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El balcón desde donde habló el General Nariño a los pastusos

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Por Enrique Herrera Enríquez

A partir de nuestro artículo anterior sobre la presencia del general Antonio Nariño en Pasto luego de su contundente derrota por parte de las mujeres pastusas aquel 10 de mayo de 1814, varios de nuestros corresponsales nos han creado la inquietud de saber cuál fue el balcón desde donde habló Nariño a los pastusos luego de su entrega voluntaria el 14 de mayo?.

De igual manera preguntan cuál fue la verdadera situación que vivió el citado general durante su prisión en Pasto los casi trece meses que estuvo cautivo en la ciudad?. Son interrogantes que procederemos a dar respuesta con documentos que precisan la realidad de los hechos.

En cuanto a cuál fue el balcón desde donde habló el general Nariño consideramos interesante traer a referencia un escrito del historiador Jorge Buendía que se irá trascribiendo y haciendo el comentario que bien amerite el estudio en mención, el cual se encuentra publicado en la Revista Cultura Nariñense correspondiente al mes de enero de 1976, que dice así: “Según la tradición, Nariño se presentó al pueblo de Pasto cuando éste reclamaba su cabeza, desde un edificio que permi¬tía divisar el volcán Galeras, situado al occidente de la ciudad, por tal motivo se han señalado como posibles sitios de tal acontecimiento, a varias casas de la Plaza llamada hoy de “Nariño”, otras de la Plazuela de San Andrés que miran hacia dicho monte, pero fundándose en juicios más o menos lógicos sin una prueba concreta y convincente.

Interesante como el historiador Buendía, afirma de manera categórica que la alocución de Nariño se hizo “desde un edificio que permitía divisar el volcán Galeras, situado al occidente de la ciudad…”

Esta duda parece resuelta por la relación que el historiador José María Cordovez Moure consigna en su obra “Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá”, al indicar a un amigo suyo dicho balcón cuando se hallaban recorriendo la ciudad en el año de 1854, como expondremos adelante.

Al celebrarse el cincuentenario de la creación del Departamento de Nariño en octubre de 1954, la opinión general hizo que se colocara en el edificio en donde hoy funciona el Banco de la Republica, calle 25 con carrera 19, esquina, una placa de mármol para recordar que en ese lugar fue en donde Nariño se presentó al pueblo, ya que en aquel tiempo, en ese sitio se levantaba la casona señorial de la familia de don Tomás de Santacruz. La placa deja a salvo la afirmación de que allí hubiera hablado Nariño al pueblo, pues está concebida en los siguientes términos:

“EL ÍNCLITO PRECURSOR DE LA INDEPENDENCIA, PRI¬SIONERO EN ESTA PLAZA QUE OCUPABAN LAS TROPAS REALISTAS DEL ESPAÑOL AYMERICHE, EL 14 DE MAYO DE 1814, DIOSE A CONOCER PÚBLICAMENTE EXCLA¬MANDO ANTE EL PUEBLO QUE PEDÍA SU CABEZA: AQUÍ TENÉIS A NARIÑO.- COLOMBIA ADMIRA ESTE EJEMPLO DE INTREPIDEZ HEROICA EN QUE SE CIFRAN LAS PROE¬ZAS E INFORTUNIOS DEL HÉROE EPÓNIMO VENCEDOR EN CALIBIO, PALACE, JUANAMBU, Y TASINES”.

Por otra parte, en la Plazuela de San Andrés, carrera 28 con calle 16, existían hasta hace pocos años unas vetustas casas con balcones que miraban al Galeras, por lo que algunos escritores afirman que fue en esta parte de la ciudad en donde se presentó Nariño.

Pero lo escrito por Cordovez Moure en el Tomo Vil de la Sex¬ta Edición de la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, im¬preso en el Instituto Gráfico Ltda. Bogotá, en la página 281, se encuentra el dato preciso para determinar el lugar desde donde Nariño habló al pueblo de Pasto.

Para aceptar la aseveración del señor Cordovez Moure debe te-nerse en cuenta que él estuvo en Pasto a mediados de 1854, en donde permaneció algún tiempo relacionándose con las principa¬les familias y las autoridades del lugar con quienes debió depar¬tir sobre los acontecimientos realizados en el sur, y, entre ellos, naturalmente, debió tratarse los hechos de la independencia y particularmente, la prisión de Nariño.

