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El Carnaval de Pasto, Patrimonio de la Humanidad. Anteriormente, la noción de patrimonio se refería exclusivamente a bienes materiales, a monumentos y objetos históricos. Hoy el concepto de patrimonio inmaterial se refiere a las tradiciones y expresiones propias de una comunidad que ha heredado de sus ancestros y reconoce como parte vital de su identidad y memoria colectiva. Este patrimonio se trasmite de generación en generación. Cuando el Carnaval de Pasto fue declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, la denominación se refería al patrimonio que no se puede tocar o palpar, que se manifiesta y se trasmite mediante la palabra hablada; que no se puede guardar en museos. En este sentido, las carrozas, los danzantes, los grupos musicales, los disfraces, son la representación material de un patrimonio cultural inmaterial que le es inherente.

Las fronteras entre los campos del patrimonio inmaterial son difusas y fluidas. Una ceremonia de un curaca o taita del Putumayo, por ejemplo, comporta a la vez elementos de diversos campos: rezos, cantos, atuendos y objetos particulares; el uso de narcóticos extraídos de la naturaleza (yagé); igualmente incluye la maloca como lugar sagrado o espacio cultural y un conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas para los rituales de sanación.

Nada más difícil que explicar cómo nacen y se trasmiten los conocimientos y expresiones del patrimonio cultural inmaterial. Los orígenes, que dan inicio a procesos evolutivos, se remontan generalmente a tiempos lejanos. Este patrimonio se crea en el seno de una comunidad específica con elementos que satisfacen sus necesidades espirituales. Se forma en interacción constante con elementos de su historia, tradición, creatividad, imaginación, sensibilidad y creencias; en interacción con la vida cotidiana, con el medio natural y con la manera de concebir el mundo y las cosas. Al paso del tiempo, los elementos nativos del patrimonio son susceptibles de recibir múltiples influencias de su entorno, de otras culturas. Se puede hablar entonces de un enriquecimiento constante pero en algunos casos el patrimonio puede sufrir alteraciones que lo desvirtúan. De aquí nace la preocupación por salvaguardarlo.

Se trata entonces de fenómenos y estados emocionales que, en algunos casos, van más allá de lo humano y hacen parte de la magia. El carnaval de Pasto tiene origen remoto y nace como resultado de procesos de acumulación y selección de diversas expresiones culturales, donde se manifiesta el costumbrismo indígena, la influencia negra y europea. Es una mezcla de tradiciones populares y folclóricas, compendio de entusiasmos y habilidades, despliegue de creatividad, de valores sagrados, profanos y afectivos; mestizaje de danza, música, arte y artesanía. En el carnaval la gente se reúne para compartir actuaciones conjuntas que se manifiestan de manera heterogénea y de alguna manera difusa mediante voces, sonidos, gritos, aplausos, músicas, gestos, con las cuales establecen, a través del presente, consciente o inconscientemente, un lazo de unión con un pasado común.

Un desfile de carnaval y una procesión religiosa en la ciudad de Pasto, comparten expresiones semejantes. En ambos hay un desarrollo secuencial de estampas alegóricas, en espacios públicos, que sucintan gran emoción en la gente, aunque de alegría mundana en el primero y de devoción a las cosas santas en el segundo. En su versión mestiza, ambas expresiones provienen de la combinación compleja de elementos diversos de la lúdica andina y europea, del ritual indígena precolombino y de la liturgia católica impuesta por los españoles.

El Son Sureño, que se toca en Carnaval es derivado del bambuco fiestero colombiano, integra elementos culturales europeos y tradiciones de los esclavos de origen africano. Tiene además un aire nostálgico legado de la raza indígena de los andes. Una melodía como la Guaneña produce en el Carnaval un gran estado de emoción que incita al baile. Pero también expresa un estado ambivalente de “alegre melancolía” derivado posiblemente de la rudeza que debió soportar, especialmente la ciudad de Pasto, durante las guerras de independencia donde vivió victorias heroicas y trágicas derrotas.

Una condición fundamental del Carnaval como Patrimonio es que nació como creación colectiva, es el pueblo que lo ha creado, lo mantiene y lo trasmiteDe esta manera, el pueblo es su “propietario natural”. Es quien debe participar en la identificación y definición, y decidir qué prácticas o expresiones hacen parte de su patrimonio. La práctica, promoción y salvaguarda del patrimonio cultural sirve esencialmente para que los seres humanos tengan sentido de pertenencia, de identidad y de continuidad. Tomen  conciencia que el patrimonio no se acaba con ellos, que es una herencia valiosa para trasmitir a las próximas generaciones. En este sentido, el patrimonio ya no es solamente el pasado que un grupo humano reclama como propio; es también su futuro.

Por Julián Bastidas Urresty

Arquitecto-Urbanista, escritor, historiador e investigador académico.  Ha publicado tres libros: “Cuaderno de Campaña”, “Historia Urbana de Pasto” y “Son Sureño”. Ha sido Director de Cultura del Municipio de Pasto.