Historias

La conmovedora historia de un enfermo de cáncer y la enseñanza que nos deja

Foto: areahumana.es

Solamente cuando la vida nos golpea tan duro, que nos hace doblegarnos de rodillas y nos obliga a permanecer ahí por mucho tiempo, es cuando renace desde lo más profundo de nuestro ser, un espíritu de lucha y fortaleza, que nos renueva y nos ayuda a entender que cada instante es muy valioso y no podemos andar por ahí mal gastando o regalando nuestro tiempo, como si ello no valiera nada, cuando en realidad es el regalo más maravilloso que nos pudo brindar nuestro creador.

-Por johacota-

Él solía preguntarse, ¿qué se sentirá tener cáncer?. De repente, y de la nada, descubrió que llevaba en sus entrañas algo que lo devoraba, que crecía como un horrendo zángano dentro y alrededor de sus órganos, y que él andaba tan campante por la vida, sin saber que en su vientre algo lo estaba carcomiendo. Sin embargo, nunca esperó enterarse de recibir la más funesta noticia: tenía cáncer. Siempre había sido saludable y fuerte, practicaba deporte, aparentemente se alimentó bien y además de cuidar de sus dos hijas, era un excelente compañero de trabajo.

Juan – “Y luego, cuando las fuerzas ya casi no responden, te das cuenta que aquello que crecía en silencio en tu cuerpo, te deforma, te hace extraño, te confunde y lentamente te mata”.

Desde hace un par de meses me había sentido mal y algo me molestaba, me fatigaba y hasta la ropa me estorbaba. Me sentía exhausto, pero en las consultas al médico, al principio él lo atribuía a mi carga de trabajo, las exigencias, al estrés, a la mala postura porque permanecí décadas atendiendo público desde una silla. Luego, no hace mucho, en el mes de junio creo, me dio un dolor tan insoportable, que terminé en el hospital.

El presunto diagnóstico era terrible: cáncer avanzado por todo mi sistema digestivo, y al pedir un nuevo concepto médico me dijeron: ‘debo ser franco con usted Juan’, me dijo un cirujano cuando le pregunté a cerca de mi enfermedad. ‘Todo indica que usted está muy grave’.

El mundo se te derrumba, mucho más cuando uno recibe un diagnóstico así y de pronto, muy pocas cosas importan. Se lo conté a mis familiares y a algunos amigos íntimos; luego, me aislé. Todos los días, a primera hora de la mañana, me despertaba temeroso y contemplaba la muerte; sin embargo, desde que me enteré de la enfermedad, recé y oré tanto, que estaba inusualmente tranquilo, pero poco a poco fue más complicado de lo previsto. Al comienzo dudaba de mi, de Dios, habían preguntas sin respuestas y luego me intervinieron en un hospital. Estuve varias semanas en terapia intensiva, mi familia, amigos, conocidos y muchas personas más me visitaban y decían que me llevaban en cadena de oración desde los más jóvenes hasta los más viejos de mi casa, pero en oportunidades estaba tan anestesiado, que no entendía lo que sucedía a mi alrededor, a veces tenía alucinaciones: mi hermano mayor tenía más brazos y de repente llovía alrededor de la cama.

Un día abrí mis ojos, y quienes me rodeaban se reían, otros lloraban, y fueron llegando a la habitación las enfermeras y los médicos con quienes me había encariñado mucho, porque en cada turno me chequeaban y cuidaban, y ellos al parecer no comprendían cómo un tumor de tal magnitud, lentamente se sofocaba.

Para mí, solo fue DIOS quien obró, porque después de haber recibido esas malas noticias y esperar a que mi cuerpo desista de seguir con vida, con el tiempo, las terapias y las oraciones (sobre todo eso), hicieron que como un milagro, simplemente el cáncer se haya ido, no lo entendíamos, pero mi pronóstico mejoró. Tal vez tenga que vivir con el miedo a que el cáncer vuelva, no lo sé, por que es un tipo de cáncer regenerativo, pero.. “ahí estará Dios conmigo”.

Al salir del hospital, me pareció que las personas vivían agobiadas por preocupaciones inútiles. Fruncen el ceño ante las quejas que leía en las redes sociales: gente que estaba engripada, enfurecida con los políticos o abrumada por el trabajo. Yo quería gritarles:”¡Pero tienen vida! ¡Están vivos!” Cada día es una gloria, una bendición, sobre todo si estoy de pie y puedo moverme sin dificultad, con mis propias fuerzas y sin dolor.

Aún trato de entender lo que significa todo esto, pero finalmente pude identificar una verdad que se ha vuelto ley en mi vida: la serenidad y la infinita confianza en la fe de Dios pueden brindar una fuerza extraordinaria; en cambio, la angustia agota y carcome. Yo no quería guerras, ni batallas, simplemente quería implorar a Dios, en lo que él quiera de mí y cuál sea mi propósito en esta vida; tal vez te haya tocado esperanzar a personas invadidas por el miedo, pero cuando es uno el que vive asustado, aquellos que tratan de hacerte reír, que te distraen contándote chistes bobos, que cocinan para uno o que viajan horas solo para abrazarte, se vuelven aliados invaluables y además sería imposible y francamente agotador vivir cada día como si fuera el último.

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