Voces ciudadanas

¡Mujeres en su salsa! Pastusas que llevan el sonido de los bronces, la maracá, el timbal y el bongó

Fotos: Manuel Ruiz Parra

El Primer Encuentro de Salseras organizado por la “Bodeguita Cubana”, uno de los bares de salsa de mayor tradición en Pasto fue la ratificación de una búsqueda de las mujeres, que encontraron en este género musical un escenario propicio para reivindicar sus derechos.

Por Manuel Ruiz Parra

Nariño es un territorio que se ha nutrido de distintas corrientes musicales. Desde el pasillo ecuatoriano y la música de tríos, el rock, el sonsureño y la cumbia andina, hasta los aires del Pacífico que marcaron la entrada de la salsa como uno de los géneros con mayor aceptación entre pastusos y pastusas. Por eso, y aunque puede parecer extraño, Pasto es una ciudad “salsera” que cuenta no solo con melómanas expertas y grandes bailarinas, sino también con músicas y cantantes que exportan su talento a diferentes latitudes.

No sobra decir que la salsa, al igual que otras expresiones musicales, no es ajena a la cultura machista y heteropatriarcal, lamentablemente tan extendida en todo el mundo. Por eso es un género que ha sido dominado por hombres, pero en el que han emergido figuras legendarias como Celia Cruz, La Lupe, Elena Burke y Omara Portuondo, entre otras, que marcaron una ruptura frente a esa constante y dejaron un sello propio en la salsa abriéndose paso frente a luminarias como Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Cheo Feliciano y un sinnúmero de cantautores.

Más allá del mundo del espectáculo salsero en el que las mujeres conquistaron un espacio, en otros como el dominio y conocimiento profundo de la salsa, el papel de la mujer durante mucho tiempo fue relegado a un segundo plano. Cuenta Fernando Burbano, melómano y propietario de La Bodeguita Cubana, que hace 23 años cuando abrió el bar la mayoría de clientes eran hombres y las mujeres eran vistas solo como compañía o pareja de baile. “Las mujeres tienen mucho conocimiento sobre la salsa, al punto que hoy se cuenta con melómanas que conocen bastante de la melodía y han salido a escena, algo que antes no sucedía”.

Para Marly Zambrano, melómana, no es fácil para las mujeres entrar en la movida de la salsa, pues el conocimiento del género ha sido dominado por los hombres. “Tengo la fortuna de ser invitada a poner música en los bares de salsa de la ciudad y me ha tocado escuchar comentarios como que de dónde aparecí o que seguro soy algo de los dueños o que me están pagando algún tipo de favor y también he escuchado cosas como que una mujer no sabe mucho de salsa o que solo se queda con letras bonitas y salsa romántica”.

Cristina Portilla, una de las gestoras del Primer Encuentro de Salseras, cuenta que hay muchos hombres que piensan que la mujer no está a la altura para ser coleccionista o tener un gran nivel de conocimiento de la melodía. También se relaciona muy a menudo el hecho de ser salseras con la bohemia y el desorden, señalamientos discriminatorios hacia las mujeres.

Por eso la realización de este primer encuentro marcó un hito en el entorno de la salsa, pues es un triunfo de las salseras que se ganaron un espacio propio donde demostraron con creces que no solo están para hacer compañía o conformarse con escuchar a los hombres hablar de salsa. Las mujeres reafirmaron su conocimiento de la música salsa y cada vez se acercan más a condiciones de igualdad frente a los melómanos, que antes consideraban tener un lugar reservado solo para ellos.

Otro de los entornos difíciles al que han tenido que enfrentarse las mujeres salseras tiene que ver con las relaciones de pareja. Deisy Villarreal comenta que tuvo un novio que la puso a elegir entre la relación o la salsa. Cristina Portilla la complementa y dice que “la cultura salsera en las mujeres no es bien asumida y se asocia con el libertinaje y el licor. En mi caso, mi pareja desistió de que me alejara de mi afición y hoy, después de muchos inconvenientes, disfruta y comparte conmigo, pues lo acepta en cierta medida”.

Poco a poco la situación ha cambiado y, al final como dicen varias de estas mujeres salseras, a los hombres no les quedó más remedio que aceptar que la salsa se había convertido en un espacio de autonomía para ellas.

Una de las expresiones que se roban la atención tiene que ver con el baile, pues es quizás el espacio en donde mayor autonomía y poder despliegan las mujeres. Muchas de ellas van solas o en grupos de mujeres a los sitios de salsa, a pesar de las críticas que puedan recibir no solo de los hombres sino también de las mujeres, quienes no ven con buenos ojos que una mujer vaya sola a un bar y fácilmente ellas pueden ser tildadas o descalificadas.

Las salseras coinciden en afirmar que la salsa les ha permitido explayarse en sus movimientos, encontrar su propio ritmo y cadencia. Marly Zambrano afirma que “a las chicas les encanta bailar y está claro que lo podemos hacer solas y por eso no hay lío en salir solas y no depender de la invitación de nadie. Socorro Basante, única concejala del municipio de Pasto, nos cuenta: “bailar salsa me permitió ser yo misma, disfrutar de la libertad de los movimientos y me hace sentir dueña de mi voluntad”.

La condición machista no les permite a los hombres bailar entre ellos, mientras que las mujeres no tienen problema alguno en bailar entre ellas. El baile en las mujeres salseras es una manifestación de independencia y autonomía, incluso muchas han superado en la capacidad técnica de la danza a los hombres al punto que pueden perfectamente salir a bailar con uno de ellos y al no encontrar el compás de su pareja terminan bailando solas y robándose los aplausos, en una declaración absoluta de independencia. Los tiempos han cambiado y esa sumisión hacia las mujeres que antes generaban los hombres para salir a bailar ha sido casi que abolida por estas mujeres que se dejaron poseer por el espíritu de la salsa.

Así son ellas. Llevan en su sangre el sonido de los bronces, la maracá, el timbal y el bongó. Son mujeres que representan la esencia de Oshún y Yemayá y que se ganaron un espacio que ya les pertenece y con el que hacen un aporte importante a la igualdad de género desde el mundo de la salsa.

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