-La presencia de Cordoves Moure en Pasto se debió a un asunto de su profesión como abogado cobrando una deuda de un cliente de Bogotá-.

Pues bien, hallándose el Señor Cordovez Moure en Pasto llegó a la ciudad un antiguo amigo suyo, el joven inglés Carlos Schloss, a quien lo paseó para indicarle los monumentos principales de la ciudad; y, al llegar a la plaza hoy de Nariño, Cordovez le señaló ia casa donde se presentó el Precursor con estas palabras: “Mire Ud., Carlos, aquel balcón que acusa venerable antigüedad, hacia la mitad del costado oriental de la Plaza: en él mostró el Jefe Español al General Nariño cual otro Ecce Homo, para satisfacer a los pastusos que pedían su cabeza”.

El costado oriental de la plaza de Nariño mira precisamente hacia el volcán Galeras, porque es la calle 19, según la actual no¬menclatura, de modo que la tradición concuerda con el informe de Cordovez, y, por tanto, queda aclarado el hecho de que el Precursor se presentó en donde hoy se levantan los edificios de los Bancos de Bogotá y de Colombia, lo que concuerda, así mis¬mo, con la circunstancia de que al respaldo de tales edificios, hoy calle 20, estaba la cárcel a donde probablemente Aymeriche envió al prisionero, porque, con motivo del segundo centenario del nacimiento de don Antonio Nariño, se colocó otra placa, en la calle 20, casa No. 24-63, que dice: “DON ANTONIO NARI¬ÑO, TRAS LOS CERROJOS DE UNA CÁRCEL, DIO ESPÍRI¬TU AL DERECHO, VIDA A LA LIBERTAD , COMPREN¬SIÓN A LA JUSTICIA, LUZ A LA PATRIA, RESONANCIA INMORTAL AL VERBO.- TRIBUTO DE GRATITUD A SU-MEMORIA.- PASTO, 9 DE ABRIL DE 1965”.

El Despacho en donde atendía Aymeriche, o por lo menos, en donde recibió a Nariño, hoy calle 19, en la Plaza de Pasto, es de suponer que se extendía, en aquel tiempo, hasta la calle 20, por el interior, en donde es posible se aseguraban los presos de alguna consideración.

El dato proporcionado por el historiador Cordovez Moure por su naturalidad, espontaneidad, sencillez y la época en que se dio tiene las características de ser una verdad histórica que despeja la cuestión largamente discutida sobre el lugar donde se presentó Nariño el 14 de mayo de 1814. Además, la verosimilitud de lo expresado por Cordovez se deduce del tiempo en que él lo afirmó, pues, en 1854 podían vivir testigos presenciales que refirieron lo acaecido en aquella fecha, o descendientes de éstos que recibieron de primera mano la información que comentamos. Por tanto, ateniéndonos al autor citado, podemos asegurar que Nariño se presentó al pueblo de Pasto en el lugar en donde hoy funcionan los Bancos de Bogotá y de Colombia, hecho histórico evidente que debe recordarse colocando allí la placa recordatoria.

Consideramos que los planteamientos y documentación que presenta el historiador Jorge Buendía son muy concretos y especifican con absoluta claridad el sitio desde donde el general Antonio Nariño hablo a los pastusos aquel 14 de mayo de 1814. Lo hizo como se dice de frente o teniendo al frente el Volcán que hoy se conoce como Galeras porque para aquel entonces era solo el Volcán o Cerro de Pasto. No existe duda que fue desde donde hoy encontramos las instalaciones locativas de los Bancos de Bogotá y Colombia. Entraremos ahora a dar respuesta sobre cuál fue la situación que vivió el general Nariño en su cautiverio en Pasto.

El connotado escritor e historiador Jorge Buendía en su artículo “El Balcón donde se presentó Nariño en Pasto”, dice: “Pero Nariño no estuvo todo el tiempo de su prisión en el lu¬gar que indicamos, es decir, en la casa marcada con el No. 24-63 de la calle 20, porque el documento hallado por el historiador Guillermo Hernández de Alba, que cita el doctor Sergio Elías Ortiz, como se verá adelante, refiere que al poco tiempo de ha¬llarse prisionero Nariño, estaba en una casa particular.

