Voces ciudadanas

Adiós a las armas… pero por favor con cifras reales

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Por: Juan Pablo Villota Villarreal

Hace algún tiempo, leyendo cierta columna escrita en un medio regional titulada “Súbase al tren de la paz”, me causó extrañeza encontrar en medio de los párrafos la siguiente afirmación: “Son dramáticas las cifras que arroja el conflicto armado. Con el cese al fuego nos estamos evitando la muerte de hasta 300 mil compatriotas por año (llevamos ocho millones de víctimas…)”. Que según entiendo el dato servía para afianzar la importancia del fin del conflicto armado en Colombia pero la cual estaba muy lejos de ser real.

Ahora, luego de la dejación de armas por parte de las FARC en manos de la Misión de verificación de la ONU, me he vuelto a encontrar que muchos recurren a las cifras ya sea para espantar o afianzar un discurso en pro o en contra del Acuerdo firmado.

Y flaco favor le hacen a la construcción de paz el manejo de las cifras, aumentadas, disminuidas o amañadas por una u otra parte.  La sociedad colombiana, a favor o en contra, ha mostrado en un gran porcentaje el limitado horizonte de comprensión existente frente al conflicto armado, al proceso de diálogo, a sus acuerdos, resultados y al horizonte de construcción de paz.

Aclaro primero, antes de seguir que estoy totalmente de acuerdo con la salida negociada al conflicto armado en Colombia; segundo: el plebiscito de octubre no refrendó la paz ni la desvirtuó, dar el si o el no ni me sube ni me baja del tren de la paz; el juego montado por el Gobierno y los políticos para el aval del plebiscito pareció birlar el trasfondo de lo que la sociedad debería exigir y a su vez comprometerse en la real construcción de una paz justa, estable y duradera.

El 26 de junio en un comunicado la Misión de la ONU en Colombia anunció el almacenamiento de 7.132 armas individuales de las FARC y la desmovilización de 6.900 de sus integrantes.

Sin embargo, inmediatamente, surgió la duda de que las FARC no habían entregado el total de su armamento y comenzó la especulación de que éste sería el doble o incluso más del registrado por la ONU.

Una ojeada al número de integrantes de las fuerzas militares y de policía en Colombia haría palidecer la cifra de guerrilleros y armas dentro del proceso de paz. La revista militar digital Diálogo indica que en Colombia se incrementaron de 300.000 a 470.988 entre 2001 y 2015, el número de integrantes.

Para su labor, la fuerza militar y policial, contará en el año 2017 con un presupuesto cercano a los 39,4 billones de pesos de acuerdo con el Presupuesto General de la Nación para el presente año.

Y si lo comparamos con la educación, el presidente de Fecode, Carlos Rivas señala que la cantidad de maestros en Colombia es de 322.473 y el presupuesto para la misma es 5,5 billones menos que los destinados para el aparato militar y policial.

Si asumimos que en Colombia habitamos alrededor de 50 millones de persona, los  datos nos dicen que:

Hay un miembro de la fuerza pública y policial por cada 106 habitantes.

Un guerrillero desmovilizado por cada 70 miembros de la fuerza pública.

Un maestro por cada 155 colombianos y uno por cada 30 estudiantes.

O sea que hay más militares y policías que educadores y más plata para la Defensa que para la educación. ¿Para reflexionarlo o no?

Y para no dejar de admirarnos, según las cifras del Comando General de las Fuerzas Militares, hay 560.667 armas de fuego amparadas que están en poder de 419.278 tenedores legales. De ellos, 264.736 registros corresponden a empresas de vigilancia y departamentos de seguridad.

Sin contar dentro de ello el armamento de la fuerza pública claro está.

Las cifras van y vienen y comienzan ellas a ser manipuladas a favor de aumentar la zozobra  en una sociedad que como lo decíamos poco ha profundizado en los hechos mismos del conflicto armado y como los desconoce le causa miedo.

