquí hay es la Policía Nacional. No hay una Policía Rural y por eso no puedo opinar sobre algo que no existe”.

Por su parte Jaime Rodríguez, secretario de Gobierno de Nariño y quien ha sido un promotor de la construcción de paz desde los territorios piensa que “un gran factor propiciador de la guerra y el conflicto es la ausencia del Estado en sus diferentes expresiones, empezando por la seguridad y la justicia. Si se pretende que la paz prospere y perdure  se deberán atender estos hechos de inmediato y ahí los guerrilleros desmovilizados podrían jugar un papel muy importante”.

El secretario técnico de AGENDA DE PAZ NARIÑO, Zabier Hernández señaló también que “un hecho claro es que los guerrilleros se desmovilizarán, entregarán sus armas, pero no se marcharán de la región en donde siempre hicieron presencia, pues allí tiene a sus familias y sus raíces”.

El presidente Santos abrió las puertas para una gran discusión sobre este importante tema. Ahora se espera la mayor luz posible para que se tome la decisión que garantice tranquilidad y la perdurabilidad de la anhelada paz.

Por Victor Chaves