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Los nuevos pasquines para “príncipes” y gobernantes de Nariño

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Por Juan Pablo Villota

 (O este asco de pasquín)

En una de esas ojeadas que ahora con más frecuencia damos a los medios digitales, así los medios tradicionales no lo crean o le vendan la idea contraria a los gobernantes, me encontré con un artículo y algunos comentarios en las redes sociales que tildan  a varios medios digitales de ser verdaderos “pasquines”

¡Un pasquín! Había pasado ya un buen tiempo que no leía la palabra.  Incluso me atrevo a decir que los nuevos ciudadanos digitales hijos de esta sociedad de la información casi no sabrían relacionar la palabra con lo que ella significó mucho antes de la llegada de la era digital.

Tuve que recordar tiempos pasados en donde fácilmente por debajo de las puertas se deslizaban papeles mimeografeados (Mimeógrafo es otra palabra que seguramente tampoco conocerán los nuevos lectores digitales) a una sola tinta que denunciaban de forma anónima a cierto gobernante de turno por sus malas obras o que se pegaban en los postes tal cual como ahora se promocionan los viajes a Atacames, Eje cafetero o La Habana.

Al pasquín siempre le caracterizaba su anonimato; firmaba “El ojo ciudadano”, “Vecino preocupado”, “El defensor del pueblo” (No Otálora conocido por su famoso “priapismo” digital  ni el actual que sólo le conocen en Bogotá y en Popayán), o firmaba cualquier N.N., menos Pepito Pérez a quien se le atribuye todo lo que nadie se atreve a decir que es suyo; en este caso el señor Pérez pudiera entablar una demanda por el uso y abuso de su nombre y recurrir a algún defensor público presto y ágil.

Pasquín, según el diccionario Larousse, el abuelo de Wikipedia, proviene de la palabra italiana “pasquino”, siempre ha tenido y parece que en el futuro tendrá un uso peyorativo y hace referencia a un escrito puesto o distribuido de forma anónima que critica de forma satírica a un personaje público o una organización.

Cabe anotar que su uso comenzó a darse en Roma a mediados del siglo XVI, para ese tiempo no había mimeógrafo y de pronto el invento de Gutenberg ya comenzó ser usado para producir los primeros pasquines.

Los escritos se colocaban junto a la estatua de Pasquino en Roma, de quien no se sabe si era un guerrero griego, Ayax, Hércules o un famoso peluquero italiano.  Así como pasa con muchos de nuestros políticos y gobernantes que parecen una cosa pero se muestran como otra y a la larga terminan siendo una muy diferente.

Lo cierto es que al pasar de los años la estatua de Pasquino se convirtió en sinónimo de las sátiras al poder establecido y los escritos de contestatarios.  Al desarrollarse los medios impresos la palabra se asoció también a señalar a los diarios sensacionalistas y, generalmente, calumniosos; cualquier parecido con la prensa escrita regional es pura coincidencia.

Las réplicas que se dejaban en la estatua de Pasquino aparecían en una estatua cercana llamada Marforio.  Acá en lo local nuestro Marforio tiene menos seguidores que este buen pasquín.

Con el paso del tiempo y el avance de la era digital, fácilmente podríamos encontrar varios escritos a los cuales los gobernantes de turno los tildan de pasquines en la medida que no se ajustan a lo que denominamos la sociedad del mutuo elogio.  Casi que no existe gobernante al cual no le gusten más las lisonjas y los adulos que las críticas y los cuestionamientos.

Y ante tal actitud es muy probable que hagan uso de los medios a su alcance, cuando digo medios no me estoy refiriendo únicamente a los de comunicación a los cuales casi siempre tiene al alcance de su pauta, para desestimar aquello que no le place.

En Colombia, son muy comunes diversos tipos y forma de censura y desprestigio y se tilda a los medios de acuerdo a su acomodo y apego; pueden ser los medios más éticos, prosaicos y verídicos o los más banales, simples e inmundos pasquines.