El ser humano teme aquello que desconoce.  Y eso lo saben manejar unos y otros a su favor.  La dos veces premio Nobel Marie Curie afirmaba que “Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”. 

Y al Gobierno y a la clase dirigente en el país le está costando entender que para ayudar a crear un verdadero clima para la construcción de la paz bajo horizontes de reconciliación la sociedad colombiana necesita una verdadera pedagogía de paz para comprender, aprender a hacer y vivir juntos y  poder ser así una mejor sociedad.

Volvamos a la cifra de marras que nos trajo a cavilar en el día de hoy: ¡¡¡300.00 mil muertes (trescientas mil, por si de pronto piensan que se fue un cero en la cifra) de colombianos por año a causa del conflicto armado!!!  Tampoco se puede dejar pasar tamaña cifra.

También le hace un flaco favor al proceso el ubicar al conflicto armado en Colombia las cifras tan tomadas a la ligera y espantadoras que nos alejan de la realidad, que es cruda y compleja pero que debe ajustarse para entenderla y asumirla.

Para buscar cifras más reales, me remito a estudios como el del CINEP, en su informe “Conflicto armado en Colombia durante el 2011”, publicado por la Revista Semana; en él se indica que en el año 2011 murieron 993 personas entre civiles, fuerza pública y guerrilleros envueltos en situaciones de guerra.  La cifra representa el 6 % de los homicidios registrados en ese año en el país que fueron de 16.550.

Corroborando el dato anterior, me remití a los informes del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, más conocido como Medicina Legal, y encontré que en el año 2010 fueron asesinadas 17.459 personas y en el año 2009 se registraron 17.717.  Por ningún lado encuentro las 300 mil que indica la columna.

Según el no tan conocido ONS, Observatorio Nacional de la Salud, entre 1998 y 2012  un total de 331.470 homicidios se registraron en Colombia, con un promedio de 22.000 muertes al año.  Incluidas las muertes conexas al conflicto armado interno. Pero el dato abarca cerca de tres lustros e incluye todas las muertes violentas en Colombia.

El ONS comprobó que, contrario a lo que se creería, los niveles de pobreza bien sea a nivel departamental o municipal “no explicaron el mayor riesgo de mortalidad por violencia homicida”. Jorge Giraldo, miembro de la Comisión Histórica del Conflicto que participó en los diálogos de La Habana, señala que desde los 90 hay estudios que cuestionan la tesis de que la violencia en Colombia está ligada a la pobreza.

Pero, por si acaso al CINEP, Medicina Legal o al ONS se les haya “chispoteado” la cifra, hurgué entre los datos del Instituto Nacional de Salud (INS) y encontré que en el año 2012  las lesiones interpersonales (que incluyen violencia interpersonal y daño auto infligido), fueron la segunda causa de muerte, solamente superada por las enfermedades cardiovasculares y circulatorias. O sea hay más gente que se muere por no cuidar el amatorio que por balas y cuchillos.

El dato del INS de 15.747 para el año 2012 indica una tasa de Tasa de mortalidad ajustada por edad y sexo por 100.000 habitantes de 32,4.  La cifra es esperanzadora, para el 2016 la tasa ha bajado a 25,2 pero sigue siendo una de las más altas de la región.

Si la cifra del columnista regional fuera cierta, tan solo por conflicto interno la tasa de las muertes seria de 640 por cada 100.000 habitantes.    Por ejemplo, en una ciudad como Pasto de 500.000 habitantes habría al año 3.200 muertes, o sea 8,8 muertos al día. Como para no salir de casa.

Claro está que la tasa de 25,2 muertes por cada 100 mil habitantes coloca a Colombia en una situación muy preocupante. Según la Oficina para el Crimen y el Delito de las Naciones Unidas (UNODC, del inglés United Nations Office on Drugs and Crime), Colombia tiene uno de los índices más altos de tasa de homicidios comparado con los demás países del mundo.

