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El deplorable drama de los niños que mendigan en las calles de Pasto. ¿Dónde está el ICBF? En  diferentes leyes colombianas se expresa sin rubor alguno que los derechos de los niños prevalecen sobre los demás, y se reitera que serán objeto de protección por parte del Estado en caso de vulneración de sus derechos.  Existen diferentes programas presidenciales que pregonan la seguridad y resguardo infantil; en los departamentos y municipios existen acuerdos y ordenanzas que, en papel, ofrecen condiciones de dignidad a los niños colombianos. Pero la realidad es otra y encontramos niños en trabajo infantil, en trabajo sexual, en condiciones de calle y lejos de todo estamento creado para ofrecerles por lo menos una mínima seguridad.

En nuestras calles, como en las de cualquier ciudad colombiana, vemos el deplorable drama de niños utilizados para lograr la conmiseración de las personas y arrancarles así unas cuantas monedad que mitiguen su hambre. Lo grave es que estos niños son espectáculo público y están expuestos a la pérdida de su identidad, a la explotación inmisericorde por parte de sus propios padres o familiares y, en cada vez mayores ocasiones, a la utilización criminal de su figura infantil. Y se mira a estos niños en las calles, tendidos en el piso, soportando hambre y frio, expuestos a los rigores de una sociedad que se detiene únicamente para mirarlos con alguna tristeza y entregarlas unas cuantas monedas que les permitan aliviar su condición.

¿HASTA CUANDO MIRAREMOS A NIÑOS UTILIZADOS EN LA MENDICIDAD?

Estos niños parecen abandonados por las entidades estatales, por las leyes, por la sociedad, por la prensa, por las organizaciones públicas y privadas y hasta por instituciones de carácter social y religioso. Nadie parece tomarlos en serio y únicamente se los observa con cierto desdén y pereza, como queriendo que su presencia no nos arruine las compras navideñas.

Y es justamente por esta época del calendario donde se observa a cientos de niños utilizados para pedir limosna.  Se miran niños de brazos en pequeñas cajas de cartón o infantes y adolescentes abandonados a su triste suerte en cualquier calle colombiana. Solos, tristes, abandonados, mirando de soslayo el juguetico caro de otros niños que contaron con mejor suerte. O implorando ese pedazo de pollo que “generosamente”  ofrecen los transeúntes que hastiados y colmados les ofrecen como única alternativa nutricional del día. Los vemos desde tempranas horas del día hasta altas horas de la noche en que cansados y agobiados se conforman con alguna pequeña ración de alimentos y un poco de abrigo para sus pobres huesos.

No es justo ni racional que una sociedad que se proclama como cristiana permita este triste y deplorable espectáculo en sus calles, ni muchos menos que las entidades encargadas de velar por estos niños parezcan no mirarlos y los abandonen a su suerte, su hambre y su frio.  Sabemos que muchos de estos niños son drogados para lograr así resistencia en sus extenuantes horas de “trabajo en las calles”, en muchos casos mutilados y en otros lastimados para conseguir un mayor impacto publicitario que permita tocar el bolsillo de los bondadosos ciudadanos que descargan así unas cuantas y sencillas monedas que alimentan su tormento y su dolor infantil.

Duele el alma este espectáculo, pero duele más el silencio de nuestras autoridades y entidades de todo orden, sabemos que la ley no es laxa en casos como estos y que inmediatamente deben proceder en la protección de los derechos infantiles, en brindar alguna alternativa o sustituto de seguridad en los diferentes casos en que lo requieran. Y me atrevo a implorar a la ciudadanía no alimentar su agonía infantil mediante la entrega de monedas que hacen lucrativo el negocio y fomente la utilización de niños para es tos tristes menesteres. Otros se lucran de su miseria y dolor y ellos únicamente reciben el frio de las calles y el hambre de sus mayores.

No entendemos como funcionarios, entidades, organizaciones  y autoridades no proceden a aplicar las diferentes legislaciones. Como quisiéramos que en este mes de diciembre no se utilicen niños para pedir limosna en las calles de Colombia, que se les ofrezca garantías y se proceda a sancionar a quienes persisten en utilizarlos para sus fines muchas veces perversos y crueles.  No es bueno para una sociedad mirar este deplorable espectáculo, acostumbrarnos a ver niños en estado de calle y en condiciones de miseria y abandono.  Instamos a las autoridades para que procedan como deben proceder, que se realice un estudio serio y crítico sobre la situación de estos niños y se les brinden las garantías necesarias. Y por supuesto que se sancione a los responsables de este triste drama que compromete a lo más sagrado de nuestra sociedad.

Señores funcionarios, salgan de la comodidad de su escritorio y dense una vueltica por su ciudad y se encontraran con una realidad que los hará ruborizarse. Cada niño en la calle es una bofetada a la sociedad colombiana, un golpe certero para una opinión pública indolente y un llamado de atención clara y contundente para entidades y organizaciones creadas con el fin de promover y fomentar las garantías constitucionales para nuestros niños y adolescentes.  No más niños en la calle apostémosle entre todos a su protección y seguridad.

Por Pablo Emilio Obando Acosta

peobando@gmail.com

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