Historias

¿Por qué eligieron a Jeison Aristizábal como Héroe CNN del 2016? ¿Quién es y qué hace?

¿Por qué eligieron a Jeison Aristizábal como Héroe CNN del 2016? ¿Quién es y qué hace?

Jeison Aristizábal es un caleño de 33 años, fundador de la Asociación de Discapacitados del Valle, Asodisvalle, que trabaja con niños y jóvenes de escasos recursos en situación de discapacidad.

Durante su nacimiento, la madre de Aristizábal tuvo complicaciones, lo que demoró el parto y no permitió que su cerebro recibiera oxigenación suficiente, lo que llevó a que sufriera de una parálisis cerebral.

A pesar de su discapacidad y de los pronósticos de los médicos, el caleño de 33 años fundó la Asociación de Discapacitados del Valle, Asodisvalle, que ayuda a cerca de 480 niños de escasos recursos y con alguna discapacidad.

En la ceremonia “Héroe CNN del 2016”, que se llevó a cabo en Nueva York, el fundador dio un emotivo discurso, afirmando que hay que “vencer el pronóstico y sobreponerse al diagnóstico, porque se puede lograr salir adelante y superar la sensación de derrota”.

CNN le otorgó 100.000 dólares a Jeison para que continúe trabajando por los jóvenes de su región con y sin discapacidades.



La Historia de Jeisón

Esta es la historia de un héroe, de esos que no vuelan ni tienen visión de rayos láser. Tiene 33 años y una estatura de un metro 55 centímetros, una pierna que se mueve a su antojo y una dificultad del habla que no le permite vocalizar bien.

Pero su súper poder es una sonrisa de ojos arrugados, como pliegues de una camisa, con la que ha conseguido dar estudio y ayudar a caminar de nuevo a cientos de niños discapacitados, como él. Como todo héroe, tiene una mujer detrás que lo impulsa. Una mujer que le dio a luz y que hoy es la autora de un libro que narra su historia.

Foto: asodisvalle.com

La prueba

Cuando Jeison Aristizábal tenía año y medio de nacido, el médico le dijo a su mamá, María Emilia, que no había nada que hacer. “Cómprele una cajita de embolador y lo sienta al lado de la puerta de la casa, porque no va a servir para nada más”, fueron las palabras del doctor ese día. María Emilia las recuerda, como contando una historia fantástica.

Sentada en la sala de su casa, sonríe frente a su hijo, la prueba de que aquél hombre estaba equivocado. Entonces, con el libro que escribió sobre él, ‘Jeison, una vida sin barreras. Cadena de sueños’ en sus manos, se remonta al día en que nació.

Era el cuarto de sus hijos, el parto no fue común: el chico venía de pie. Como fue atendido por una partera, la mujer aquél día al ver los pies del pequeño, no supo qué hacer. Solo se le ocurrió halar con fuerza. Su vida dependía de ello. Pero en ese halar, la mujer le atrofió la cadera. También le causó una parálisis cerebral por unos minutos, lo que años después ocasionaría que Jeison hablara como si tuviera una discapacidad mental.

Pero a pesar del daño, Jeison creció con todas sus facultades intelectuales. La mejor prueba de ello es que hoy está en séptimo semestre de Derecho en la Universidad Libre, haciendo parte del tan solo 1 % de la población discapacitada de Colombia que, según el Dane, logra ingresar a la educación superior.

Foto: asodisvalle.com

Asodivalle

En el barrio Ricardo Balcázar, un poco más allá del ‘Puente de los Mil Días’, está la Asociación de Discapacitados del Valle, Asodisvalle, que Jeison fundó. Desde fuera parece una casa pequeña. Pero adentro es un gran edificio de cuatro pisos, que han logrado armar como un rompecabezas juntando cinco casas, recibidas de a una a lo largo de los 14 años que lleva funcionando.

Es un sector donde predominan los estratos 1 y 2. Allí hoy estudian 480 niños con todo tipo de discapacidades, tanto físicas como mentales. Jeison hoy cuenta con alegría que han logrado el apoyo de 120 padrinos para dar tratamiento, además de estudio, a estos chicos. Aunque aún no son suficientes, pero tiene la esperanza de que sigan aumentando para ayudar a las cerca de 20.000 personas discapacitadas que hay en Aguablanca.

Este no es un colegio común: además de las aulas de estudio, hay salas de fisioterapia, fonoaudiología y otras terapias. Por toda la fundación se ven sillas de ruedas, elípticas, bicicletas estáticas, balones, colchonetas, camillas. Además, las gradas poco a poco se han transformado en rampas. “Hemos ido construyendo de a poquitos, la gente nos regala lo que puede, así sea un saco de arena”, cuenta Jeison.

