Buen Vivir

La Mindala Nariño que se proyectó como una utopía y encontró respuesta en el viento, el Sol, la Tierra y la Gente

La Mindala Nariño que se proyectó como una utopía y encontró respuesta en el viento, el Sol, la Tierra y la Gente

Por Luis Eduardo Calpa Delgado

Cultivando Paz: Mindala Nariño se proyectó como una utopía.  Se empieza a proyectar hace unos años, pensando en la manera de coordinar esfuerzos, generar sinergias de procesos organizativos, juntar afectos, entreverar aprendizajes, compartir confianzas robustecidas, dejar que la vida se permute en forma afirmativa en puntos comunes, desde lugares diversos donde nos depara la vida cotidiana de cambios y transformaciones acontecidos, en los territorios del sur esperanzador.

Los aconteceres son distintos de los eventos.  En las energías que nos vamos encontrando por el saber propio de campesinos e indígenas, empezamos a distinguir a quienes forjan las construcciones de sus mundos, desde aquello que les identifica, les permite reconocerse para actuar en tareas con sentido, donde se vuelcan sus realidades creativas e inéditas, anónimas, con expectativas de prácticas liberadoras y  deliberaciones colectivas.

Son acontecimientos en la cultura porque procuran volver posible la autonomía, respecto de los sentidos de vida,  cohesionados por sus múltiples raíces identitarias,  acompañadas de  valores como la solidaridad, la dignidad; sistemas de pensar, enaltecidos de profundas resistencias, los cuales se niegan a desaparecer frente a la racionalidad instrumental moderna.   Rituales, tiempos de labranza, preparación de la tierra, conocimientos de germinales semillas propias, cuidados de interacciones de vida, fertilización, técnicas de labranza, arreglos culturales y armonización de las mismas, cosecha y cuidado.

El acontecimiento es una celebración y ritual.   Los rituales colectivos enaltecen un conjunto de palabras que superan su significado,  se comparten y precisan de las esencias espirituales con los participantes.   Se tejen nexos y lazos de afectos en una prueba de infinita generosidad, del amor entre las mujeres y hombres, quienes cultivan paz desde sus historias milenarias.   Llegaron para compartir, son grupos de mujeres y hombres, que se dan cita para rituales concertados y vivencias de múltiples mitos fundantes.   Los mitos  de dignidad en el caso campesino, de autonomía y solidaridad en ellos y en los grupos indígenas. Sentimos en la Mindala Nariño la alegría de quienes llegaron desde lugares distintos: la frontera con Ecuador, la tierra de los Volcanes sagrados del Nudo de los Pastos, el Guaico del piedemonte (Samaniego y Guachavez),  los municipios de zona de Nina Urco[1], la poderosa fuerza de los grupos fundantes de la pastoral de la tierra de municipios del norte y centro del departamento, los colectivos autogestionarios de San Juan, Ipiales, Cumbal, Yaramal, Panam y Pastas. La preparación de sus canastas de soberanía han tomado tiempos extensos, les imprimen carisma, cariño, afecto para el intercambio y el encuentro, superando la inmediatez de quiénes habitamos las ciudades.   Son  atributos de nuestros visitantes: el cuidado de los productos, el  terminado de sus empaques, las concurrencias inesperadas, los afectos puestos en su cuidado desde labranzas y surcos de agua, tierra y energía de sus fincas y shagras.

Con las canastas, llega la idea de la cultura, en cestería, en formas de pensamiento complejo, con el trabajo en fibras naturales, son tejidos en matemáticas que fungen como nodos de las complejas urdimbres de amistad y cohesión social.  Puntos que acercan, hilos que aproximan el calor energético de soles transformados en tubérculos andinos, variedades de maíz, de plátanos, de cereales, plantas aromáticas, en la diversidad de sabores y colores de los frutos de tierra cálida, templada y fría, sumadas con el abrigo de las mujeres y hombres quienes cultivan paz, quienes dotan a la ciudadanía de los bienes y derechos alimentarios.

Esa variedad es riqueza, es el punto que nos propone desafíos: Los patrimonios territoriales de diversidad agroalimentaria del mundo y nuestra región.   Avanzamos en la medida, que reconozcamos quiénes son sus titulares y  protagonistas,  con rostros de sapiencia representados en la memoria de mujeres y hombres, quienes deberían resultar reconocidos en los derechos hasta ahora inéditos del patrimonio agroalimentario global y recompensados por su generosidad y sentido estratégico de protección de la vida y la diversidad.  En tanto la visión del consumismo occidental solo incorpora valor a falsos satisfactores, los territorios campesinos e indígenas se atreven a recuperar y crear  existencia, desde la diversidad en el espacio-tiempo de sus entornos queridos, con alimentos, prácticas culturales, conocimientos y sistemas de pensamiento, los cuales a su vez, expresan nuevos derechos y autonomía alimentaria.

