Historias

Don Gonzalo Cultid, un humilde nariñense que forjó con su panadería una familia de gran admiración

Foto: narino.info

Dice la Biblia: “no es bueno que el hombre esté solo; haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18); ‘y Dios creó a la mujer para apoyar y asistir al hombre con sus responsabilidades’. Esta consigna se refleja claramente en este relato, que más que una historia de vida es un vivo ejemplo de la palabra de Dios.

Don Gonzalo Cultid nació en 1954 en el Chorrillo, municipio de Aldana, Nariño, y llegó a Pasto alrededor de 1985; pero su historia de lucha y superación comienza años atrás, cuando conoce en Aldana a la señora Socorro Jurado, una mujer sencilla pero con unos principios de vida invaluables; ella se convertiría en su único apoyo y sería con quien decida compartir el resto de su vida.

Animado por su corazón más que por sus sueños, don Gonzalo en compañía de su esposa y su bebé de tan sólo algunos meses, deciden enfrentar los desafíos de la vida cueste lo que cueste, pero siempre juntos. Arribaron en 1981 a Ipiales, en donde nuestro protagonista buscó el primer trabajo que le ofrecieron aceptando ingresar en un lavadero de carros, luego pasó a una lavandería y después a un hotel; todo esto debido a que ningún empleo era fijo.

Cuatro años después, impulsados por la precaria estabilidad monetaria y sobre todo por las ganas de salir adelante con su familia, optaron junto a su esposa por buscar un mejor futuro en la ciudad de Pasto. Llegaron a la avenida Colombia, a casa de un familiar de la señora Socorro, en donde lograron alojarse e instalaron una tienda informal y venta de verduras con la que de alguna manera se lograba sacar lo del diario; pero sería el familiar Segundo Germán Érira quien los impulsara a montar el negocio de la panadería. Don Gonzalo tenía un familiar que sabía del oficio y como en la tienda le estaba yendo bien invirtió en un horno a gas y otros utensilios para concretar la idea; así que mientras su familiar hacía el pan él se hacía cargo de la tienda.

Con el tiempo tuvo que aprender del oficio puesto que su socio decidió independizarse y de ahí en adelante mediante unos cursos de capacitación en Levapan, la panadería se convertiría en su actividad laboral principal y de sustento de su familia. Se dio cuenta que era un negocio que implicaba de tiempo pero poco a poco crecía y aunque ya había pasado por otras experiencia de trabajo, se percató de que era un oficio que lo dejaba estar cerca de su familia.

Ahorraron un dinero y se presentó la oportunidad de adquirir un lote en el barrio Nueva Colombia, lo compraron por cuotas en $75.000 pesos, edificaron y desde hace 26 años ahí, nació la Panadería Leandro, que abre sus puertas de lunes a domingo para atender a su valiosa clientela, a quienes hoy por hoy y con toda la competencia existente, se debe cuidar como a ‘la niña de sus ojos’.

Junto a la señora Socorro concibieron dos hijos: Diego Leandro y Ximena Elizabeth, quienes gracias al valioso esfuerzo de sus padres lograron graduarse como Ingeniero Sanitario Ambiental y Diseñadora de Modas respectivamente. Según don Gonzalo, nunca recibieron un apoyo adicional por parte de alguien que fuera presto de sus necesidades, solamente con el apoyo mutuo de estos esposos que siembran un ejemplo de vida ante los demás, es que se nota toda la dedicación, tolerancia y esfuerzo que se requieren para conseguir hacer realidad no sólo un negocio sino para mantener unida una familia y con eso se salir adelante aquí y en cualquier parte.

Ahora, a sus 63 años, manifiesta don Gonzalo: “ya los difíciles años de trabajo han pasado, afortunadamente se logró adquirir lo necesario, se educó a los hijos, que es el orgullo más grande y se pudo ahorrar algo para tener una vejez digna y sin complicaciones”.

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