Historias

Los helados de paila de Santiago, una dulce tradición contada por María Eugenia Erazo Rosero

Foto: narino.info

Una de las ideas de negocio que ha perdurado desde 1950 en la Plaza de Santiago de la capital de Nariño, son los helados de paila, una tradición familiar que ya se transmite a su cuarta generación y que hoy es representada por María Eugenia Erazo Rosero, una madre cabeza de hogar, digna representante de los pastusos y del legado de sus abuelos.

María Eugenia conoció del negocio desde que era muy pequeña, es la mayor de todos los nietos, lo que la catalogó en la familia como la consentida de sus abuelos. A mediad que crecía, asistía al colegio Liceo Santa Teresita, en el que se graduó como bachiller; en sus horas libres colaboraba junto a su familia en la preparación de los helados y en la atención a los clientes.

Ella recuerda que su abuelo Benjamín Rosero fue el pionero del helado de paila en Pasto, casado con la señora Isabel de Rosero, los dos originarios del municipio de Túquerres, decidieron arribar a la capital en búsqueda de una mejor opción laboral, y de alguna manera, no sólo la encontraron, si no que fundaron un negocio que permanecería a pesar de su ausencia.

Una vez alcanzada la mayoría de edad, notó que el negocio necesitaba de su entera disposición y poco a poco no sólo despertó en ella el amor por su labor, sino el gusto por el arte gastronómico de Pasto. Su mamá, doña Socorro Rosero fue su principal apoyo, sobre todo en el momento de decidir continuar la vida con sus tres hijos; Joan Carlos, Yaira y Angela, que son los herederos de su tradición, ya que esta madre soltera se ha caracterizado por sembrarles los mejores valores y principios que le fueron inculcados en su familia, además de brindarles el mejor ejemplo posible para demostrarles que con dedicación y esfuerzo una buena idea puede prosperar.

Todo esto la motivó a capacitarse en distintos espacios de la culinaria de nuestra región, pero sobre todo a impulsar el negocio de los helados de paila para que propios y foráneos gusten de esta deliciosa tradición. Comenta que a todos los visitantes les gusta ver cómo se preparan los helados y ella responde así a esa curiosa pregunta: “lo lindo de todo esto es que el producto es totalmente natural, anteriormente recibíamos el hielo del nevado del Cumbal, éste lo colocamos en un platón grande para rosearlo con sal marina y sobre todo esto colocamos la paila de cobre a la cual vaciamos el jugo en leche de las diferentes frutas. Al girar la paila, la constante fricción con el hielo hace que el jugo va tomando la consistencia de helado, el cual finalmente es servido a los clientes”.

Ya han pasado más de 40 años y los elementos utilizados no se han cambiado, porque de ellos depende que el producto sea el mejor. Desde hace 15 años, María Eugenia promueve el negocio asistiendo a ferias, reuniones y demás encuentros gastronómicos de la ciudad y del país, en donde presenta el producto y da a conocer su preparación y degustación.

Hoy por hoy toda su familia se involucra en proyectar el negocio a mayor escala, pensando en ampliar otros puntos de venta en Pasto y en municipios más cercanos como Chachcagüi; pero el sueño más importante y que no debe perder vigencia es el continuar del oficio, heredado por sus abuelos, y que finalmente se permanezca como esa fuente de trabajo que siempre se esperó.

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