Y les recuerdo, que los datos indican que de las muertes violentas en Colombia, un promedio del 6 % están (o estaban, esperemos que así sea) directamente relacionadas con el conflicto armado. O sea que el “coco” que nos espanta en Colombia no está tampoco donde unos y otros nos lo quieren señalar.

De igual manera el Observatorio de Homicidios del Instituto brasileño Igarapé informa que de las 150 ciudades con mayores tasas en el mundo 13 se encuentran en Colombia.

Pero si aún no estamos convencidos de la importancia de conocer y manejar las cifras reales,  la Unidad para las Víctimas, a la fecha de Mayo 31 de 2017, reporta que en Colombia se han registrado 8.425.398 de víctimas, de las cuales están registradas por desplazamiento 6.849.277 y el restante por los demás hechos victimizantes contemplados en la ley 1448 de 2011.

De esos hechos victimizantes, 265.829 están registradas por homicidio como víctimas directas.  Ah, pero la cifra no es de un año.

En el año 2011, Colombia se ubicaba como el quinto país más violento del mundo según el informe publicado por  la organización Small Arms Survey.

Para tener un dato más reciente, Medicina legal, en su informe anual “FORENSIS 2015” indica abro comillas “en 2015 se presentaron un total de 11.585 homicidios en el país. En el mismo año se registraron 6.884 muertes en accidentes de transporte, 2.675 muertes accidentales y 2.068 suicidios”.  Con un total de 24.681 necropsias médico legales hay en medio de todo otro dato que da señales deesperanza: las tasas han sido las más bajas en los últimos 15 años.

Otros datos, como los que arroja el Centro Nacional de Memoria Histórica, en su informe ¡Basta Ya! Nos señala que entre los años 1958 a 2012  se registran 2.018.094 personas muertas, de las cuales el 19 % fueron combatientes.

Aunque la noticia del 27 de junio de la dejación de 7.132 armas  no caló tanto en la ya “mal informada” sociedad colombiana será en su momento un hecho histórico para Colombia y para las nuevas generaciones si logran aprender a comprender la historia, su realidad y pasado para construir su futuro.

Sin embargo tampoco podemos “Hacer sonar campanas al viento” así a la ligera.  Ese adiós a las armas solo se ha dado por parte de una facción armada, faltan entre ellas otros grupos armados, el proceso de “reingeniería” de las mismas fuerzas militares y policiales y el desarme de la sociedad civil.  Las cifras así lo demuestran.

Colombia presenta elevados niveles de violencia que afectan a toda la población; determinantes como el conflicto armado, el narcotráfico, las desigualdades sociales, la inseguridad, la violencia intrafamiliar, violencia de género, violencia cotidiana, el consumo de sustancia psicoactivas, alcoholismo, la falta de acceso a la educación y los bajos ingresos económicos, entre otros, demuestran la cultura de la muerte y violencia que se ha ido construyendo en el país.

En ello cabe agregar otros datos más:

El coeficiente de Gini, medida estadística de la desigualdad ideada por Corrado Gini, indica que Colombia en el año 2016 tiene un coeficente de 0,535; entre más cerca esté de 1, más desigual es la nación. Ubicando a Colombia en el séptimo país más desigual del mundo y el segundo en América Latina después de Honduras.

El Índice Global de Paz (IPG) del Institute for Economics and Peace,  ubica a Colombia en el puesto 147 entre 163 países en el año 2016, siendo el 163 Siria y el 1 Islandia. El IPG mide la paz de acuerdo con 23 indicadores cualitativos y cuantitativos. Uno de esos factores son los conflictos armados internos dé cada país, pero existen otros igual de relevantes que no se pueden desatender.

Hacer el tránsito hacia una sociedad justa y en paz, reconciliada y reconciliadora, vuelvo e insisto, requiere de comprensión profunda de la realidad por parte de la mayoría de la sociedad y de dejar de sacarle réditos políticos y económicos a la tan manida “paz y el postconflicto” por parte de unos pocos.

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