En efecto, el escritor e historiador, doctor Ortiz, en su famosa obra “Agustín Agualongo y su tiempo”, en la página 340 de la Edición de la Biblioteca Banco Popular, Volumen 6,1, Bogotá, 1974, dice: “Mucho se ha discutido sobre la casa del balcón histórico cuya memoria se perdió en el andar del tiempo. El doctor Guillermo Hernández de Alba, acucioso investigador en archivos nacionales y extranjeros acaba de encontrar un documento definitivo que sella esta cuestión y obligará a cambiar de lugar la placa que para recordar ese hecho histórico se colocó en Pasto, durante las solemnidades del cincuentenario de creación del Departamento de Nariño, donde se creía por tradición que estuvo el balcón famoso”.

Preguntado en Bogotá el Dr. Hernández de Alba sobre el do-cumento que comenta el Dr. Sergio Elías Ortiz, significó que su hallazgo sobre la vida de Nariño en Pasto es una carta del Brigadier José Ramón de Leiva dirigida a don Manuel Bernardo Álvarez, en donde se constata que Nariño estuvo prisionero en una casa particular en donde le prodigaban atenciones dignas de su alta jerarquía.

Por tanto, en este documento no se trata de especificar el lugar desde donde Nariño habló al pueblo sino la circunstancia en que se hallaba el prisionero atendido en una casa particular. El Dr. Hernández de Alba no contradice la información de! historiador Cordovez que data de 1854 y que tiene todas las probabilidades de una verdad histórica.

La carta en cuestión, que constituye un valioso documento sobre la forma cómo el General Antonio Nariño fue tratado en Pasto por la sociedad, se publicó por primera y única vez en la revista SANTA FE Y BOGOTÁ, que dirigían Víctor E. Caro y Raimundo Rivas, sustituido este último por Daniel Arias Angáez, en Bogotá, desde 1923 a 1928, y que en el No. 3o. correspondiente a marzo de 1923, aparece en el capítulo de “Docu¬mentos Históricos”, la carta que el Brigadier José Ramón de Leiva la dirigió a don Manuel Bernardo Alvarez, Presidente de Cundinamarca, que reproducimos a continuación porque ella prue¬ba la hidalguía, respeto y consideraciones que la alta sociedad de Pasto tuvo con el ilustre prisionero de 1814.

El original de esta comunicación pertenece al archivo de la familia Álvarez, que el sacerdote José Manuel Marroquín Osorío la facilitó para su pu¬blicación en la revista aludida y que hoy se halla probablemente en el Archivo Nacional.

El contenido de tan interesante documento es del tenor siguiente:

“Popayán, 18 de junio de 1814.-Mi muy estimado amigo y Señor:

En el correo último del 5 me quedé sin escribir a Vuestra Merced, confidencialmente porque el tiempo urgía, y mi vista con la noche y luz artificial estaba ya en absoluta imposibilidad de hacer algo, al mismo tiempo que el estado de las cosas en aquel preciso momento no exigía ni convidaba a con fianzas. Este chasqui del j. primero después de las desgraciadas novedades, nos ha sido muy útil y lisonjero: estábamos rece¬losos y persuadidos a que la cosa hubiese causado ahí algún tras¬tornos de forma que pudiésemos vernos ahora con cuidados de enemigos al frente y cuidados domésticos por la espalda. Gracias a Dios que se presenta otro aspecto; y para nosotros (contraiga Vuestra Merced la voz al significado estricto) es la principal satisfacción, y mejor indicio el nombramiento de Dictador que han hecho. Por lo que aquí toca en lo exterior no hay novedad, pero sería difícil pintar lo que uno concibe en las gentes y disposiciones de sus ánimos. Luego que vieron que la tropa retirada era en un regular número, que se reponían, y tomaba parte de respeto, calló el patianismo y todos representan bien los patriotas. El Colegio Electoral publicó la independencia y mandó poner el árbol de la libertad; lo que en efecto se verificó el día 5. A esto han seguido escenas indefinibles: para celebrar tales actos se han hecho fiestas públicas con toros, mascaradas, etc. que a la verdad me han rallado las tripas, no pudiendo prescindir de que verdaderamente nos hallábamos en una calamidad pública, y que un hombre como (Nariño, aparte de otras circunstancias, siquiera benefactor eminente del país, está padeciendo en un cautiverio. Añada Vuestra Majestad, que en los mismos días mezclaron exequias públicas y solemnes del difunto Dictador de Antioquia, y de los muertos en la campaña; de modo que una tarde había toros y máscaras en la plaza; al día siguiente honras; a la misma tarde otra vez máscaras y toros; al otro día nuevas exequias y por la tarde nuevos toros; llegando así a lo sumo del ridículo y manifestación de inconsistencia en las gentes. Entre tanto, se ha perturbado y atrasado el trabajo tan preciso en el parque para aprontar nuestra artillería, componer las armas, rehacer cartuchos, etc. Baste para tomar idea y hacer conceptos de los demás.

