Historias

Los jugos del Estadio Libertad, naranjas refrescantes con sabor a vida

Foto: narino.info

La protagonista de esta historia, es una mujer que le exprime hasta la última gota de esfuerzo a su vida, y que a punta de los jugos de naranja, vitaminas y proteínas ha logrado conquistar el sueño de muchos profesionales.

Ella es Sandra Patricia Ortega, una pastusa juiciosa, de 32 años de edad, esposa de William Tez Ordoñez y madre de Kevin Camilo Tez Ortega, una mujer comprometida con la vida y que demuestra que ‘cuando se quiere se puede’; pues para ella, no sólo basta conseguir títulos en la universidad, sino tener un propósito que oriente nuestro camino, para cada vez ser mejores personas y con esfuerzo salir adelante.

Terminó sus estudios de bachillerato y soñaba con ingresar a la educación superior, pero desafortunadamente no contaba con la presencia de sus padres o adultos que le pudieran brindar una mano para seguirse educando. A los 16 años decidió formar su hogar con William Tez, con quien concibió a su único hijo Kevin; en aquel entonces ella se encargaba de su casa y su esposo, contagiado por la idea de sus padres a cerca del negocio de la venta de jugos, se arriesgó a colocar su propio punto en el Estadio Libertad. Desde el 2001 nacería el negocio familiar, pero Sandra no estaba lista aún.

Su hoja de vida se conformaba de la experiencia en panaderías y el servicio en cafeterías, pero los horarios y el bajo sueldo harían que Sandra busque una nueva oportunidad laboral. Por esos días, el estadio de la ciudad de Pasto era objeto de una vasta remodelación, de manera que William tuvo que trasladarse de punto con su negocio; sin embargo, una vez terminada la remodelación, él le ofreció a Sandra que tomara el lugar que antes ocupaba y así ella inicie con su propio punto. Sin pensarlo dos veces y con más ganas que sueños, ella se independizó, y hoy cumple 10 años en su perseverante labor, porque aunque dejo de ser empleada paso a ser su propia jefe y eso para ella implica mayor responsabilidad.

Cada día madruga para despachar a su hijo y salir con su esposo hacia sus actividades diarias, a las 5:00 de la mañana debe estar sacando su carro repleto de naranjas, desde un parqueadero que está a unos 200 metros; una vez en su sitio, se conecta a la luz de Cedenar y se sujeta a toda la “buena energía de Dios padre y la Virgen Santísima”, para que le provean desde las seis en punto, los primeros clientes que bajan en bicicleta desde el kilómetro 15 y a ella le alcance el medio día para esperar al último cliente que se quiera refrescar.

Para nuestra protagonista no hay distinción de estratos, puesto que al quedar su puesto de trabajo en plena panamericana zona sur del estadio, los clientes son tan diversos que van desde transeúntes hasta deportistas, de motociclistas hasta muleros, de viajeros hasta obreros y de ejecutivos hasta policías; confiando mucho en estos los últimos, ya que son la única esperanza que tiene en un posible acto de delincuencia común.

Si usted decide visitarla, aparentemente va a encontrar muchas naranjas, pero ellas tan sólo son la base de las combinaciones energizantes que se ofrece en el lugar; por citar algunos de los jugos de naranja más solicitados podemos encontramos: el que viene con cola granulada y huevos de codorniz, o el de miel y proteína, borojó, complejo B, los saludables como el de vita cerebrina, el de cristal de sábila y hasta los afrodisiacos del reconocido mero macho.

Una vez más el talante pastuso sale a flote, y nos deja seducir por la gente linda, humilde y sencilla de la ciudad, personas que como Sandra, sólo necesitan ganas y alguien que los pueda apoyar. Ahora su sueño, es como el muchos vendedores informales a los que les falta un local, un refugio de la lluvia y el sol y sobre todo, un espacio en el que sin preocupación se puedan trabajar.

 

 

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