Voces ciudadanas

El Partido Venezuela vs. Colombia por las eliminatorias ¿un partido de alto riesgo político?

Este jueves 31 de agosto, en el Estadio Pueblo Nuevo de San Cristobal, se enfrentarán las dos selecciones nacionales por un cupo al Mundial de fútbol Rusia 2018.

Por: Juan Pablo Villota Villarreal

Los grandes medios colombianos han dedicado los últimos meses, las primeras planas y los grandes titulares a narrar a su manera la situación social, política y económica del país vecino, Venezuela.

Para muchas audiencias críticas, el despliegue informativo ha sido excesivo por una parte y por otra sesgado. Aunque pareciera que la inmensa mayoría de los colombianos y colombianas no lo considera de esta manera.

Excesivo porque la situación que vive el país suramericano puede ser neurálgica por muchas situaciones pero nosotros tenemos nuestras propias preocupaciones que atender; temas como la campeante corrupción que ya superó las “justas proporciones” propuestas por el entonces Presidente Julio Cesar Turbay son un verdadero pecado social que clama justicia a la tierra y al cielo – si es que tanto la tierra escucha como el cielo existe-; la lenta y enredada implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC; el deficiente estado del sistema de salud pública; el incremento de los cultivos de uso ilícito y la creciente violencia cotidiana, ya serían temas suficientes para analizar a mayor profundidad por parte de los medios colombianos.

“Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar”. (F. Savater).

Sesgado porque es evidente encontrar narrativas “anti-maduro” o en contra del modelo político que trata de implementar el Chavismo en Venezuela; no es que estemos de acuerdo o no con el mismo, pero lo mínimo que les podemos pedir a los medios es ser plurales y permitir que las partes puedan brindar sus versiones y sean las audiencias las que tomen su postura.

El pensador contemporáneo Fernando Savater afirma que: “Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar” aludiendo a la necesidad de generar pensamiento crítico y este caso la imperiosa obligación de formar audiencias críticas.

Un pensamiento y unas audiencias críticas que contribuyan a analizar y solucionar problemas del entorno que le afectan como ciudadanos. Es toda una estrategia formativa y comunicacional, en donde los medios y comunicadores pueden contribuir a discutir el cómo y el por qué de cada noticia y evento sobre el cual se informa.

Una estrategia que enseñe a los ciudadanos a pensar por sí mismos, en lugar de creer ingenuamente todo lo que ven, sin importar la fuente de la información.

Pero mientras ello sucede, esperaremos, muy acomodados en nuestra butaca a que eventos meramente deportivos como un encuentro de fútbol entre dos selecciones nacionales, conformadas por jugadores que por lo menos del lado colombiano no han querido o no les ha interesado el panorama nacional, los involucremos en una batalla política en la cual no queremos comprar asiento.

O acaso alguien escuchó alguna referencia de figuras de la selección apoyando el proceso de paz durante el plebiscito pasado; ninguna figura del deporte lo hizo, a excepción de la decisión valiente y animosa del ciclista Nairo Quintana; los futbolistas colombianos que se sienten orgullosos de vestir la tricolor nacional -y de recibir los dividendos económicos y de popularidad que ellos les deriva- ni se inmutaron sobre el tema.

“La guerra es la paz, la Libertad es la esclavitud, la Ignorancia es la fuerza”. (G. Orwell).

¿Pero eso le importa a alguien? Los medios ni lo analizan porque el fútbol, como la nueva versión moderna del Circo Romano, no se toca porque entretiene como su principal función; quien lo haga se ve abocado a un sinnúmero de ataques de un inconsciente colectivo al cual los medios han contribuido a adiestrar para entender que lo que sucede en Venezuela o la clasificación al Mundial de Rusia 2018 es más vital que lograr que los recursos públicos sean para el bien común y no para unos cuantos avivatos que se disfrazan de políticos para literalmente robarle al pueblo el derecho a una vida digna.

Ahora nos quieren meter la idea que el juego de este jueves es de alta complejidad por el horizonte político; hasta donde se sabe quién ha terminado inmiscuido en los asuntos venezolanos ha sido el Gobierno y los grandes medios colombianos y poco o nada de hostil tendría un partido de fútbol entre dos selecciones, la una prácticamente eliminada del certamen mundial y la otra llena de jugadores en donde el amor a la patria es tan grande como el tamaño del balón que patean.

Es tal nuestro “fervor nacional” que la separación de James Rodríguez es más importante y dolorosa que la muerte de niños, no solo en La Guajira ¡Por Dios!, sino en cualquier sitio de Colombia, así el jugador se pueda consolar con su pírrico sueldo de 1 millón de pesos por minuto y quien denoste de él es un apátrida, un envidioso o un resentido social porque así nos han ayudado a “instruirnos” los medios colombianos en la mejor versión del Ministerio de la Verdad del mundo orwelliano que nos ha enseñado que: “La guerra es la paz, la Libertad es la esclavitud, la Ignorancia es la fuerza”.

Apostilla: Mientras en Colombia el fútbol es el deporte más popular, no el que más glorias le ha dado al país, en Venezuela sus deportes favoritos son el beisbol, el baloncesto y el futbol de salón del cual tienen una liga más organizada que en Colombia. Y mientras acá ninguna selección en cualquier categoría ha alcanzado un título importante a nivel orbital, la “cenicienta” del fútbol suramericano llegó en este año a ser subcampeona del mundial sub 20 celebrado en Corea del Sur, siendo derrotada sólo en la final y por estrecho marcador por Inglaterra. Así de grande es el absurdo panorama político-futbolístico que vivimos en Colombia.

 

 

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