-Recordemos que el general Antonio Nariño había presentado y logrado que el Consejo Electoral de Cundinamarca o Congreso de la Republica actual, aprobase la total y absoluta independencia a partir del dia 16 de julio de 1813, razón por la cual se menciona en la carta la siembra del Árbol de la Libertad.-

De enemigos nada sabemos con certeza; ni Aymeriche ha vuelto a explicarse: partidas de patianos hay hasta el cabuyal y la Horqueta, y regaron la voz de que el 20 de este saldría de Pasto dicho General para venir hacia acá; pero hay motivos para dudarlo y creer que en mucho tiempo no piense deberás en tomar la ofensiva. Si tal hiciesen ellos y se acercasen con fuerzas, esta ciudad y sus contornos son terrenos desventajosos, a muchos respectos, para la defensiva; por lo tanto sería preciso elegir puntos hacia el Valle donde esperar con desahogo y confianza, lo cual puede hacerse bien. En el ínterim nos aprovechamos de los auxilios que presta la ciudad que tampoco se dejará sino en caso preciso y da recursos para el descanso y curación.

De Nariño tenemos noticias por un clérigo que se ordenó en Quito; llegó a ésta seis o siete días y salió de Pasto el 28 de mayo. Asegura que estaba bueno y arrestado en una casa particular de los señores Delgados (o Polos) custodiado con una guardia de 25 hombres; que a los principios le permitieron pasearse, pero que luego, por noticia tenida que don Carlos Montúfar, preso en Panamá, se había fugado, (lo cual es cierto, y está en Cali), se restringió dicho permiso. Dicho clérigo se ha manifestado tan impuesto, que aún ha referido los platos de almuerzo, comida y cena que servían a nuestro Jefe.

 

-Es decir, en cortas palabras el prisionero goza de relativa libertad para movilizarse por la ciudad, podría decirse que tenía la ciudad por cárcel, tanto así que pudo disponer de cuanto a bien quiso para escribir varias cartas tanto a Quito como a Popayán como lo registra la historia.

El día de Corpus llegó un patiano con carta de Montes, fecha en Quito a 23 de mayo, y dirigida a don José María Mosquera, suponiéndole Gobernador nombrado por Nariño. Avisa la ganada acción en Pasto, y que estaba preso dicho Nariño; en cuyo concepto exhorta a que esta ciudad y el Valle vuelvan a su obediencia; que no permita remover la casa de Moneda, ni la imprenta; y que si don José Leiva se quiere quedar en esta ciudad no se le tratará mal: añade, casi a renglón seguido, que es disparate el que Santafé piense en sostener su independencia.

Esto acaso podrá dar la clave del por qué se ha acordado en particular de mí. El Valle se manifiesta muy entusiasmado, y en realidad creo que lo está; pera hay que hacer cuentas, que entre las bravatas entra mucho espíritu de chispería que no deja de descomponer las verdaderas y acertadas medidas: la gente que ha venido y viene al servicio de las armas es indisciplinada, y casi indisciplinable por dicho espíritu y se van con más facilidad que viene.

La tropa de Cundinamarca y la del Socorro es la que está en crédito, y sirve bien: un auxilio de la nuestra reanimará mucho y contendrá la deserción a que están tentados, pero es preciso que en esa a no condescender ni hacer capa a los que parezcan por allá. Al 1o y 2o batallón faltan 360 hombres para su completo, que si los pusiéramos de esa gente podrían ser el timebunt, y dar tono al resto, de forma que echaríamos plantas con seguridad.