Ahora el sueño es terminar de construir la quinta casa, donde construirán un parque de juegos que les regalaron hace poco. “Uno siempre debe tener un sueño”, dice. El suyo es que el colegio, que hoy tiene clases solo hasta quinto de primaria, algún día también tenga universidad.

El garaje

Después de dos meses de estar en cama y luego en silla de ruedas, Jeison, a sus trece años, decidió que aprendería a montar bicicleta. Era una locura, reconoce hoy él mismo. Acababa de recuperarse de su segunda operación para corregir su problema de cadera de nacimiento.

María Emilia tenía mucho temor. Le había costado mucho lograr que le hicieran la cirugía. Había tenido que hacer rifas, kermés, vender camisetas y tamales. Todo para comprar los tornillos y platinos que debían ponerle a Jeison. Al final le faltaban alrededor de $500.000, entonces jugó el chance. Jugó el 419. Y ganó $570.000. “Ese día entendí que Dios estaba con nosotros”.

A ella todo le había costado en la vida. Desde la muerte de su esposo, cuando Jeison tenía solo dos años. Desde entonces todos sus esfuerzos se concentraron en criar a sus y hijos y lograr que Jeison tuviera una vida normal.

Por eso lo impulsó a que aprendiera. Él salía todas las tardes a practicar y regresaba con el cuerpo lleno de golpes y raspones. “Mi mamá empezó a ponerme sacos encima y doble pantalón, que para amortiguar las caídas”, cuenta entre risas.

Dos meses después, cuando aprendió, comenzó a viajar lejos con su bicicleta. Su mamá no entendía qué era lo que hacía, hasta que un día su esposo (padrastro de Jeison) lo encontró en un barrio lejos del suyo. Ella se enojó mucho y le prohibió volver a salir en las tardes. Entonces Jeison lloraba y entraba en histeria. “Arrojaba cosas contra las paredes. Hasta que un día me explicó: la razón para ir tan lejos era un niño discapacitado como él”.

“Me dijeron que había un niño como yo allá, que no podía caminar. Cuando fui, lo encontré en la cama. No tenía silla de ruedas y se le estaba deformando el cuerpo. Tenía que ayudarlo”, recuerda Jeison.

Jeison ya estaba en bachillerato, al que entró después de que su mamá insistiera en que lo aceptaran a pesar de su condición. Al principio sus compañeros se burlaban y lo llamaban ‘el borracho’, por su particular forma de hablar y caminar. Pero María Emilia le decía que no dejara de ir, que les demostrara quién era. Y con el tiempo se convirtió en personero y líder. Incluso entró a la emisora del colegio, donde aprendió de periodismo.

Y fue gracias a una reportera amiga que consiguió un benefactor que le regaló una silla a su amigo. Ese fue el principio de la aventura. Unos meses después, ya había ayudado a varios chicos del sector y cada vez surgían más. Así que comenzó a llevarlos a la casa, a darles terapia física.

Arrancó con un balón y una colchoneta, en el garaje de la casa. Luego tomó la sala, para las terapias de fonoaudiología. Después el comedor para la terapia ocupacional… y así, poco a poco, la familia quedó reducida a un cuarto. Allí sentados en el segundo piso de su casa, recuerdan esa época. “Este piso lo construimos cuando vimos que ya no cabíamos en el primero. Yo hipotequé la casa para construirlo”, cuenta Emilia.

¿La razón? Ese era el proyecto de vida de su pequeño: “Construimos la familia alrededor de Jeison”.

Cadena de Sueños

La primera casa para la fundación la obtuvieron gracias a una carta titulada ‘Una cadena de sueños’, que enviaron al concurso de televisión ‘Tengo una ilusión’.

Las otras casas se las han ido donando empresas y amistades. Cadena de Sueños es ahora el título del libro que María Emilia escribió sobre Jeison, un chico extraordinario que ha logrado reconocimientos tales como la Cruz de Caballero del Congreso. El mensaje del libro es puntual, dice ella: “De la mano de Dios todo se puede. Con fe, Él nos ilumina el camino”.

De los primeros lectores han recibido solo agradecimientos: “El libro cambió mi forma de pensar”, dicen. Ella piensa que la gente, por cosas insignificantes, cree que se le acaba la vida. Para ella y para Jeison, la vida es un camino donde los sueños son el motor para saltar cualquier barrera.

Info: Wradio  – ElPaís.com.co

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