Sin embargo, nadie espera un anuncio de reconocimiento.   La autogestión y el trabajo van a proponer en Colombia la idea pionera: Fortalecer como patrimonio integro, de carácter cultural los saberes y la diversidad agroalimentaria en el sur colombiano.    Pionera en su recuperación por sus protagonistas (campesinos e indígenas organizados), con su capacidad de crear las condiciones para otras interacciones, capaz de tejer nexos con las ciudades, en circuitos solidarios de relaciones justas. Es el protagonismo de las familias del campo quienes cultivan la tierra, conocen sus profundos secretos, manejan con cuidado los calendarios agrarios, pueden encontrar salidas creativas frente a la variabilidad del clima, reconocen las propiedades de plantas y alimentos, saben de labranza además de los pasos de una cultura técnica agroecológica, acogen con  afecto interacciones con las energías presentes de tierra, agua, semillas propias, labores de cultivo, seres mitológicos presentes en sus territorios, cultivados y cuidados;  procurando en ellas trenzas de relaciones sociales y riqueza de bienes  naturales, en  multicolores formas, sabores fragantes y exóticos, acompañados de energías vibrantes y saberes.

La paz territorial consiste en cuidar la vida,  desencadenar unas acciones donde prime una biología del amor.   Cuando ello acontece aparece otra manera de reconocer y valorar lo sensible, los avances y riquezas de las armonías existentes en frutos, plantas, sintientes animales, procesos de autogestión, formas de articular los productos de fincas y chagras.

La paz territorial debe favorecer y enaltecer la autonomía de personas, familias y colectivos humanos.   Autonomía que se despliega en la medida que aprendemos a dar sentido a la misión de reglas concertadas de nuestros planes de vida personal, familiares y colectivos.   Realizaciones que acercan las visones del buen vivir, descubriendo nuevos referentes de bienestar, alimentando la autogestión,  consolidando el tejido social comunitario,  reconstruyendo el patrimonio simbólico y vitalizando los sentidos de humanidad y solidaridad.

La paz territorial tiene sello de jóvenes, mujeres, sabedores y nuevos protagonistas del cambio en los territorios.   A dichos nuevos actores no les angustia el protagonismo del poder, son el abrazo con sentido, son personas dispuestas con la generosidad, se sienten conmovidos por el abrazo y la presencia de los otros diversos.  Son agentes de cambios colectivos.

La paz territorial tiene un alma profunda de manifestaciones espirituales y culturales.  Se expresa en redes manifiestas y potenciales, quienes tendrán que ver con recuperar la capacidad de gestión social del conocimiento, impregnar  y colocar la economía en su debido lugar, generar nuevos espacios donde se realice la solidaridad y  trabaja en forma incansable por la reconciliación y la verdad.

Reconciliar desde las organizaciones y territorios implica generosidad y lugares para el otro y lo otro.   El otro representado en tratar las diferencias, manejo de conflictos, tensiones que deben manejar, puentes territoriales y sociales donde sea posible habitar en convivencia, sin violencias, ni descalificaciones.

Reconciliar es trabajar por una cultura de vida.   La vida enaltecida,  creativa, sin apegos e imposiciones de poder.   Digna de plantear los desafíos y potencialidades a las niñas y niños y sus nuevas generaciones, digna en descubrimiento de las capacidades locales, en sus conocimientos cuidados, en la cultura de paz. Reconciliar es poner en el centro una revisión de éticas prácticas y la espiritualidad.   Los procesos juntos en Cultivando Paz: reconocen el valor de respeto por  la trascendencia, por la vida en intimidad donde la creación se reconoce como una energía transformadora de las relaciones humanas en solidaridad, donde la alegría se impone desde una cultura viva, en la cual nos encontramos para generar otros mundos posibles.

Continuaran los procesos convocados preparando, mejores intercambios,  trazando la gestión de redes novedosas, fortaleciendo las experiencias creativas y avanzando en la gestión del conocimiento de los territorios para enaltecerlos, quererlos y proyectarlos en dignidad.

CULTIVANDO PAZ: MINDALA NARIÑO.

AGRADECEMOS El APOYO SOLIDARIO CON  CAMPESINOS  E INDIGENAS DE LOS PROCESOS DE LA PASTORAL DE LA TIERRA, DE LAS INICIATIVAS ACOMPAÑADOS POR “CONSTUYENDO PAZ CON EQUIDAD DESDE NARIÑO” CINEP, SEPASVI, ACCION CONTRA EL HAMBRE, AGRO-MINDALAE, PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTOS, LAS ASOCIACIONES AUTOGESTIONARIAS DE LOS RESGUARDOS DE CUMBAL, PANAM, SAN JUAN, IPIALES, YARAMAL Y PASTAS; así como el apoyo de Sembrando Paz, Comisión Reconciliación y Paz Nariño, Colectivo del Sindicato de Maestros de Nariño, Morada Sur, Inem de Pasto, Scout de Pasto, Nariño.info, Kumpaña Gitana-room de Pasto, Coemprender,  amigas y amigos solidarios y constructores de paz territorial. 

Imágenes: César Ibarra.

OCTUBRE DE 2016

Luis Eduardo Calpa Delgado

[1] Volcán Galeras.

Recuerde visitar otras secciones y publicaciones de nuestro sitio. Le agradeceríamos que comparta los artículos para que más personas puedan leerlos. Le invitamos para que mire el siguiente video que es de vital importancia para todos:

To Top