Foto: Las2orillas.co
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A pesar de que el monumental y más moderno estadio brasileño lleva su nombre, el mejor regatero del mundo murió en el olvido.

 

 

Si alguien en la historia del fútbol ha representado legítimamente la genuina alegría de un pueblo, ese ha sido Manuel Francisco dos Santos. Conocido con el apodo de Garrincha, junto con Pelé se convirtió en el jugador más querido de la afición brasileña. Cariñosamente sus más cercanos siempre le llamaron “Mané”, el apócope portugués de su nombre principal.

Formó parte de la Selección de fútbol de Brasil que ganó la Copa Mundo de Suecia 1958 y la de Chile 1962, ocasión esta en que fue elegido unánimemente como el mejor futbolista del torneo. Es considerado el mejor puntero derecho de la historia, y ocupa el 8º lugar en el ránking del Mejor futbolista del siglo, publicada por IFFHS en el 2004. Es además catalogado con acierto por muchos como el principal regateador de todos los tiempos.

Garrincha nos dejó hermosos recuerdos y también varias lecciones. Fue un virtuoso del balón salido de la marginalidad e impactado y sobrepasado por su propio futuro, que sucumbió al drama del coctel de alcohol y mujeres; y a pesar de ello siempre contó con el amor de los suyos.

Su especial adicción al alcohol, le destruyó en lo personal toda la historia de éxito que había construido. Finalmente la cuenta de cobro le llega  y con creces sorprendiéndolo ya como una “estrella solitaria” (nombre de una película hecha en su memoria en el 2002) y totalmente abandonado. Su vida después del retiro fue la mayor parte en la indigencia y el olvido.

Garrincha nació en 1933, en Pau Grande, un pueblito cerca de Río de Janeiro. Siempre mantuvo su humildad e inocencia, a pesar de todo el dinero obtenido en su deporte. Se dice que amontonaba cheques, sin entender que perdían su validez. Sólo le importaban el fútbol, el licor y las mujeres. Tenía las piernas torcidas, pero ese detalle parecía adjudicar mayor plasticidad y originalidad a sus jugadas, que provocaban la histeria de sus fans.

Garrincha fue excepcional puntero derecho. En ese oficio tal vez el más grande de siempre con extraordinaria destreza y gambeta, con veloces desbordes y amagues que solían desconcertar a sus rivales. A pesar que de pequeño los médicos no le auguraban ningún futuro deportivo debido a la anormalidad en sus piernas y en la columna vertebral, superó esos escollos, pero no así su afición a la bohemia y el alcohol que lo llevaron prematuramente a la muerte, antes de cumplir 50 años, sumido en la pobreza y el alcoholismo.

Manuel Francisco Dos Santos, bautizado por uno de sus hermanos como Garrincha, sigue siendo junto a Pelé uno de los máximos referentes del balompié brasileño. Garrincha es el nombre de un pájaro que vive en las selvas del Mato Grosso, en Brasil. Dicha ave es fea, pero al mismo tiempo increíblemente veloz y torpe, por lo que suele ser cazada con mucha facilidad. Mané se ganó aquel nombre porque sus hermanos consideraban que era libre, puro, veloz y feo, como aquel pájaro.

Por su debilidad con las mujeres, se conoce que tuvo en total 14 hijos no reconocidos, entre ellos a Ulf Lindberg, fruto de una relación ocasional en Suecia en el 59, durante una gira del Botafogo. Garrincha y su hijo sueco nunca se conocieron, ya que Ulf Lindberg viajó a Brasil por primera vez cuando su padre ya había fallecido en 2005 al conocer su historia. Precisamente fue al enterarse del abandono de su tumba donde al decir del sepulturero, “solo la visitan el viento y la lluvia”. Y esto si es paradójico ya que el monumental y más moderno estadio brasileño en Brasilia lleva su nombre: Mané Garrincha. Se siente cierta doble moral, ya que el excepcional atleta fue prácticamente abandonado en vida.

En el mundial de Suecia de 1958 formó parte de una de las mejores delanteras de la historia del fútbol; no obstante fue en Botafogo donde encontró la gloria, con tres títulos. Sin olvidar posteriormente su paso por el Junior de Barranquilla equipo colombiano que tuvo en sus filas al mismo que fue elegido el mejor jugador del mundo en 1962, cuando obtuvo junto a la “verdeamarella” el bicampeonato de la Copa Mundo.

Falleció en enero de 1983, a los 49 años. La película Garrincha, Estrella Solitaria transporta mágicamente a los espectadores al Mundial de Chile 1962 cuando Mané y Pelé le dan la gloria a Brasil, perfilando a este país como potencia del fútbol. Es la historia de un joven de cuna pobre que a pesar de tener un impedimento físico nefasto para cualquier deportista, logró debutar como profesional a los 20 años, llegando a marcar 232 goles en su carrera.

Lamentablemente su final es trágico. El olvido oficial, su descuido, su displicencia y sus debilidades lo vencieron. Agotaron su corazón llevándolo a una muerte temprana. Mané fue víctima del maldito alcohol que le destruyó por completo su hígado y su sistema cardiovascular. Aun así sus compatriotas más populares olvidaron todo eso, marcando en su epitafio: “Aquí descansa en paz el hombre que fue la alegría del pueblo: Mané Garrincha”.

Apostilla: Garrincha también dejó una lección sobre el cuidado que deben tener los deportistas en su etapa de retiro o postcompetencia y un llamado a gritos a los gobiernos e instituciones para que cuiden a sus glorias deportivas.

 

Por Fabio Arévalo

@fabioarevalo