Historias

Sandra Rojas con un punto de buen sabor en Chapal

Foto: narino.info

Esta una de las historias de vida que demuestra el sacrificio y la verraquera de la que estamos hechos los pastusos. Sandra Rojas, una paisana más que sobresale entre los demás.

Nacida en el vereda el Campanero, corregimiento de Catambuco, a unos 30 minutos de la capital nariñense, Sandra Rojas es un ejemplo de compromiso y lucha invaluable, que nos demuestra que para conseguir nuestros propósitos en la vida, simplemente necesitamos ganas y un motivo que nos impulse a sacrificar nuestros propios sueños por el de las personas que amamos y comparten su vida junto a la nuestra.

​Personas como ella no son como cualquiera, cada día es un nuevo impulso que la empuja a levantarse muy de madrugada para preparar los alimentos que ofrece en su restaurante móvil; batalla que no tendría sentido sin la colaboración de su esposo Ruben Chachinoy y la presencia motivadora en sus vidas de su hijo Christian Chachinoy Rojas. Día tras día, una vez preparados todos los platillos de la carta, entre los que se pueden encontrar huevos cocidos, papas con queso, papas con pellejo, desayunos con carne sudada, pollo, chuletas y hasta gulasch, salen de su casa muy temprano para llegar a ubicarse en la esquina de la cra 10 con calle 12, en Chapal y así atender a la fiel clientela que desde las 8:30 de la mañana los espera con ansias.

Sandra, arribó con su familia a Pasto hace 10 años, en un comienzo se dedicó a los trabajos domésticos pero desafortunadamente esta actividad era muy mal remunerada y con su esposo acababan de formar un hogar y tener un niño que cada vez necesitaba más de su atención y su cuidado, lo cual la impulsó a buscar un nuevo trabajo para ofrecerle un mejor futuro a su heredero. Luego conoció a la señora María Toro, quien le dio la oportunidad de trabajar y conocer sobre el negocio de las comidas, quien por razones personales decidió acabar con esta actividad, y fue entonces cuando Sandra, se armó de verraquera para continuar con el legado que dejaba su tutora y así no depender de nadie más.

Al comienzo hubo susto, temor de arriesgarse y no saber cómo le iría; pero fueron los taxistas, los empleados de las empresas aledañas, los motociclistas y hasta los mecánicos del sector, quienes la apoyaran con su idea, ya que cada día son ellos la fiel clientela que la esperan desde muy temprano hasta mediodía, para probar los deliciosos sabores de su cocina y hoy, ya cumple 2 años de esmerarse para no defraudar el paladar de su valiosa clientela.

 

A sus 30 años, Sandra comenta que sólo necesitó el impulso que le dio su hijo para luchar y sobre todo las ganas de salir adelante para buscar un futuro mejor. Ahora tiene un sueño, y es el de adecuar un local cercano para su restaurante y poder trabajar con mayor tranquilidad y así ofrecer un mejor servicio.

Nuestra protagonista representa a la gente humilde y sencilla de la ciudad, a la comunidad de escasos recursos económicos que por necesidad tienen que salir a ‘la operación rebusque’, a buscar de la manera más honrada ganarse la vida, llueva, truene o bajo el día más soleado, sin pensar en qué deparará el día, si estará a salvo de los dueños de lo ajeno y de quienes restringen tanto a los vendedores informales o expectante de si la moverán de ahí; aunque ella y su esposo adoptaron un estrategia de hacerse amigo de los policías, porque cuenta con la suerte de que ellos también son sus clientes.

 

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