Historias

Diego Tapia, un comerciante de buena papa y un pastuso buena papa; esta es su historia

Foto: narino.info

Sin duda alguna, el departamento de Nariño es una de las regiones que se destaca por la producción a gran escala del tubérculo más codiciado por la cocina colombiana, y en su capital Pasto, ‘la papa’, genera una de las actividades comerciales más extenuantes y agotadoras al momento de realizar su comercialización.

Diego Fernando Tapia Zambrano es un pastuso ejemplar del oficio, que quiso compartir su historia de vida llena de esfuerzo y satisfacción. Coterráneo de artesanos, escritores y talentosos músicos, Diego Fernando lleva a cuestas uno de los trabajos más antiguos de nuestra región. Nació en la capital de Nariño en 1978, es el sexto de siete hermanos y agradecido con la vida por haber tenido unos excelentes padres, don Eliseo Tapia y la señora Esperanza Zambrano; ellos, le inculcaron la responsabilidad y el compromiso que demuestra cada día para conseguir los recursos necesarios y dar un sustento satisfactorio al motivo más grande de la vida, su familia.

Una vez se graduó del bachillerato en 1996, sus sueños se encaminaban a realizarse profesionalmente para convertirse en un firme soporte de su familia, pero desafortunadamente, en vista de que las condiciones económicas de sus padres no eran las más favorables, decidió buscar un trabajo para apoyarlos y ‘dejar de ser una carga familiar’. Fue así como conoció a la Sra. Beatriz Delgado, una reconocida comerciante de papa en el centro de abastos más grande de Pasto; ella le enseñó que con esfuerzo y dedicación se consiguen muy buenos resultados.

Inició como un ayudante más, colaborando en la verificación del descargue del producto y su debido almacenamiento, para desde ahí, distribuirlo al resto de consumidores. Se percató que la jornada laboral era diferente de cualquier otra, puesto que un día normal para él inicia a la 01:00 de la mañana, momento en el cual debe esperar a sus proveedores de la Provincia y de Rio Bobo, para recibir el producto por carga completa y luego de despachar algunos de sus cliente que madrugan para seleccionar el mejor producto, descansa solo un poco para continuar en el amanecer con la venta por bultos, medios bultos y arrobas, hasta culminar su labor casi a las 11:00 de la mañana que es cuando los carros que viajan al norte del país han cargado para ser despachados.

Desde entonces y hasta la fecha, comenta que los días más difíciles son los lunes, jueves y sábados, acumulando 18 años en su oficio, de los que aproximadamente 13, los comparte con la mujer que conocería en el día  a día de sus labores, su esposa Gladis Jaramillo, con quien concibió a su hijo Alejandro Tapia; de manera que a pesar de no poder culminar sus estudios profesionales, pudo realizarse como un buen hijo, esposo y padre, un ser humano que agradece a Dios por un trabajo que puede ser envidiado por muchos profesionales, debido a que por el hecho de ser un comerciante independiente puede manejar su tiempo; y eso, es lo hoy en día es tan anhelado.

A sus 39 años se mantiene físicamente bien y aún practica el micro futbol, pues considera que es uno de sus talentos no explotados; le complace haber adquirido lo que a muchos les cuesta toda una vida. Una bonita casa, un vehículo para su transporte y el de su familia y sobre todo un buen trabajo que le provee de todos sus deseos, pero teniendo bien claro que nada es posible sin la bendición de Dios.

Ahora su sueño es el de apoyar a su hijo en gran manera, para junto a su esposa poder sembrar buenas obras que compensen la continuidad de su trabajo y cada que día sea mejor.

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