En épocas del manipulado “post conflicto” el centro de Estudios de Libertad  de Expresión, de la  Fundación para la Libertad de Prensa -FLIP- hace un análisis sobre cómo para lograr tiempos de paz, estables y duraderos como diría De la Calle y reafirmaría Santos, o sea no un callejero cualquiera, sino uno de calle alta, se requiere:

Primero garantizar el pluralismo y diversidad en la radiodifusión y servicios de comunicación audiovisual y segundo asegurar la no injerencia, directa o indirecta por parte de cualquier actor estatal sobre el ejercicio de la libertad de expresión.

En otras palabras la libertad de expresión y la garantía por parte del Estado y sus gobiernos de turno debe ser uno de los principios rectores para construir la paz.

La FLIP ha logrado documentar por algo más de una década que “un alto porcentaje de instituciones públicas adjudican a los medios de comunicación contratos de publicidad oficial que derivan en mecanismos de censura indirecta”.

Esto quiere decir que yo te pauto pero tú me públicas o te silencias, convirtiéndose en uno de los más recurrentes mecanismos de presión económica para incidir en los contenidos de los medios.

En muchos casos, indica la FLIP, que “las presiones por publicidad oficial se alejan de éste objetivo legítimo y se acercan a la censura, como catalizador que pretende dosificar y  moldear el debate público”.

No lejos estamos en nuestro medio regional de tal fenómeno en donde los recursos emanados de la pauta oficial terminan incidiendo en “qué se dice, cuándo se dice, qué se calla y hasta cuándo se calla”. Aún está entre ciernes un debate real de cómo el emporio periodístico regional (si se le puede decir emporio y periodístico también) patrocinó  así sea con unos cuantos milloncitos la campaña del actual Gobernador, y suponemos que de varios en el pasado, a cambio de qué.

¿De nada?  O fue este un gesto del más alto nivel de altruismo similar al del magnate Bill Gates o del más valioso y loable esfuerzo anónimo que llevan café y pan en las mañanas a los habitantes de calle en Pasto que no esperaba nada a cambio.

Ahora volviendo al tema de los pasquines modernos.  ¿Se puede catalogar los nuevos medios digitales como verdaderos pasquines? ¿Son ellos la nueva amenaza de “pequeños príncipes” y de “disfrazados feudales” que bajo el ropaje de una débil democracia se hacen elegir como gobernantes?

La respuesta podría ser sí, no, a veces, “solo la puntica”; todo depende de cómo ellos asumen la “democratización” de la información y que ya no será tan fácil censurar directa o soterradamente a los medios.

En un mundo hiperconectado y sobreinformado la censura debería haberse extinguido. Pero sigue “vivita y coleando”, solo que bajo otras formas de dar sus coletazos.

Sin embargo la sátira al igual que la crítica no morirá nunca, ni en la era digital, ni en la sociedad del conocimiento. La comunicación es eterna al igual que Roma es eterna.

Una forma de cómo evitar estos nuevos tipos de censura lo tiene a la mano los gobiernos nacionales y locales, la recomendación de la FLIP al respecto es “asegurar la trazabilidad de los contratos de publicidad oficial. El Sistema Electrónico de Contratación Pública  – SECOP, debe asignar la categoría única de “publicidad oficial” para la denominación de dichos contratos”.

Nuestros gobiernos participativos, alternativos, abiertos o como se quieran autodenominar ¿dejarán escapar tan fácilmente lo que para ellos consideran vital para dar a conocer sus objetivos, no los institucionales por supuesto sino los más profundos: los políticos, los que pueden generar perpetuarse en el poder, gobernar “in pectore”, heredarlo o feriarlo?

La última vértebra, el coxis: Me encontré con un verdadero PasQuín  y su canción Picture Perfect.  Disfrútenla porque esta es la gran ventaja de los medios digitales: Su hiperconectividad, sin límites de espacio ni tiempo ni fronteras.

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