Foto: carnavaldepasto.org
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Un carnaval de todos. Mi referente personal del carnaval inicia en los primeros años de vida, cuando lo mejor del año era esperar a “ensuciarse” con el permiso de los papás, el admirar los bailes, las enormes carrozas y al final de cada día el baño con agua caliente y estropajo en mano eran obligatorios año tras año.  Sin embargo hoy las cosas han cambiado un poco, o mucho, después de recibir el honroso título de patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad, el carnaval de negros y blancos está más cuidado, la corporación se ha encargado de resguardar eso que fue patrimoniado, cada día, cada desfile y el juego que nos hace distintos a otros carnavales del país.

Lo que nos enorgullece de nuestra fiesta magna, es que es participativa, sin distinciones de raza, de credo, de edad o estatus social, aquí todos y todas somos uno con el juego, aunque algunos se enojen porque se les hecha un “polvito”, pero me preocupa como cada día desde el 2 de enero tiene su dinámica propia, el día de las colonias cuando los residentes en Pasto que son de los municipios nos muestran de donde vienen, el día de los niños que es en ultimas la educación para ser cultores del carnaval, en la tarde de ese 3 de enero los danzantes que nos recuerdan lo andino de nuestras costumbres y las creencias propias de nuestros ancestros, el cuatro de enero que simboliza el trasteo de nuestros campesinos, la historia de una tierra que merece ser recordada, pero se llega el 5 de enero, el día de los negritos, el día que el cosmético es el protagonista, donde se conmemora el descanso que tenían los esclavos, pese que algunas comunas participan con las murgas y desfiles hasta la plaza del carnaval, para muchos es el día de quedarse en la casa y guardar energías para el 6 de enero, el día de los blancos, día del desfile grande como le decían los abuelos, día en el que hay que madrugar para coger buen puesto en la senda, llevar la pinta carnvalera y el kit de carnaval comprado desde el día anterior.

La diferencia entre el 5 y 6 de enero es evidente, es preocupante y es patrimoniada, entre el día de negros y blancos la programación cultural, artística es notoria, y el esfuerzo por mantener ese distingo es arraigado a la costumbre del juego de la pintica y el talco. La preservación del carnaval está ligado a la historia de donde y como nació cada día, pero también debería existir el espacio para repensar como magnificar cada día con la misma importancia del 6 de enero, que los participantes del carnaval que se reúnen en la senda y plazas entiendan que esta manifestación cultural está viva y se nutre año tras año de las manifestaciones individuales pero también colectivas de los que aquí se reúnen para preservar la memoria histórica de un pueblo que poco agrado ha tenido a nivel nacional pero que “con el sudor de la frente” ha logrado forjar su propia dinámica social.

Por Natalia Cabrera