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Los políticos se tomaron las entidades oficiales para cuotas burocráticas. En Colombia toda entidad  oficial que se respete tiene un testaferro, así duela reconocerlo o aceptarlo. Lo ocurrido en Bienestar Familiar en el departamento de Nariño nos demuestra una vez más que los políticos se tomaron las entidades oficiales que les permiten cuotas burocráticas, manejo y control de presupuestos y compadrazgos  que les facilitan la permanencia en el poder.  Tome usted una entidad cualquiera y observe como cada una de ellas está manejada y controlada por un cacique electoral, nada se mueve sin su consentimiento, todo contrato está amarrado a su voluntad y debe pasar por su aprobación y visto bueno.

Todo colombiano sabe y conoce que para pretender ingresar a determinada entidad oficial debe primero contactar al parlamentario que la controla, granjearse su amistad, obsequiarlo y halagarlo y comprometerse en la entrega de cierta cantidad de dinero en la campaña política. Sé que brincarán, como ya lo han hecho, los políticos de Nariño, pero es una verdad inocultable que desafortunadamente y por lo inveterada ya es casi que una costumbre social. Retaba en una de mis columnas de opinión a los políticos de mi región para que me demuestren que lo dicho es falso, que no poseen burocracia, que no manejan x o y entidad o que no tienen injerencia alguna a la hora de distribuir los contratos millonarios que entregan al mejor postor. Ninguno respondió.

Nos rasgamos las vestiduras, señalamos al corrupto caído, pero nos empeñamos en sostener un estado político que por donde se lo mire es podrido. No existe político que no maneje su propia entidad oficial, entregada por el gobernante de turno que responde así  a la generosidad electoral del cacique de turno; nos acostumbramos a que la política sea así, a que sea el más vivo y oportunista quien rija los destinos de su pueblo y son, lógicamente, los más astutos quienes llegan al poder. Los más preparados se ven imposibilitados de ascender en esa esfera por cuanto carecen de esa falta de dignidad para someterse a los dictámenes de un corrupto que de alguna manera debe recuperar los onerosos gastos de su campaña electoral.

De acuerdo a cifras serias y claras para llegar a ser senador o representante se requiere disponer de cerca de tres mil millones de pesos para gastarlos a manos llenas en la logística que requiere tal aspiración.  Claro está que este dinero debe recuperarse y la mejor manera de hacerlo está en las entidades oficiales como Bienestar Familiar entre otras. Pero en todas ocurre lo mismo, sabemos, por ejemplo de entidades que las maneja el mismo político hace más de veinte años, que maneja recursos cuantiosos y que están a su disposición en todo momento, que nadie puede ingresar sin su consentimiento y que el testaferro o director de turno debe obedecer ciegamente las ordenes de su jefe. Claro está que al momento de un destape la culpabilidad la asume el testaferro por cuanto su jefe político y padrino negará enfáticamente toda injerencia y responsabilidad, saldrá a los medios y pedirá justicia si su pupilo se descarriló desobedeciendo sus preceptos morales y administrativos.

Nos acostumbramos a que la política sea así, a las coimas, a las cuotas burocráticas, al serrucho y al chanchullo.  Nos acostumbramos a que se roben el presupuesto nacional, a callar cuando de alguna manera nos beneficiamos con pautas o contratos, a sentirnos buenos ciudadanos sin que nada nos importe el sentimiento cristiano de honradez y solidaridad. Gracias a este silencio  y aceptación colectiva en esta sola entidad se raponearon los dineros de los niños, se quedaron sin comida, sin atención oportuna y efectiva.  Niños a los cuales se les daban sobras en vez de comida y que en sus escuelas y colegios recibían simples migajas de programas creados con el fin de combatir su hambre y desnutrición. En muchas escuelas, por no decir todas, los niños reciben un banano y una naranja como ración alimentaria, de vez en cuando les adicionan un dulce o un pequeñísimo pastel. Lo peor es que docentes, directivos y padres de familia callamos acostumbrados a la estupidez general.

Y como siempre, se nos dará garrote a quienes denunciamos, se nos dirá que siempre ha sido así y que en vez de criticar y protestar deberíamos buscar la manera de engancharnos en la gran cadena de la corrupción y salir de la pobreza y dejar de ser tontos.  La prensa y los periodistas seguirán prestándose para este juego, la opinión pública ignorará estos hechos y las cosas seguirán como siempre. Los mismos políticos corruptos seguirán mandando en sus pequeños feudos, haciendo contratos a su antojo aunque ceñidos a la legalidad y alguno que otro testaferro caerá para tranquilizar de alguna manera la conciencia pública.

Aunque guardo la esperanza que algún día nos levantemos contra este orden de cosas, que recuperemos esa dignidad perdida y que nos permitamos una vida más digna y decorosa. Mientras tanto esperemos que la justicia haga lo propio y que este testaferro denuncie a sus verdaderos patrocinadores que lo llevaron a ocupar un alto cargo con el compromiso de devolverlo en contratos leoninos, multimillonarios y corruptos. Amanecerá y veremos…

Pablo Emilio Obando Acosta

peobando@gmail.com