Por ahora todo lo hemos de hacer nosotros, y propender siquiera a que los enemigos no hagan progresó; para después, pienso que Antioquia, Chocó, Popayán y Neiva pudieran formar su coalición particular que progresase hasta Quito. Esto es para tratarse despacio, pero desde ahora pueden creer en Santafé, en el Congreso, y en todas partes, que es precisa la unidad en todos los ramos del mando (sin excepción), que se pongan en cabeza firme, disposición resuelta y fuerzas para trabajar mucho.

Esta descripción (que es sincera), manifiesta bien que yo me excluyo, pues en realidad no puedo más con cabeza ni huesos. Por lo demás, la gente de aquí siempre es lo que he dicho, y no otra cosa. El Colegio Electoral se disolvió: cada uno se ha ido por su lado, Vallecilla quedó gobernando, y el doctor Ordoñez con su Previsora y nada más.

Quico, me ha visto, y dice escribirá por el correo: Que pasado mañana espera a Pombo; y que a él lo han nombrado Ministro tesorero en lugar de Campo Larraondo. Ha sido larga la carta; pero sin escribir mucho no puede decirse tanto como ocurre. Dispénseme Ud. y mande a su siempre afectísimo amigo, LEYVA.

Exmo. Sr. D. Manuel Bernardo Alvarez”.

El documento anterior tiene un valor histórico irrefutable que rectifica lo que se repite de que Nariño fue “sepultado en un calabozo en Pasto, durante trece meses donde estuvo entre la vida y la muerte”, como lo expresan Henao y Arrubla en su Historia de Colombia, página 405 de la Séptima Edición de 1952, que es un texto oficial adoptado por Decreto Nacional 963 de 1910, para la enseñanza de dicha asignatura en los colegios y escuelas oficiales de la República.

Por ley de inercia, se repite lo que se escribió a raíz de nuestra independencia, lo cual no corresponde a la verdad, pues, nuestro Precursor fue tratado por la alta sociedad de Pasto y, parti-cularmente por don Tomás de Santacruz, con grandes consideraciones hasta el punto de que este Coronel se opuso firmemente a la orden de don Toribio Montes, Presidente de Quito, de ajusticiarlo después de interrogarlo para obtener datos útiles a la causa realista.

Si Nariño, en su defensa ante el Sonado no expresó la realidad fue porque necesitaba acumular hechos que hirieran la imaginación de sus jueces a fin de vindicarse de las injustas acusaciones de sus gratuitos y envidiosos enemigos políticos. Sus palabras en esa ocasión no pueden tomarse en cuenta para la historia porque fueron la expresión de un recurso oratorio como lo significa el historiador Ricardo Vejarano.

Por otra parte, el trato que recibió Nariño en Pasto después de su inmerecida derrota por la traición del coronel José Ignacio Rodríguez, en la forma hidalga y generosa de que habla la carta del Brigadier Leyva, no fue solamente de la alta sociedad sino también del pueblo, de las gentes humildes y de la generalidad de la población, pues, Nariño supo conquistar la admiración y afecto de ésta, de modo que cuando fue remitido a Quito” una compacta muchedumbre se agrupa a las puertas de su prisión, y, cuando el héroe se pone en marcha lo sigue en un silencio recogido y respetuoso hasta la puerta de Obonuco”, en donde según el mismo historiador Vejarano, Nariño “se detuvo para reiterar su sentimiento de admiración…y para agradecerle su hospitalidad generosa y compansiva”. Así abandonó a Pasto en los últimos días de junio de 1815 escoltado pero a caballo gracias a la munificencia de los pastos.

Debe, pues, por tanto, rectificarse en los libros de historia el concepto desobligante para Pasto y los habitantes de comarca, y, ante todo, en los textos de estudios a fin de acabar con falsedad que envenena los espíritus contra una región que es parte indisoluble de la patria colombiana. Así lo exige la verdad y la justicia, una vez que la correspondencia antes trascrita declara que en Nariño fue tratado y obsequiado como lo merecía desde los primeros días de su cautiverio.

En un todo de acuerdo con cuanto ha expresado el historiador Jorge Buendía. De nuestra parte solo agregaríamos que de manera indiscutible la gente de Pasto de aquel entonces aprovechó el conocimiento y la facilidad de expresión del cautivo general que por tradición se ha dicho era permanentemente invitado especial en las casas de las familias prestantes que admiraban su inteligencia y facilidad de palabra que caracterizaba al general Nariño quien tiempo después fue desobligante para con la gente de Pasto y sus atenciones