La Mindala del Agua

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La Mindala del Agua. ¿Por qué una Mindala del Agua? La vida es una compleja red de conexiones e interacciones.   Los pueblos originarios hoy, de manera decidida, vienen ensayando búsquedas de un reconocimiento respecto de sus capacidades humanas, el patrimonio del cual son depositarios y el conocimiento preservado tras siglos de sometimiento y dominación.    Posicionamiento de sus saberes que obedecen a lógicas distintas a las determinantes del Occidente de la modernidad.

Varios son los atributos de este tipo de dicho conocimiento y  saberes culturales de dichos pueblos.  Integra las expresiones y conexiones de las partes constitutivas de un todo; que son las comprensiones del “todo” integrado en lo que reconocen como la “vida”; procura construir tras procesos sostenidos en el tiempo por colectivos no por personas, son conocimientos horizontales y da cuenta de las conexiones e interacciones, más que el estudio súper-especializado de las partes.

Probablemente, sea necesario otras actitudes y “lentes paradigmáticos” para apreciar el pensamiento y los nuevos mundos representados desde estas nuevas vertientes culturales.  También, se requiere de una ciencia comprometida a resolver ingentes problemas de la humanidad y alejada del solo cálculo del mercado.  Para ello se ha propuesto un desafío, incorporar una visión de un nuevo pacto con la naturaleza.   Dicho pacto, implica una revisión de las bases epistemológicas, una profunda discusión sobre un colonialismo del saber y del poder que representa la versión instrumentalizada de la ciencia clásica; y por supuesto el reconocimiento de los saberes ancestrales con sus propias bases y principios que los rigen.

Los saberes culturales se constituyen sobre epistemológicas distintas, que han sido ocultadas por el conocimiento hegemónico occidental que obedece a otros cánones y se conecta de manera diferente con sus contextos de realidad.    Estas reglas tienen que ser puestas en evidencia.

Estos saberes son acumulativos, no jerárquicos, tienen flexibilidad en sus sentidos y alcances siempre orientados a conectar las dimensiones complejas del todo en lo que se aprecia como vital;  su trasmisión opera de diversas formas, en las cuales se ha incorporado no solo elementos míticos, metafóricos, propios de las culturas sino también una suerte de rituales específicos que adquieren muchas formas desde espacios orales y prácticos con papeles muy claros en la divulgación intergeneracional.

Suponen, para no citar sino algunos de sus principales atributos: rutas comunitarias, las cuales cuestionan la apropiación individual del saber y el conocimiento. Devienen en la posibilidad de desordenar y ordenar nuevas redes a la manera de nuevas “urdimbres sociales” con base en la solidaridad y no en la competencia para dominar.

Su naturaleza acumulativa radica en una esencia que parte de los mitos fundantes de los pueblos; y se combina en una suerte de reglas que tienen que ver con la comprensión de las interacciones de todo lo creado.  Donde el todo existencial, no es nada diferente de las expresiones singulares de cada manifestación cultural, social y natural.

Esto de lo acumulativo, no solo se refiere a un núcleo duro de los contenidos, sino ante todo a las tareas y labores constructivas que juegan distintos actores del colectivo en la construcción, divulgación y enriquecimiento de los saberes.  Estas formas de producir conocimiento, reconocen una validación del todo, representado por el colectivo que siempre reconoce, define las formas de circulación, de compartir el saber o de limitarlo a las respectivas comunidades de sentido.

La jerarquía que fundamentalmente, adquiere el conocimiento y los epistemes del saber occidental (que se atribuye así mismo valores de universalidad), se truecan en el saber cultural por flujos de intercambio prácticos, en todas las esferas de la vida comunitaria y las transformaciones de la cotidianidad donde tienen presencia.    Son saberes que puestos como gérmenes inventivos, ya potencian acumulados de años de aproximación a realidades complejas por el devenir, resistencias y memoria de sus pueblos originarios.   Es por tanto, un saber con profundas raíces socio-históricas que, por lo general pasan desapercibidas.   Especialmente, por los instrumentos de unas ciencias sociales caracterizadas (en el occidente hegemónico) por su mecanicismo, visión lineal y aparente neutralidad de sus categorías epistemológicas.

