Inicio Historias Hechos de Paz Desde las mujeres del suroccidente colombiano: escenarios de lucha y reivindicación de...

Desde las mujeres del suroccidente colombiano: escenarios de lucha y reivindicación de derechos para la construcción de paz territorial

Por LUISA CREMONESE - Coordinadora Territorial Nariño, Cauca y Putumayo Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo- PNUD 2018

Compartir

Para los departamentos de Nariño, Cauca y Putumayo, el trabajo de construcción de paz y desarrollo con enfoque de género es un marco de referencia central. La Oficina Territorial, trabajando de la mano con ONU MUJERES, construyó una alianza interagencial que ha dado vida a una estrategia de paz bajo la bandera de la igualdad de género.

PNUD y ONU MUJERES han facilitado espacios públicos, políticos y sociales de integración en el territorio, donde las mujeres asumen un rol de protagonistas de su propia historia y desarrollo. En este sentido y desde un enfoque territorial, el tema de la inclusión de las mujeres se volvió prioridad en la agenda regional y local, fortaleciendo y acompañando el trabajo de las lideresas de Nariño, Cauca y Putumayo. Son estas mujeres valientes quienes, a partir de la lucha constante por la reivindicación de sus derechos inalienables, han impulsado escenarios innovadores y participativos, dando voz a aquellas otras mujeres que han sido mantenidas al margen de la vida pública y del desarrollo social.

Desde el trabajo territorial del PNUD, se promueven y fortalecen acciones participativas, que involucren a la ciudadanía para prevenir las violencias contra las mujeres y defender su liderazgo. Todo esto teniendo en cuenta por un lado el reconocimiento de la realidad local y las necesidades de las mujeres; y por otro lado los procesos, movilizaciones adelantadas en el territorio que buscan sensibilizar a niños, niñas, jóvenes, la sociedad en general, sobre la trascendencia de la igualdad de género y las acciones de los hombres en pro de una sociedad equitativa e incluyente.

Las mujeres de Nariño, Cauca y Putumayo, a través de sus movilizaciones, procesos organizativos, poesía, canticos y arengas, son un ejemplo de afirmación positiva de su rol desde las diferentes expresiones culturales. A través de sus acciones han logrado un reconocimiento público y político, tanto con la sociedad civil como con la institucionalidad y sus organizaciones, identificando percepciones, creencias e imaginarios colectivos, frente a la igualdad entre hombres y mujeres, además de la creación de espacios de reflexión para resignificar los roles y estereotipos tradicionales de género.

Foto: Marcha por la reivindicación de los derechos de las mujeres- 8 de marzo 2016

 El trabajo del territorio ha permitido desmitificar aquellos factores culturales que normalizan la violencia o discriminación contra de las mujeres involucrando a los hombres también, y promoviendo entre otras la afirmación de masculinidades no violentas y corresponsables. Es así que desde las regiones se avanza en el fortalecimiento de  acciones que busquen la igualdad de género para una verdadera transformación social.

En este sentido la participación activa de las mujeres en espacios públicos genera empatía, vínculos culturales, sociales, políticos y emotivos en toda la sociedad, de manera transversal y unificadora. Las mujeres, tanto en zonas rurales como en las ciudades, son las que más fuerte han entonado el canto de la paz. Durante encuentros, reuniones, talleres y eventos que nos hicieron parte, han sido ellas que han dado voz a una idea de paz concreta, hecha de acciones pequeñas y grandes para construir esos puentes  que años de conflicto y violencia habían destruido.

La paz es una vida mejor, la paz es dignidad, la paz es respeto, la paz es vivir en un ambiente sano: eso nos dijeron las mujeres de Nariño, de Cauca y del Putumayo.

Foto: Movilización de Mujeres nariñenses

Un territorio es un sujeto dinámico, que funciona con sus propios códigos, en el que no se puede llegar con modelos preconcebidos. Aquí han sido las mujeres que nos han abierto las puertas para conocer y entender estas dinámicas, los estilos y medios de vida de las poblaciones locales, la historia de las mujeres y hombres que viven en estas regiones.

Es así, con los ojos de las mujeres del Suroccidente colombiano que se nos permitió ver los grandes vacíos, las secuelas que ha dejado el conflicto armado y social, las grandes desigualdades presentes. La comunicación con ellas ha sido premisa fundamental para que lográramos, como Naciones Unidas, la participación comunitaria de habitantes de zonas rurales, urbanas, campesinas e indígenas, a procesos y programas de empoderamiento, en especial de las mujeres, y de capacidad de gestión local como llave para lograr la resiliencia.

Ejemplo de ello es la Agenda de Paz Nariño, un proceso que convocó a 6 mil nariñenses para darle vida a la perspectiva de una paz territorial, construida desde las bases, desde diferentes sectores y expresiones del Departamento; impulsando la paz desde las necesidades y particularidades que tienen las comunidades y sus entornos.

La construcción fundamental de una agenda de paz con enfoque diferencial, es el reconocimiento a la voz de las mujeres, para avanzar en el diseño y ejecución de acciones consecuentes que respondan a sus necesidades y garanticen su participación real. Se trata de una construcción colectiva de espacios diversos y miradas territoriales que dialogan sobre símbolos, sensibilidades y tejidos alrededor de las mujeres.

Celebramos a las mujeres recordando su valentía, sus derechos y el papel transformador que tienen en la sociedad y en la construcción de una paz verdadera, concreta, tangible y cotidiana; generada desde el activismo social, propiciada a partir de las organizaciones de mujeres, que promueven en la región la igualdad de género, que es la base de la igualdad de todos. Igualdad que permite diseñar acciones de inclusión, construir respeto para las personas, pero también para su entorno, su espacio de vida. El lema de la campaña para los Objetivo de Desarrollo Sostenible, es que nadie se quede atrás: para que así sea la más grande revolución, será llegar a una profunda, verdadera y total igualdad de género.