En lugar de una hiper-especialización de los saberes jerárquicos del occidente hegemónico; aquí asistimos a un saber representativo y de alto valor simbólico para sus gestores.   Esta riqueza patrimonial cognoscitiva de nuestros pueblos fundantes, está radicado y reposa en hombres y mujeres sin distingo.   No se ha separado una casta o grupo selecto, quien define la jerarquía de los saberes o sus criterios de validez.   Tal vez, requiere una divulgación que deviene resultado del tiempo, procesos diversos de acumulación de experiencia de las y los sabedores, quienes actúan en redes muy finas de construcción de confianzas colectivas; a partir de versiones recreadas de circulación del saber desde prácticas colectivas y de reconocimiento desde el interior de sus propios tejidos comunitarios.  Pues, aquellos están activos y se “editan” siempre en conexión con las demandas y control social y cultural de las comunidades a los cuales se reconoce en forma explícita su autoría y pertenencia.

Conocimientos complejos propios de realidades de estas latitudes, los cuales al ser interpretados y conocidos por los pueblos fundantes se vuelven soluciones asertivas, comprensiones vitales y prácticas de nuevos sistemas de pensamiento.    Ya resolvieron (estos saberes) vínculos con una naturaleza que se vuelve, interpelante y parte orgánica de todo lo creado.

Esa condición ser, entraña, contenidos y continentes de fuerzas creadoras propias de una visión “telúrica” de la existencia.    Ahí, ya hay una diferencia sustancial;  no se separa como en toda la construcción sujeto y objeto cognoscente de las visiones del saber occidentalizado.  Su integración resulta de un acto creativo que envuelve a la naturaleza así re-encantada.    Por maravillosas conexiones e interacciones, que resultan de un permanente flujo de cambios e intercambios en el cual todos los fenómenos están concatenados.

Así este saber, puede alcanzar y visualizar conexiones entre manifestaciones de la vida que no son concebibles en el especializado saber occidentalizado.    La tierra, la salud, la educación y la cultura, por ejemplo.   La familia, el desempeño económico y la espiritualidad.  Y así, una infinita gama de intercambiables campos de la vida, los cuales están en intersecciones y retroalimentación permanentes.

Arribaron más de setenta participantes, en su mayoría mujeres y hombres indígenas de los resguardos de Panam, Cumbal, Ipiales, San Juan, Carlosama, Guachucal, Yaramal, así como organizaciones campesinas de la Josefina, San Juan (Municipios de Ipiales, Iles y Guachucal).  En sus rostros se adivina trabajo fuerte, pero también deseos de una experiencia que fue práctica cultural recurrente de nuestras y nuestros mayores la “Mindala”. A pie, o en los medios disponibles de entonces, ciñéndose a sus regularidades de los tiempos de cosechas bajaban y ascendían, de guaicos y montañas, donde las plantas generosas; sus valiosos compadrazgos y amistades, las energías que nos brindan sabores, colores, saberes y hermosos y vitales frutos de lugares cálidos, templados y fríos. Los mundos de arriba, del medio y de abajo. Entre-tejidos, arrullados, desenvueltos y afortunadamente entreverados para el <<buen vivir>> de nuestras comunidades.

Se inicia la jornada con la espiritualidad el cual se constituye en elemento central en todas las prácticas que impliquen emprendimientos, convocatorias y acciones conjuntas de los pueblos indígenas y sus hermandades. Razón de fuerza telúrica, para enarbolar las buenas energías de las mamitas, quienes atendiendo el llamado, invitaron a la armonía, con los puros y pongos, con plantas sagradas, en un círculo cual  danza, que permite, espantar los espíritus negativos y a afianzar la amistad y lugares de energía positivos y queridos.

Por Luis Eduardo Calpa Delgado